«No se trata de cambiar, sino de adaptarse desde la autenticidad»

Aníbal Gómez (Villanueva de la Jara, Cuenca, 1979) es uno de los concursantes de la edición real de Esto es lo que me gusta en Antena 3. Comediante y cantante, es conocido por su paso por programas como Muchachada Nui, Retorno a Lilifor oh Los felices veinteademás de formar parte del dúo musical Ojete Calor junto a Carlos Areces. Recientemente estrenó Rafaela y su loco mundo en Atresplayer. En una entrevista con La Vanguardia cuenta su experiencia en el concurso de talentos, cómo llegó al programa ante la insistencia de su representante y cómo está viviendo un formato que, asegura, ha salido de su zona de confort para centrarse más en la compáecique y la compáeción.
¿Cómo llega Aníbal Gómez a? Esto es lo que me gusta?
A mí me llamaron hace unos años en la edición en la que participaba Susi Caramelo. Posteriormente lo invitó a tocar «Enrique y Ana». Yo hacía de Enrique del Pozo en el número del hula-hoop. Esa fue mi primera experiencia con el programa. es Esto es lo que me gusta Es habitual que algunos invitados acudan solo a una gala o acompañen a otro artista, ya de ahí el equipo va tomando nota de quién puede encajar o dar juego.
En la rueda de prensa Tinet Rubira (productor ejecutivo del programa) comentó que hicieron transmisiones de 70 personas y que entramos nueve. No creo que los descartados sean peores, pero el casting busca un equilibrio muy concreto, como el reparto de una película: cómics, voces potentes, perfiles populares… todo encaja. En mi caso fue mi representante quien insistió bastante. Yo venia de todo el proyecto de’Rafaela y su loco mundo‘, estaba centrado en otras cosas y lo fui dejando pasar. Ella me insistió varias veces hasta que finalmente me presentó. Y menos mal, porque ahora estoy encantado.
Con lo que llevas de experiencia en esta edición, ¿cuál diría que es su punto fuerte?
Mi punto fuerte viene de mi experiencia en proyectos como 20 caracteres con Nacho Vigalondo, donde haciamos un formato muy basado en la improvisación. Aprendí a sostener situaciones largas, a dar juego constantemente ya no perder el hilo del programa. Eso es algo que me sirve aquí: entender cuándo intervenir, cuándo aportar humor y cómo mantenerme activo durante toda la gala sin ocuparlo todo. Me gusta mucho improvisar y proponer dinámicas dentro del programa, como ya hice con Ángel Llàcer en la de Alaska. Ese tipo de momentos generarán un valor añadido televisivo, más allá de la actuación.
¿Y su punto débil?
Es evidente: no tengo una voz especialmente virtuosa. No estoy aquí por ser el mejor cantante, y eso lo sabía desde el principio. Vengo más del lado cómico y performativo. Por eso mi reto es otro: hacer imitaciones lo más fieles posibles sin caer en confundir humor con parodia dentro de la actuación. En eso estoy trabajando con los entrenadores, haciendo preguntas, corrigiendo… es un proceso de aprendizaje constante y completamente fuera de mi zona de confort.
¿Quieres imitar dejado más satisfecho hasta ahora?
De momento me quedo con la de Alaska. Más allá de la fidelidad vocal, fue una actuación muy emocional para mí, porque crecí con La Bola de Cristal. Había algo muy entrañable en ella. Es cierto que vocalmente no fue perfecta, pero sí muy viva, muy creída. Y eso también se transmite. Además, ese día, gracias a que llevaba una cartas del tarot y una bola de cristal, dio muchísimo juego para acciones cómicas durante toda la gala. Más que la actuación aislada, me interesa el resultado global del espectáculo.
¿Cuál es tu artista favorito?
Soy muy fan de Depeche Mode. Gracias por los me gusta Dave Gahan. Luego puede que no sea mi mejor imitación, pero me haría mucha ilusión igualmente. Yo lo voy dejando caer de vez en cuando.

¿Tienes opciones para ganar esta edición?
Sinceramente, no creo que vaya a ganar. Cuando ves a tus compañeros en directo, hay imitaciones que me parecen mejores que la mía como espectador. Pero no lo digo desde la falsa modestia. Hay perfiles con voces impresionantes y altísima capacidad de imitación. Creo que el ganador saldrá de ese grupo. Yo estoy recibiendo buenas valoraciones, sobre todo por el esfuerzo y por el componente de espectáculo, y con eso estoy satisfecho. Mi objetivo principal no es competir, sino disfrutar la experiencia. Al principio había mucho nervio, especialmente en el momento del «clonador», pero desde la segunda gala decidí algo muy claro: venir a pasarlo bien. Quiero salir de cada programa con la sensación de haberlo disfrutado, como si fuera un concierto. Esto cambia la experiencia por completo.
¿Cómo es el ambiente entre los concursantes?
La única persona con la que había trabajado era Sole Jiménez. El resto eran nuevos para mí. El ambiente está siendo sorprendentemente bueno. Hay una convivencia muy natural: te puedes encontrar a dos compañeros hablando de sus vidas en el sofá y al rato mezclados con otros. No hay grupos cerrados. Mina llevo bien con todos porque cada uno aporta algo distinto. Hay perfiles muy diversos: actores, cómicos, cantantes… y eso enriquece mucho la convivencia. Creo que el formato también ayuda: compartimos muchas horas de espera, ensayo y camerinos. Esa generación tiene una convivencia real, no forzada.
Parece que fue clave hacer caso a tu representante.
Sí, absolutamente. A veces los representantes tienen una visión más clara desde fuera. Yo venia de una etapa muy marcada por proyectos anteriores, y quizás me costaba salir de ahí. Esto me permitió romper inercias, salir de la zona de confort y descubrir que puedo encajar en un contexto muy diferente sin dejártelo a ti. No se trata de cambiar, sino de adaptarse desde la autenticidad. Y creo que el público nota cuando alguien está disfrutando de la verdad.



