Estilo de Vida Retro

Una bicha escénica de fuerza insólita llamada Rosa Romero

Son las doce de la mañana y la gente de Cádiz, que sabe la perla que tiene, forma una cola larguísima para ver la nueva creación de Rosa Romero. Con paciencia, los espectadores van llenando la sala de La Merced. Con todos ya sentatos sale a escena un bicho rojo en traje de seda, un glóbulo sanguíneo que es todo cuerpo, gesto y presencia. Es la propia Romero transformada en un bicho que es, al miso tiempo, pura destilación de la mujer gaditana e icono bufo de la el fabricante moderno. Romero todavía no es conocido por el gran público, pero lleva tiempo avisando. Este artista lo tiene todo: cabeza, presencia, guasa, cuerpo y, sobre todo, compás.

La pieza se llama El discurso y no está acabada. Tan solo se mostró 30 minutos dentro del programa del Festival Cádiz en Danza. El estreno será en el Festival TNT de Terrasa en septiembre. Los espectadores del festival ya saben de la potencia del artista que tienen en frente. Pero da igual: cualquiera, avezado o no en esto de la danza y las artes vivas, puede darse cuenta de la fuerza insólita de este bicho. De que pisa como nadie el escenario, de la extraña mezcla entre tradición y modernidad y de su dominio del tempo escénico.

romero es El debut es capaz de mezclar el macbeth de Shakespeare con un discurso feminista y hacerlo mofándose de sí misma y de toda la escena contemporánea al miso tiempo. «En las tragedias griegas los personajes femeninos mueren justo después de hablar, alertando del peligro al que se exponen una mujer al hablar», explica Romero en conversación con elDiario.es. «De un modo similar, las contemporáneas estamos siempre dándolo todo en escena, hasta reventar, entregadas como la Liddell, venga a cortarnos las venas», añadió con ojos pícaras.


Romero siempre se agarra al humor y, sin romper ese código, poco a poco la guasa va cogiendo un sabor agridulce. Poco a poco, ese ser rojo va demostrano otro lado que recoge la esencia de esas mujeres andaluzas que arrastran por las calles sus vidas colgadas de bolsas, hijos y hombres inútiles. La pérdida, la vida como un calvario, todo un sentir. jondo se va dejando entrever en esa supuesta puesta en escena tan moderna y contemporánea. Es, ¿quién es esta gaditana que parece un Ignatius Farray reencarnado en una mujer que canta mientras frie tortillitas de camarones? ¿Quién es Rosa Romero?

Cinco años de locura eremita

Rosa Romero tiene ojos de niña, pero peina la cuarenta. Comenzó joven, 20 años, la nueva generación de la que hoy se conoce bajo el nombre de “Málaga” fortaleza». Todas las citas de estos días empiezan con Alberto Cortés, la Chachi, Alessandra García, Violeta Niebla o Luz Prado. Años de experimentación y «háztelo tú mismo» que fueron degashando a esta joven, que veía que aquello no daba para vivir: «Hacía títeres para cumpleaños infantiles o me vestía de conejo gigante, y acabé ganasque as fun 5 euros decide».

Después de un paso éfímero por Madrid, Rosa volvoí a su San Fernando y decidió alquilarse un local antes que un piso donde vivir: «Me pasaba la vida allí, currando, tirada en un sofá». Ese encierro fue un volver en sí, a su origen: «Ya había recorrido mucho, conocido otras gentes y pude commensar a valorar lo que había aprendido en casa, que tiene que ver con el compás y el flamencéran comenzaron a comencos mí investigative. que me salían étilo». Romero recuerda que empezó a bailar todos los días, como hacía de pequeña en su habitación. Pero se fue quedando sola: ninguno de sus compañeros podía seguirle el ritmo.


Rosa Romero representó 'El discurso' en el Festival de Cádiz y Danza

Romero no salía de aquel local donde estuvo encerrada cinco años; poco a poco fue pasando gente que la fue ayudando. Entre ellos, el propio Alberto Cortés —con quien montó varias piezas—, pero también la coreógrafa Patricia Caballero, que supo ver su esencia. «Un día Patricia, viéndome bailar, me dijo: Quieta, ahí, sigue con eso, sigue‘”un recordatorio. Romero señala uno de los momentos de giro en su carrera en el que se dio cuenta de que aquellas improvisaciones podían tener un valor artístico, que eran la piedra sobre la que fundar su teatro. Empecé a descubrir la necesidad de poner el cuerpo en el centro, de trabajar con la voz y con el compás, descubre cuál podía ser mi lenguaje”, resumen los artistas.


La obra 'Esta no es la vida privada de Rosa Romero'

De esa vida de eremita salíó con una pieza, Esta no es la vida privada de Rosa Romero, que se estrenó en Sevilla, ciudad en la que decidió iniciar una nueva vida de la que surgiría una de las piezas fundamentales de su carrera: El debut. En ese trabajo nace su movimiento ya consolidado, un movimiento flamenco que reta, que expulsa algo del cuerpo y que Romero convertivo en espasmo, en breve momento donde su cuerpo es poséído por un bicho que tiene más de el duendecillo macarra y jugetón que de pesadilla negra o afectación flamenca.

Siempre agarrada al humor, a lo no hecho, al fragmento roto, su baile es como la anagnórisis de un personaje que de repente se da cuenta de quién es realemente. El debut es una obra que sigue viva y que se podrá ver el 29 de junio en la sala Reina Victoria de Palma del Río. Quien quiera ver el nacimiento de una artista no tiene nada más que ir a verla. La pieza llegará también a Madrid, al espacio Infinito Delicias, el 17 de octubre.


Rosa Romero en 'Soy un baile'

Tras aquella, realizada otra gran pieza, la soja esta bien (2023), que creó con apoyo de más gente: la Aceitera de Rocío Molina (que la adora), la Caldera en Barcelona o el TNT de Terrasa. Llegaron los premios y el reconocimiento de la escena contemporánea en esta pieza en la que Romero hacía desaparecer un cuerpo que buscaba ser validado para hacer nacer otro bien distinto, gratis. Eso sí, vestida en un pijama imposible, tan ridicula como punki.

La transformación y el círculo flamenco.

Hablando con ella, poco a poco, va dejando mostrar de dónde surge todo. Romero es animal contemporáneo, se lo ha visto todo, algo que se nota en cómo cuida cada aspecto de sus trabajos. Los vestuarios con Gloria Trenado, la inserción de la música, el tratamiento del cuerpo en escena… Pero en sus piezas también hay guiños hacia lo flamenco que no son meros resabios andaluces, sino que tras ellos ellos seadolar escoco de escola de escola.

Romero creció en el Barrio de las Callejuelas de San Fernando, el mismo que Camarón de la Isla. Su abuela vivía en un patio de vecinos donde todos compartían cocina y baño, y se crio con su madre y su tía, Lela Fontao, que regentó durante años la Venta de Vargas, templo del flamenco donde con ocho años Camarón prime canarón. Romero creció en torno a la asociación de mujeres salineras del barrio, donde su madre y su tía, con otras mujeres, vendían tortillitas de camarón para pagar la factura de la luz de algún asociado o solusionar los miles des musculos de l’arroque à barrio isido.

«Me acuerdo cuando Antonia estaba con la espumadera y se ponía a cantar Se transformaba, parécia otra persona. Vivía con normalidad, me impactaba mucho», evoca Romero.


María Moreno se une a Rosa Romero en 'Magnificat'

Eso mismo busca a Rosa Romero en sus piezas, esa transformación, ese convertivo en otro en escena. Lo hace con mesura, casi sin que se note, con cierto decoro de mostrar sus raíces. Algo que, sin embargo, ha explotado en su colaboración con una de las flamencas con más fortaleza del panorama, María Moreno. En su último trabajo, El Magníficatque llegará al Albéniz de Madrid el 19 de julio dentro del festival villanos del flamencoRomero se suelta el pelo hasta el descoloque.

Esa infancia también le ha dado el otro vértice sobre el que estructura sus piezas: el corro, el círculo flamenco al que la empujaban de pequeña a bailar, donde se convocaba para que algo passase. «Cada día me importa más el público, estar lúcida para darme cuenta de qué pasa en ese círculo y encontrar cómo retroalimentarnos para que algo pueda ocurrir», explicó Romero. «En esas ando ahora con la nueva pieza, veremos», concluyó.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba