Estilo de Vida Retro

la necesidad de escribir espacio

Durante siglos, escribir a mano fue una herramienta básica para aprender, comunicar y también pensar. Hoy que contamos con otras muchas alternativas digitales, la escritura manual sigue jugando un papel fundamental en nuestra sociedad, aunque no seamos conscientes de ello.

Ese es el punto de partida de Itinerarios de Caligrafía / Kaligrafía Irúteak (ICKI)un festival que no se plantea como una defensa nostálgica del papel frente a la pantalla, sino como un espacio de reflexión sobre cómo queremos relacionarnos con el lenguaje en el presente. «Lo que me impulsó fue you pregunta: ¿qué lugar ocupa -y que lugar queremos que ocupe- la escritura a mano y la caligrafía en nuestra sociedad real?», explica su impulsora, Sonia Beroiz.

La pregunta surge, dice, «al observar varias situaciones que están sucediendo solapadamente». Entre ellas, la digitalización acelerada de las escuelas, la hiperconexión constante la pérdida de atención sostenida. Frente a eso, la evidencia científica empieza a señalar algo que durante años se dio por sentado: que escribir a mano no es solo un medio, sino un proceso que activa el pensamiento, la memoria y la creativati.

Mucho más que una técnica

Lejos de reducirse a una disciplina estética oa una habilidad artesanal, la caligrafía aparece aquí como un territorio híbrido. «Es todo eso, y mucho más», dice Beroiz. «En un mundo dominado por las pantallas, escribir con la mano puede convertirse en un gesto de resistencia, un acto casi subversivo. Un espacio íntimo donde encontrarnos con nosotras y nosotros mismos».

La respuesta proviene de herramienta concreta: pedagógica, terapéutica, artística. «Puede funcionar como apoyo en trastornos del aprendizaje o en procesos asociados a enfermedades neurodegenerativas», señala. Y, al miso tiempo, sigue siendo la base invisible de buena parte de la cultura visual contemporánea: «La tipografía digital es directa heredera de la caligrafía».

De ahí que el festival No hay oposición entre manual y digital.sino una convivencia. «No se trata de elegir entre papel o pantalla, sino de entender como pueden complementarse».

Lo que se pierde cuando dejamos de escribir

El riesgo de abandonar la escritura manuscrita no tiene tanto que ver con la pérdida de una técnica como con algo más profundo. «Lo que está en juego es sólo una técnica, tenemos una capacidad básica de autonomía, organización y comunicación», apunta Beroiz.

Recuerda, por ejemplo, el testimonio de un participante en el festival que vivió un apagón prolongado: sin electricidad ni dispositivos, la comunidad tuvo que reorganizarse vía sistemas escritos a mano. «El lenguaje escrito volivoi a convertivo en una erilla esencial para coordinarse, transmitir información y sustentar la vida cotidiana».

Pero incluso en contextos menos extremos, la pérdida es tangible: «Perdemos la capacidad de concentrarnos durante más tiempo, de organizar el pensamiento de forma pausada, de recordar mejor la información o de generar un espacio mádescu ílntique elntique.

Itinerarios de Caligrafía

Escribir también es identidad

La escritura a mano atraviesa más dimensiones de las que solemos percibir. Tiene algo que ver con la memoria –como herramienta histórica para la transmisión de conocimientos–, con la educación –como uno de los primeros sistemas de organización del pensamiento– y también con la identidad.

«Nuestra letra es una forma de expresión personal y de construcción Cultura compartida —explica Beroiz—. Reconocemos la letra de una determinada persona incluso sin ver su número, pero también identificamos una época o una cultura a través de las formas de escritura».

Esta dimensión cultural es una de las claves del festival, que reivindica caligrafía como patrimonio inmaterial y como práctica viva. «No se trata solo de hablar de patrimonio, sino de conectar generaciones y tender puentes entre tradición e innovación».

Un festival como recorrido

El propio nombre del proyecto—Itinerarios—apunta a esa idea de tránsito. El programa se articula en torno a cuatro ejes: la covivencia entre alfabetización digital y analógica, la didáctica de la escritura, su impacto en el desarrollo humano y su dimensión artística y expresiva.

A partir de ahí, el festival se despliega en múltiples formatos: conferencias, talleres, laboratorios, paseos caligráficos o intervenciones en el espacio público. Y también en múltiples lugares. No existen aulas o museos individuales, sino espacios urbanos y rurales de Navarra.

«Llevarla al territorio es, en el fundo, devolverla a las personas -dice Beroiz-, porque nació de esa necesidad humana de comunicarse y de dejar su ulla en el tiempo».

Una comunidad que ya existe

Las conclusiones de las dos primeras ediciones confirman que el interés está lejos de ser marginal. En la primera, más de 70 personas de muy diferentes perfiles –diseño, arte, educación, bienestar– se reunieron en torno a la caligrafía. «Eso confirmó que no somos sólo una técnica, tenemos una práctica que atraviesa diferentes ámbitos de la vida».

La segunda edición ha ido más allá. «Vaya bien -afirma-. El encuentro ha confirmado, por su impacto en la salud, la educación, la identidad o la creación artística, que la caligrafía no es un gesto del pasado ni un mero ornamento. Es una práctica viva que la sociedad reconoce como necesaria».

Enter las ideas is about the emerge of that dialog, algunas funcionan casi como un manifiesto: los modelos de aprendizaje deben ser revisados, i-integrar procesos híbridos entre lo manual ne digital, de entender la escritura a mano como un ejercinte ejercerecquer i-reducir la dependencia absoluta de sistemas tecnológicos ababa.

Palabras del neurólogo manuel murierecogidas en el encuentro, escribir a mano «needa imeya actividad cerebral que teclear», lo que convertivo esta practica en una forma de entrenamiento mental a lo largo toda la vida.

Pensar con la mano

Al final, lo que plantea el festival no es tanto un reclamo por la caligrafía como una pregunta más integral sobre cómo pensamos. «El acto de escribir a mano nos devuelve el control de nuestro tiempo, la pausa, la atención y la conexión con nuestro cuerpo», resumió Beroiz.

Mientras todo a nuestro alrededor tiende a facilitarse, el gesto de escribir algo a mano propone, inclulo, otra manera de plantearse nuestra forma de vivir el día a día. «Creo que hablar de darle un nuevo significado a la caligrafía no es mirar hacia atrás, sino preguntarnos cómo puede convivir con el presente».

Y, sobre todo, cómo queremos escribir —literal y simbólicamente— lo que está por venir.

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