Estilo de Vida Retro

Reset, la nueva entrega de Getxophoto en 2026

Algunos gestos no parecen nada hasta que alguien decide mirarlos con suficiente paciencia. Siéntese dentro de un automóvil mientras ingresa a un túnel de lavado. Esperar en silencio a que el agua golpee el cristal, a que la espuma borre durante unos segundos la idea de exterior. O permaneran inmóvil mientras alguien te corta el pelo, como si en ese pequeño ritual cotidiano se estuviera jugando algo más serio que la higiene o la estética. Acciones mínimas, repetidas millones de veces cada día, que, sin embargo, contienen una especie de umbral invisible: no son todavía transformación, pero ya han dejado de ser continuidad.

Es en ese espacio intermedio -ni antes ni después-donde dos artistas presentan en la presente edición de getxofoto han situado su mirada. la fiesta el 20 aniversario del 28 año de mayo al 26 de junio bajo el lema RESET. Y propone precisamente eso: pensar qué significa reiniciar en un mundo donde nada se borra del tododonde todo deja rastro, aunque sea débil, en alguna parte de la memoria.

Porque el reset contemporáneo rara vez es absoluto. A diferencia de la promesa tecnológica (ese botón que supuestamente reinicia todo), la experiencia humana parece funcionar más como una acumulación de capas. Algo se interrumpe, algo se reorganiza, pero nada desaparece del todo. Y quizás por eso estas imágenes interesan tanto: porque no muestran grandes rupturas, sino pequeñas modulaciones de identidad.

Shahram Saadat (París, 1995) encontró que umbral en un lugar poco ético: entre las esponjas que enjabonan vehículos. es su serie Por la mañanalo que en principio es un espacio funcional se transforma en una especie de cámara de suspensión. Él mismo explica que no somos parte de una idea cerrada, tenemos una intuición que se va construyendo con el tiempo: «Me interesaba encontrar un momento en la vida cotidiana en el que nos permitamos hacer una pausa sin sentirnos culpables, y deciresado mevilio una breve desconexión de todo».

© Shahram Saadat
© Shahram Saadat

Ese parón impuesto es clave. No se trata de una decisión voluntaria, sino de una detención mecánica, casi externa. Dentro del automóvil, el mundo deja de existir o minutos. No hay acción posible más allá de esperar. Y en esa espera se abre algo inesperado: una forma de interioridad por accidente. Saadat insiste en que esa transformación no fue inmediata, sino progresiva. «Estaba sentado en el coche y empezoso a parecerme algo más que un espacio funcional». el lugar deja de ser un mero dispositivo de limpieza hasta convertirse en un entorno perceptivo, casi mental.

Un túnel de lavado que funciona como un perfecto mecanismo de suspensión: repetitivo, cerrado, hipnótico. El sonido constante del agua, los reflejos cambiantes, la luz filtrada crean una experiencia que desactiva la urgencia. No hay escenario, pero tampoco es pura funcionalidad. Es algo intermedio. En su practica, Saadat no busca controlar lo que ocurre, sino generara un marco donde algo pueda emergencia. «Pienso en ello como trabajar con una estructura flexible más que con un guion fijo», repite el correo electrónico.

© Shahram Saadat
© Shahram Saadat

Este «guión flexible» permite que las personas actúen, pero no son simplemente observadas pasivamente. Algo sucede en ese intervalo: unabajada de la autoexigencia, una forma de estar sin representante. Y es en ese estado cuando aparecen las imágenes. No hay como documentos de una acción, sino como registros de una suspensión. La condensación en los cristales, la luz fragmentada, el vapor convirtieron la escena en algo ambiguo: no del todo documental, no del todo escenificado. En esa ambigüedad aparece una tensión constante: lo cotidiano contiene a la vez lo absurdo y lo contemplativo.

© Shahram Saadat
© Shahram Saadat
© Shahram Saadat

Personas inmóviles dentro de un coche mientras el agua los viaja. Nada extraordinario, pero tampoco ordinario. Saadat no resuelve esa tensión: la deja existir. Su interés, en el fondo, está en esos espacios donde la vida cotidiana se desplaza ligeramente fuera de sí misma. Algo que conecta directamente con la idea de lo liminal: los momentos intermedios en los que algo ha dejado de ser lo que era, pero todavía no ha llegado a ser otra cosa. Para el fotógrafo, no es tanto que vivamos una época especialmente liminal, sino que ahora esos momentos son más villículas porque la aceleración general los expone.

para cortar

es Federico ArandaEse tránsito ocurre en otro lugar: el rostro de un actor en el instante en que abandona su personaje. es para cortarel gesto es sencillo -un corte de pelo-, pero el contexto lo transforma en algo mucho más cargado. Este profesional suizo (nació en Ginebra en 1980, pero está afincado en Londres) foto del actor Ian McKellen en el momento en que se desprende de su caracterización de Falstaff tras una larga temporada teatral. La escena ocurre en su casa, en un entorno íntimo pero controlado visualmente.

© Federico Aranda
© Federico Aranda

Aranda continúa también lo siguiente: «Con para cortar Estaba documentando algo que ocurría rápidamente delante de mí, así que intenté no controlar demasiado lo que pasaba y dejar que sucediera en el mejor entorno posible». No se trata de dejarlo todo al azar. El fotógrafo establece condiciones muy precisas: fondo oscuro, iluminación constante, ausencia de elementos que distraigan. Todo está diseñado para que el cambio no ocurra alrededor, sino en el sujeto. Entonces, cualquier variación mínima cobra importancia. Una mirada, una expresión leve, una tensión en el rostro.

© Federico Aranda
© Federico Aranda
© Federico Aranda

De ahí su insistencia: «Enfocarse en los ojos del sujeto es crucial: ahí es donde apparacaran primero los cambios internos y donde está la verdadera historia. A diferencia de Saadat, donde la transformación se produce en el espacioaquí sucede en el cuerpo. Pero en ambos casos el interés es el mismo: observar el momento en el que algo deja de coincidir con lo mismo. El caso de McKellen también está atravesado por una historia previa. El actor había interpretado a Falstaff en una producción del West End, pero un accidente lo obligó a abandonar la obra. Aún así mantuvo su comparecencia entre semana como gesto de continuidad con el equipo. El corte de pelo funciona incluye como cierre simbólico, como una forma de salida.

© Federico Aranda
© Federico Aranda
© Federico Aranda

Y estos retratos no necesitan construir una historia: ya está ahí. Su trabajo consiste en sostenerlo visualmente sin forzarlo. Lo relevante es que, tanto en Saadat como en Aranda, el sentido no está en el evento, sino en su duración. No hay instante decisivo, sino procesos de transición. La identidad no cambia de golpe: se desliza. En este sentido, este RESET del festival no funciona como una invitación en blanco, sino más bien como una invitación interrogativa. ¿Qué significa realmente reiniciar? Las obras sugieren que no hay limpieza total posible. Cuáles son sus desplazamientos, reorganizaciones, persistencias. Para resetear, hay una, no hay que borrar el pasado: lo reconfigura.

Preguntas por eso estas imágenes resultan tan cercanas. No porque muestren situaciones extraordinarias, sino porque capturan algo que todos habitamos: instantes en los que dejamos de estar del todo en un sitio sin haber llegado aún a otro. Ese intervalo mínimo ocurre algo difícil de nombrar. No es transformación radical, ni cambio heroico, ni reinvención. Es algo más sutil: el instante en el que dejamos de sostener una versión de nosotros mismos durante unos segundos. Y puede que eso sea lo único que realmente tenemos.

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