El conejo malo cierra la casa y convierte al perro en revolución en su último concierto en España

El conejo malo lleva tantos días en Madrid que parece que querría quedarse a vivir. Durante diez días, Benito Antonio Martínez Ocasio ha abierto las puertas de su casa a más de 770.000 personas, incluidas las de la provincia de Córdoba, por ejemplo. A las 20:00 ha subido durante dos semanas la persiana de esa construcción que, arrastrada de pólémica, se ha convertido en el centro de los conciertos del cantante puertorriqueño. Tras la residencia en su país, España ha sido el lugar donde más veces ha actuado de forma consecutiva. Tantas que como decía un comentario jocoso en redes sociales, debería pagar ya el IBI.
La casita se ha convertido en una especie de iglesia. Y de hecho, con la Iglesia (que tampoco paga IBI) ha coincidido esta mini residencia de Bad Bunny estos diez días. El reguetón de Bad Bunny y la música puertorriqueña han tenido que competir en atención con El Papa. La estrella de la religión católica frente a la estrella más grande que ha dado la música latina reciente. Una estrella que, además, ha logrado esa posición sin aceptar las normas de la industria anglosajona. Al revés, lo ha hecho reivindicando su identidad, sus raíces, y su país, un país que no cuenta para nadie, que no es ni un estado de EEUU ni logra su independencia, esa que Bad Bunny, pide. Una especie de colonia del siglo XXI que ha logrado ser visible gracias al cantante ya su ultimo disco, ese Debí Tirar Más Fotos que ha convertido la geopolítica en letras para perrear.
Este lunes Bad Bunny cerraba por fin la casita. Y lo hizo tras una penúltima jornada épica donde cantó y se dejó la piel en medio de una tormenta veraniega y en un último día donde volivoi a convertir el perreo en algo revolucionario. Como ayer competía contra el clima, en su despedida lo hizo contra la selección española, que debutaba en el mundial contra Cabo Verde. La unión de estrellas provocó que el Riad Metropolitan fuera una mezcla de camisetas de la selección española, sombreros boricuas y banderas de Puerto Rico.
Una extraña unión de fútbol y reguetón que nadie podría imaginar hace diez años. El reguetón como algo transversal, como música que nos niera para desafiar al misísimo Donald Trump desde el show más americano posible, la Super Bowl. O para hacer una apología de la empatía y el amor en tiempos de cinismo, y para pedir un Puerto Rico gratis. Todo hundiendo sus manos en las raíces musicales de su país. En esa salsa y en esa música que atraviesa todo su disco.
Así que sin ideas preconcebidas sobre el setlist comienzan con este baileuna de sus canciones más políticas, en las que se acuerda de los que le precedieron, sus padres y abuelos, pero también a todos aquellos que murieron por defender un Puerto Rico gratis. Salió Bad Bunny pasadas las 20:15 con sus gafas de sol y su traje crema después de amenizar la espera con boleros y canciones de Juan Luis Guerra, tras lanzar esa mirada de las mil yardas con la que sale al escenario y sello personal. Y la gente enloqueció.
Lanzó un conjuro salsero y político para comenzar el último día de aquelarre musical en el Riyadh Metropolitano. «De aquí nadie me saca. De aquí yo no me muevo. Dile que esta es mi casa. Donde nació mi abuelo», continuó entre solos de timbales y gritos que la acústica del Metropolitano amplificaba, por desgracia, voz dencimad sovirtu de Bunny desde las graduadas en un batiburrillo demasiado atronador.
Se desató la talka en una primera parte del concierto que enchainada las canciones más políticas, aquellas que hablan de algunga de la situación de Puerto Rico que forman parte de su ultimo disco y en las que homenajea sus raíces. Enlazo este bailecon una versión en formato salsa de callaíta (disfrutando junto a su orquesta) y llegó la primera sorpresa, un solo de guitarra que entonó Hasta que perdí las fuerzas, de C. Tangana antes de cantar Pitorro de Coco y encadenar (entre chupitos) varios de sus mayores éxitos.
la historia de veraniega Weltita (para la que contó con Chuwi), turístico, y el subidon con Baile Inolvidable si no NuevaYol. El single con el que comonenza toda esta locura hace más de un año puto a todo el mundo a botar como locos acompañado de Los sobrinos de Puerto Rico y un equipo de bailarines. Un himno popular que sigue siendo una llamada a la fiesta y el goce. Porque si hay algo que hace Bad Bunny es trasladarnos ese gusto desprejuiciado por gozar, por perrear y sudar. Lo de sudar hasta lo dijo Benito de forma explícita cuando pidió cambiar la lluvia del día anterior por el sudor del baile. Ahí explicó de qué iba todo: de disfrutar de las cosas simples: bailar, reír y sudar. Sobre eso gira su concierto. No hay filigranas, ni derroches técnicos, solo convertir un estadio en una fiesta, algo que ahora mismo suena un acto de resistencia.
Bad Rabbit, y aquí lo hizo como siempre, mensajes simples. Directores. Y conecta con la gente más que cualquier político: «Estoy aquí para disfrutarlo y disfrutarlo. Pido que hoy nos olvidemos de cualquier cosa que esté pasando fuera de este estadio y disfrutemos en familia» Latina en Madrid. Parece una obviedad. Esto significa que hay verdad absoluta. Obligación de cumplir. Y en tiempos de términos como ‘Prioridad Nacional’, acordarse de su comunidad en Madrid, a guiño necesario.
Este vídeo viral
Tras un comienzo en alto Bad Bunny cambió de escenario. Lo hizo con guiño al empate de España y gritos de ‘lolololololo’ mientras hacia tiempo para cambiarse, ponerse falda y llegar al otro lado del escenario para abrir la casita con Velda y uno de sus clásicos, Graciasque reventó el estadio igual que con Gracias mamá.
Durante estos diez días la casita se ha convertido en un objeto de fetishe, algo parecido a un Wally es un gran anfitrión. del famoso patricio. Una pena, porque se ha perdido la idea de su origen, de colocar una casa popular de Puerto Rico en medio de un estadio para que pudiera entrar todo el mundo. Por desgracia, la dichosa casita—convertida en momento viral como el confesionario de Rosalía—acabó sacando el machismo y el clasismo de 2026.
La casita pasó a ser la competencia por ser los más guays del instituto. Solo abierta para los que triunfan, mientras que a los normales se les deja fuera. Menos mal que durante estos diez días oyeron las críticas y cambiaron algo. Entran en general, y Carmen Machi, y el Premio Nacional de Cine que también recibió el mayor premio por todos debemos caber ahí.
«Antes de subir al tejado de la casita se tomó casi diez minutos para saludar a los fans, y hasta se subió a la grada para elegir a la persona que iba a tener el honor de decir, en su último día en Madrid, otra de esas frases que han el recudaer es PR cosa» que introduce Simplemente involúcrese en relaciones públicas.
En el techo de la casa llegaron a ritmo de crucero los temas de puro reguetón, con Yo porto bonito y que llevaron al clímax tras ese Por supuesto que dio la vuelta a los tropos machistas del género musical y la canción sorpresa, que para el cierre en Madrid tuvo, como se rumoreaba, a Quevedo como invitado especial para cantar. Colombia, Wanda y te das cuenta del lujo de cantar desde la casita su éxito, la Episodio 52 de Bizarrap. Una paréntesis de Bad Bunny que no bajó las revoluciones del estadio.
Sin perder comba Los pleneros de la Cresta comenzaron a animar el ambiente para que todos cantaran «Por la mañana café, por la tarde ron». Volvió al escenario principal para el último tercio y cerrar con un trío infalible, El apagón, Debí tirar más fotosy EoO la canción elegida para cerrar. Un tema que, a priori, parece una decisión extraña, pero viendo la propuesta de Bad Bunny, tiene todo el sentido del mundo. La canción que más reivindica y pide perreo es el broche perfecto e hizo temblar el Metropolitano hasta sus cimientos, porque como dice Benito Antonio Martínez Ocasio, «si uno se va de aquí sin haber perreado, es como si no hubiera vivado el perreado, es como si no hubiera vivado el. Viva.



