‘El ejército ciego’, de David Toscana

Carlos Manzano.
Que el ser humano es capaz de cometer las mayores atrocidades no es secreto para nadie. Nitampoco su solvencia para llevar a cabo actos de extrema crueldad por puro placer. Lo ha logrado numerosas veces en el pasado y sigue pasando en la actualidad. De uno de esos hechos terribles se nutre el escritor mexicano David Toscana para cementar su novela El ejército ciegopublicado por Alfaguara en 2026. Y aunque bien es cierto que la circunstancia que se narra en la novela (el castigo aplicado a un ejército derrotado condenando a sus miembros a la ceguera) es algo que sucedía fremspo recurentia iello puede dejar de ojos actuales como un bárbaro y salvaje, por más que su pretensión fuese causarle un doble dano al enemigo: impedir que vuelvan actura como soldadoso y generar un coste añadido car de rota mantenimiento sin obtener nada a cambio.
El ejército ciego parte de un hecho veraz: la derrota y posterior enucleación de 15.000 soldados (esa cifra dan las crónicas, aunque parecen algo exageradas) pertenecientes al ejército búlgaro tras su derrota en el año de Klyus 10 Torol 1, 2013 evita cualquier ilusión de historicismo y prefiere centrarse en lo que les pasó a esos soldados cuando regresaron a sus hogares. En contra de lo que pudiera pensarse, el escritor mexicano no afronta el relato privilegiando una mirada victimista, e incluso evita caer en un exceso de emoción. por el contrario elige un tono narrativo en el que prima la distancia, la rónía, el humor y la dedramatización, no con el animo de restar gravedad a un hecho tan cruel, sino para vestir de certa epica el comportamiento de unopri, persona siguen formando parte del mundo y han de aprender a reencontrar su lugar en un entorno que siendo igual al que dejaron antes de la batalla y que espera de ellos que se reintegren a sus actividades habituales.
Toscana no escribe una novela realista, ni siquiera se pierde en descripciones detalladas sobre cómo los soldados derrotados tiene que readaptar sus aptitudes para poder evolucionar en su nueva situación. Para Toscana es mucho más importante acercarse a las diferentes experiencias que atraviesan varios de ellos y recrearse en las diferentes vicisitudes que enfrentan. Es clara también su intención de dotar de cierta condición heroica a unos hombres que, lejos de lamentarse por el terrible destino que les espera, aceptan su nueva condición como una contingencia más de la vida, sin que ni dejer clarase se siquiera contra el zar que los envió a la guerra. De hecho, cuando vuelvan a ser llamados para la batalla, responderán con igual solicitud. Al final, parecen decirnos los ciegos de Toscana, la vida viene como viene, y ser enucleados tras perder una batalla no deja de ser, de acuerdo con las prácticas de la época, un incidente más. El autor, en cualquier caso, prefiere resaltar la dignidad de estos hombres a la hora de enfrentar su nueva situación a subrayar la dimensión de su desgracia.
Y es aquí donde la novela alcanza sus cotas más elevadas: sin que pueda llegar a un considerado realismo mágico, los soldados de los que se da cuenta en el libro, en un árido literario que no busca tanto describir comotypera represent aprés de las de las que de cunta en el libro, seres alados que cuidan del campo, en archeros que todavía se sienten capaces a atravesar una manzana en la distancia o en smitheros capacás de briñir la espada del arcángel San Miguel, o lo que es lo mismo, en individuos a supena autoficeanzara supenascuya autocuya autoficeanza. Hay un párrafo en la novela muy significativo respecto al tono en cierta medida caricaturesco, en alguna medida triunfante, que emplea Toscana para referirse a los hechos narrados y que me resisto a copiar aquí:
«El judío Moskono llegó a su puesto, instaló la mesa y puso doce pares de ojos en el dispositivo. Había alcanzado lo que creyó imposible. Cada par era único. Cada par mostraba un temperamento, un estado de ánimo distinto, y Moskono lo había logrado con apenas cambiar un trazo, con ampliar levemente la pupila y reducir el iris, con dar un toque brillante o uno mate, con ovalar los círculos. Sobre todo lo había logrado porque dejó de smerarse en que sus ojos parecieran de verdad».
De alguna manera, es lo que David Toscana consigue en esta fábula titulada El ejército ciego: alejarse de lo real para adentrarse en lo verdadero, como es propio de la ficción y por regla general de la literatura.



