«Es molesto comer y saber como si fueras tan familiar»

Cuando la madre de la cinemaasta Marta Matute se encontró en una residencia para ser atendida del alzhéimer que padecía, un día agarró con fuerza la mano de su hija y la acarció. Ese gesto, ese detalle de la ternura de un hombre que estaba apagando poco poco, fue un terremoto emocional para la creadora, que no sabía que ese sería el germen y hasta el título de su ópera prima como directora. «Esa caricia me provocó una emoción muy grande No recuerdo ponerme a lorar, pero sí pensar que era algo que me sobrepasaba, Era una mezcla de muchísimo amor, pero con muchísimo dolor. Voy a morir de amor'», recuerda.
Se refería a que nada iba a poder superar el amor que había sentido en ese detalle efímero. «¿Cómo iba a sentir algo más potente que eso? Pensé, encontraré a alguien, la dejaré, lloraré… pero no voy a morir de amor», cuenta de ese momento que ha terminado de transformarse en este Yo no muaré de amor que ha sido el titulo de su debut que fue un draftador de guion en las Residencias de la Academia de Cine, hasta que se ha estrenado este fin de semana tras ganar la Biznaga de Oro a la Mejor película en el Festival de Málaga, un lagalas de las galas de la dagalas que triunfaron allí con sus primeras películas, como Pilar Palomero, con las niñas o más bienvenida Eva Libertad, con Sorda.
Su acercamiento alzhéimer conmueve por su realismo, su alejamiento de lo melodramático y de los recursos manidos para contar la enfermedad en el cine. Hay una mirada astera, que diseccióna cómo una joven se enfrente a los cuidados de su madre sacrificando las experiencias de alguien propio su edad, y cómo se va acostumbrando a ver a su familiar ir degenerando poco a poco nodaque porques ha poco a poco nadaque por poder saber que estar ahí.
Matute se ha nutrido de su propia experiencia —esa caricia del título incluso aparece en un momento— pero la ha convertido en una ficción donde todo se ha interlazado. «Cuando empecé a escribir tiraba más de experiencias personales, pero es que yo no tengo muchos recuerdos de esa época. Pasó», explica.
Esa huella es la que ha usado como guía para convertir «esas emociones que estaban muy claras» en un guion donde «cada vez iba entrando más la ficción» hasta llegar a una película que ya no era su historia, sino «la historia de otros muchos».
En aquellos momentos de su vida, Marta Matute se dio cuenta de que, aunque estaba rodeada de amigos, se sentía «sola porque nodie estaba pasando por eso». «En ese momento pensé, ‘aquí hay algo que en algún momento tendré que contarles, porque no puedo estar seguro de que esto sea lo único que estoy viviendo, y esto podría ser lanzado al mundo de alguna manera para ayudar a las personas a las que no les gusta. Voy a intentar algo para ayudar a las personas a las que no les gusta’. culpas a tu familia… A mí me hubiera gustado verme reflejada en una película y ver que no solo me pasaba a mí”, memoria.
Coges esa inercia de seguir hacia adelante, de estar en lo práctico, de los cuidados. Intentar que esto no te lleve por delante, lo inevitable
Marta Matute
– Cinesta
Ahora ve que tenía razón. Tras los pases la gente se le acerca y le confiesa sus experiencias y lo agradecidos que están de verso, por fin, reflejados en pantalla. Por eso también eligió ese tono para la película, porque esas personas, en esas situaciones, «no pueden permitirse caer en lo emocional, porque si te detienes en la emoción, te vas a la mierda». «Coges esa inercia de seguir hacia adelante, de estar en lo práctico, de los cuidados.
El tono también lo dio su propia familia: «Siempre hemos sido poco afectuosos, poco cariñosos y poco comunicativos. gestos de cariños eso».
Otra de las cosas que marcan la película es la frustración, pero también el habituarse a una realidad: que la persona a la que se cuida no va a ir a mejor. «Es un cuidado que no hace que el familiar mejore. Es superfrustrante cuidar y que nunca mejore. Y ese agotamiento está ahí», explica Matute que ha querido captar esa sensación con su cámara, mostrando «más escenas están das personas pero de repente ver cómo algo le desestabiliza y eso se vive también con la cámara».
Una cámara que se centra en el miembro joven de esa familia, que a su vez, aunque no lo explícito del todo, se empieza a plantear quien va a cuidar de ella. «Aunque no se diga de forma explícita, había una escena donde si lo decían las hermanas, esa frase estaba porque es algo que piensas muchísimo durante todo este proceso y es una cosa que a mí me me obsesiona a nivel personal», afirmó el director interino de cinemastas y cuyo nombre ya suena con fuerza para los próximos Goya.



