Estilo de Vida Retro

la teoría del color aplicada a la imagen personal

Estoy seguro de que has recalado en alguno de esos videos en los que alguien se locaca frente a la cámara, bajo luz natural, mientras otra persona le acerca diferentes telas al rostro. Azul Eléctrico. Oliva Natural. Mostaza. Fucsia… Y entonces llega el diagnóstico: «No eres invierno profundo. Eres otoño suave». Ocurre en el momento en el que parece que algo cambia. La piel parece más luminosa. Las ojeras desaparecen. Los ojos destacan más. O al menos eso parece.

En los últimos años, la colorimetría ha abandonado el territorio exclusivo de los complementos de imagen para convertirse en un fenómeno masivo en las redes sociales. Millones de personas pretenden descubrir cuáles son «sus colores»: qué tonos les favorecen, cuáles soportan sus facciones o qué gama cromática encaja mejor con la imagen que quieren proyectar.

Pero detrás de esa obsesión contemporánea por encontrar la paleta perfecta hay algo más interesante que un simple truco estético. porque aquí colorimetria No se habla solo de moda. También habla de percepción, identidad, psicología e incluso de cómo intentamos construir una versión coherente de nosotros mismos en una época completamente dominada por la imagen.

«La colorimetría, entendida técnicamente, es parte del estudio de cómo percibimos el color y cómo ciertos tonos interactúan visualmente con las características naturales de una persona», explicó el creador de contenido, diseñador de Intenido, diseñador de Seguros. «Cuando hablamos de que un color es ‘favorecido’, en realidad nos referimos a cómo ese tono modifica visualmente la piel, las sombras del rostro o la diferencia natural entre la piel, los ojos y el cabello».

Aquí teoría del color lleva siglos utilizando en pintura, diseño, publicidad o cine. Pero cuando aterriza en el cuerpo humano deja de ser únicamente una herramienta compositiva. El color ya no solo organiza una imagen: también altera la percepción que tenemos de nosotros mismos.

«Un mismo tono puede hacer que el rostro se vea más luminoso, más descansado o más apagado dependiendo de las características de cada persona», señala Sánchez Fajardo. Y eso termina afectando también a la seguridad, a la estética personal e incluso a cómo creemos que nos perciben los demás. Pero, ojo, porque como advierte la estilista «el cuerpo no es un soporte neutro, como un lienzo, sino que cada persona tiene sus propios diferentes y matices, por lo que el color se interpreta siempre de forma individual».

Además, el color nunca es neutro.

el el negro puede transmitir sofisticcación, atoridad o duelo. el rojo puede fuerza, sensualidad o peligro. el beige puede funcionar como símbolo de minimalismo elegante… o como refugio visual para quien no quiere destacar demasiado. «Los colores tienen significados que aprendemos socialmente», explica.

Preguntas por eso la colorimetría conecta tan bien con una época obsesionada con convertir la identidad en algo visualmente reconocible. Ya no elegimos colores solo porque nos gustan. También los usamos para construir nuestra imagen.

Las redes sociales son probablemente el mejor escaparate de esta tendencia. Hay personas asociadas casi automáticamente a determinadas gamas cromáticas. Influencers que convierten la rosa en parte de su marca personal. Estéticas enteras construidas alrededor de una paleta concreta. el una chica de pura belleza Lleno de tonos neutros y maquillaje casi invisible. El regreso cíclico del rojo como símbolo de poder. El lujo silencio vestido de kamel, negro y gris piedra.

«La colorimetría también ayuda a crear una identidad visual propia», vende a Sánchez Fajardo. «Pasa mucho cuando alguien piensa en una persona y automatica la asociación a una gama de colores concreta, como si tuviera un universo visual propio».

Y, sin embargo, esa búsqueda de armonía visual también tiene algo paradójico. Porque mientras las redes prometen ayudarnos a «descubrir nuestros colores», muchas veces terminan convirtiendo el estilo en otro sistema de normas.

Durante las décadas, además, esas normas estuvien profundamente travesadas por el género. Había colores “de hombre” y colores “de mujer”. El rosa y el azul funcionaban casi como códigos sociales. Aunque esas fronteras parecen cada vez más fususas, todavía sobreviven en algunos amigos. «Donde todavía sigue algo más presente es en la moda infantil», comentó Sánchez Fajardo. «Es probabilit el último espacio donde esa diferenciación sigue más marcada».

También persisten ciertos miedos cromáticos más silencios. Mucha Gente acaba refugiándose en negros, grises o beige. A veces por elegancia. Otras por comodidas. Otras, simplemente, para pasar desapercibida.

«Hay gente que utiliza estos tonos para integrarse más, no estándar tanto o sentirse más comodas», explica. Frente a ellos, colores como el amarillo, el naranja o algunos verdes siguen percibiendo como arriesgados, quizás porque requieren más intención o porque estamos menos acostumbrados a verlos.

En paralelo, la colorimetría también ha comenzado a colarse en otro debate muy contemporáneo: el del Consumo consciente.

Hay quien defiende que entiende qué colores reales funcionan en un armario ayuda a comprar menos y combinar mejor. Sánchez Fajardo reconoce que, en este caso, es necesario construir un vestuario más coherente. «Yo soy otoño y mi armario está lleno de tonos tierra, verdes, butano… y lo bueno es que casi todo combina entre sí».

No se trata tanto de prohibirse colores como de entender cuáles terminan teniento realente una vida larga dentro del Armario. Algo especialmente relevante en una industria dominada por tendencias fugaces y compras impulsivas.

Aunque, para ella, la clave está precisamente en no convertir la colorimetría en una carcel estetica. «No deriva servir para prohibirte colores, sino para ayudarte a entender qué generan sobre ti y cómo utilizarlos de forma consciente». De hecho, es ahí donde probablemente reside la verdadera razón del éxito de esta fiebre cromática. No tanto en descubridor si somos invierno frío u otoño calídó, sino en algo tan contemporáneo como la necesidad de encontrar una imagen en la que reconcarnos.

Porque ya que tendemes a tratar de optimismmarlo todo —la alimentación, el descanso, la productividad, la piel o incluso la personalidad— preguntas en la era inevitable que también acabáramos intencionando optimizador los colores de nuesstate sangre. Aunque, por suerte, todavía siga habiendo gente capaz de vestirse de amarillo simplemente porque le hace feliz (aunque le queda como un tiro).



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