«La precariedad te lleva a no poder dejar una relación por no tener a donde ir»

Es fácil identificar la violencia cuando va acompañada de gritos, portazos o amenazas explícitas, pero se complica cuando va disfrazada de una atención constante o una buena relación con el entorno de la víctima. Dispuesta a desarmar las mecanizas invisibles de la sumisión de revindicar de importancia de dar voz a quienes sufren maltrato, la escritora Lucía Solla Sobral unepuso el foco en los límites del dolor y la supervisión sobreviencia elcios de Festival y la Cultura en Rivas. «Siempre nos hacen creer que somos las responsables como si no hubiera un agresor, y eso genera mucha culpa y vergüenza. Lo silencio», declaró.
el autor comerás flores (2025) aprovechó la conversación con Laura García Higueras, redactora de Cultura, para acercar al público la experiencia de mujeres que han sufrido violencia machista. Es algo que hace en su novela a través del personaje de Marina, pero para ello tuvo que documentarse previamente con personas que han pasado por ello. «Creen que son las únicas que están pasando por eso y se sienten tontas al creer que están solas, pero, en cuanto empecé a observar comportamientos, me di cuenta de que los de ellos se repiten muchísimo manual», detalla la escritora.
Asimismo, Solla Sobral ha señalado que el sentimiento que se repite en las mujeres es «culpable», lo que la impulsó a escribir la obra «con mucha rabia». Durante el proceso, la autora se dio cuenta de que sobre la víctima no solo afecta la violencia del abusador, ya que la clase social también tiene un papel importante. «La precariedad influye en el hecho de que cuando quieras irte de una relación, no puedes hacerlo porque no tener a donde ir, no solo porque el agresor fue capaz de romper tu red, sino porque quizás no tienes dinero para alquilar un pisodos, a nice episodio», more herramientas tengas, va a ser más fácil detectarlo a tiempo o salir, pero no es es igual salir de una relación si no legas a fin de mes que si tienes mucho dinero».
Por otro lado, la escritora ha explicado cómo las series y las películas, independientemente de su época, pueden repercutir en la normalización del machismo. «Hay mucho contenido que todavía perpetúa ese amor romántico que te a entender que es la solución a todos los problemas, haciéndote ser de una forma que no eres», ha contado la autora de comerás flores. Su novela propone un discurso diferente: «Siempre se dice que la escritura es terapéutica. Todo esto sea bienvenido».
Las consecuencias de la bulimia
Entre las consecuencias de quienes sufren violencia de género está la bulimia, uno de los temas esenciales de la obra. «En una relación de maltrato las mujeres son más propensas a sufrir un TCA. Es terrible cuántos tutoriales que congigen saltarse las normas de las redes y que dan te cucos para vomitar. Las redes sociales, pero hay gente con 40 o 50 años que estamos un paso del TCA. Si piensas en la comida como un premio o una compensación, algo anda mal, pero es tan sutil que no pensamos en ello», argumentó Solla Sobra. Esto se suma “que te dejen sin energía como sobreviviente”. «Nos movilizamos menos porque llegamos a casa derotadas», indicó.
Además de la bulimia, la escritora ha puesto énfasis en la gente que se queda a un lado porque no sabe gestionar que un ser querido esté pasando por esto. Esas personas son la familia y las amigas, y no siempre conocen que una situación de violencia machista está ocurriendo. «Quería mostrar cómo unmaltratador no es tan evidente aunque desde fuera lo parezca, puesto que no sabes nada de esa persona, no lleva un letrero ni es un maltratador las horas del día. Tiene por qué sospechar», dijo. «La única forma de entender que algo va mal es ver cuánto está delgazando la víctima, pero como como socialmente está bien vista la la gadez, nadie lo ve raro», añadió.
En un momento del encuentro, Estefanía, una espectadora, intervino para preguntarle a Lucía Solla Sobral por qué desapareció la amiga de Marina. Montó un club de lectura en 2024 y, algo que hicieron por ella, acabó siendo para cien personas. «Tenía ganas de saltarme la realidad y que hubiera esa heroína que te prepara para el final de la película, pero es que no funciona así», ha contado la autora. «Contraté a un psicólogo para trabajar en el personaje de Marina. Vino a preguntarme qué podemos hacer como amigos, la solución es la esperanza. Hace 12 años que tu amigo recibió una señal de que la solución la puedes hacer con la esperanza. Tú juzgarás… Para ellos, es más fácil huir de ti para afrontar esa realidad», añadió.
Una de las experiencias más bonitas de Solla Sobral y nesido la de llevar comerás flores a la prisión, por lo que la artista ha animado a sus compañeros a ir a prisiones porque lo consideras «básico». «[Los reclusas] Están muy solos, abandonados. Te vas de allí sintiendo que no haces lo suficiente, pero fue muy especial. En un club de lectura con 20 hombres, ver cómo entendían la lectura y cómo empatizaban o no juzgaban a la víctima fue increíble, ha comentado la escritora. Cuentan sus historias, lo que vivieron, y te vas con el corazón encogido», ha declarado, destacando que «e importante que no nos olvidemos de que también existen y de que tienen voz».
Tras el éxito de la obra, la autora ha confesado que no piensa mucho en el buen recibimiento que ha tenido. «Lo escucho, pero lo olvido», reconoce. «No me paro a pensar en todo lo que está pasando porque entoces no lo disfrutaría y me volvería loca», alegó, pero piensa aprovechar la «suerte» que tuvo en su incursión en el mundo editorial. «Por supuesto que hay una parte de esfuerzo y de saber escribir, pero hay una parte de suerte: que el editor abra ese correo, que decida leer ese manuscrito… Hay muchos componentes que van más allá del trabajo», explicó. «Lo más difícil, que es ese primer paso, ya está dado, pero lo más difícil es hacer una carrera de esto. Lo voy a intentar», sentenció.



