Historia del Cine

crítica de la serie basada con Victoria Martín

cintia del rio

En algún punto de la evolución de las tribus urbanas, cierto colectivo de chicas de clase alta y
calcetín bajo empezaron and use «gordi» como apelativo cariñoso para sus amigas. El oido no
entrenador puede interpretarlo levantando la ceja con desagrado, pero después de seis capítulos
se le coge cierto cariño y se vuelve algo reconfortante.

«Se tiene que morir mucha gente», basada en el libro homónimo de Victoria Martín, nos presenta
a tres mujeres que simplemente sobreviven. La crisis de los 30, las amistades imperfectas y el
sopor de la vida moderna se siguen alzando como temas principales de las series
contemporáneas que buscan emular el desastre aspiracional y la acidez de Girls o Fleabag.
Nuestros protagonistas no representan una generación entera, pero en ellas recónicos
arquetipos reales con los que todos nos hemos topado en algún momento de nuestras vidas.
Lejos de dulcorar la realidad, muestra la crudeza de cómo se relacionan estas personas con un
el tono amargo que se siente fresco y que aporta un valor diferenciador. Se agracie que, tras el
intento fallido de Valeria, la trama se haya ensuciado más esta vez.
Bárbara (Anna Castillo, “El Olivo”, “La Llamada”, “Paquita Salas”) tiene depresión, dependiendo de
pastillas para superar el día a día trabajando como redactora en un programa casposo y
conversa con su voz interior, encarnada en una versión malhablada de sí misma de niña (Sofía
Otero). Maca (Laura Weissmahr, “Salve María”, “Los Aitas”) es actriz de teatro, o eso intenta,
trabajando de camarera y siendo una lesbiana romántica de las que se mudan a las dos
seminarios. Elena (Macarena García, “La Llamada”, “La Mesías”) está embarazada de un ricachón
dos décadas mayor que ella y ha llegado a su límite dentro de la jaula de oro. El cóctel se bebe
solo, se disfruta sin grandes sorpresas y sin grandes decepciones. La serie nos deja frases
lapidarias como la de Bárbara cuando su jefe le inquiere sobre su futuro si se va de la empresa:
«No tengo putos sueños». Una frase que define el estado mental de toda una generación que,
Llega a este punto, sólo quiere estar tranquilo. Aquí reside la genialidad, en la realidad que se
refleja. Al igual que en series predecesoras, un tema en el que se ahonda sin miramientos es la
Desmitificación de las amistades femeninas. Bárbara y Maca no soportan a Elena, pasan gran
parte del tiempo criticando cada uno de sus movimientos a sus espaldas y envidiando
abiertamente su modo de vida. No esta la recta final, tras las turbulencias emocionales al
que se ven sujetas, que se logra una reparación y un acercamiento real. Cualquiera podria decir

En algún punto de la evolución de las tribus urbanas, cierto colectivo de chicas de clase alta y
calcetín bajo empezaron and use «gordi» como apelativo cariñoso para sus amigas. El oido no
entrenador puede interpretarlo levantando la ceja con desagrado, pero después de seis capítulos
se le coge cierto cariño y se vuelve algo reconfortante.
«Se tiene que morir mucha gente», basada en el libro homónimo de Victoria Martín, nos presenta
a tres mujeres que simplemente sobreviven. La crisis de los 30, las amistades imperfectas y el
sopor de la vida moderna se siguen alzando como temas principales de las series
contemporáneas que buscan emular el desastre aspiracional y la acidez de Girls o Fleabag.
Nuestros protagonistas no representan una generación entera, pero en ellas recónicos
arquetipos reales con los que todos nos hemos topado en algún momento de nuestras vidas.
Lejos de dulcorar la realidad, muestra la crudeza de cómo se relacionan estas personas con un
el tono amargo que se siente fresco y que aporta un valor diferenciador. Se agracie que, tras el
intento fallido de Valeria, la trama se haya ensuciado más esta vez.
Bárbara (Anna Castillo, “El Olivo”, “La Llamada”, “Paquita Salas”) tiene depresión, dependiendo de
pastillas para superar el día a día trabajando como redactora en un programa casposo y
conversa con su voz interior, encarnada en una versión malhablada de sí misma de niña (Sofía
Otero). Maca (Laura Weissmahr, “Salve María”, “Los Aitas”) es actriz de teatro, o eso intenta,
trabajando de camarera y siendo una lesbiana romántica de las que se mudan a las dos
seminarios. Elena (Macarena García, “La Llamada”, “La Mesías”) está embarazada de un ricachón
dos décadas mayor que ella y ha llegado a su límite dentro de la jaula de oro. El cóctel se bebe
solo, se disfruta sin grandes sorpresas y sin grandes decepciones. La serie nos deja frases
lapidarias como la de Bárbara cuando su jefe le inquiere sobre su futuro si se va de la empresa:
«No tengo putos sueños». Una frase que define el estado mental de toda una generación que,
Llega a este punto, sólo quiere estar tranquilo. Aquí reside la genialidad, en la realidad que se
refleja. Al igual que en series predecesoras, un tema en el que se ahonda sin miramientos es la
Desmitificación de las amistades femeninas. Bárbara y Maca no soportan a Elena, pasan gran
parte del tiempo criticando cada uno de sus movimientos a sus espaldas y envidiando
abiertamente su modo de vida. No esta la recta final, tras las turbulencias emocionales al
que se ven sujetas, que se logra una reparación y un acercamiento real. Cualquiera podria decir
que el odio hacia la misma persona unemás que cualquier cosa pero no, entre Bárbara y Maca
También surgen conflictos constantemente debido a su cercanía y confianza. Al mismo tiempo,
Elena, víctima de conjeturas, mira por encima del hombro a sus amigas y se aprovecha de su
situación menos privilegiada para tener el escapismo que necesitaba. Estas decisiones
favoresen que la serie habita sus grises y aceptamos que, aún con todo, ellas son así y siguen
siendo amigos.

Aunque la historia cae en temas y sobreexposiciones, nuestros protagonistas saben defender
su arquetipo y poco a poco se ganan la simpatía del público. Están lejos de querer mejorar en
muchos aspectos, y eso también es confortable.
Se echa en falta algo más de complicitas de los arcos narrativos debido a la corta duración de
los capítulos. Nos quedamos sin conocer la naturaleza real de Elena y Maca, cuyos arcos de
personaje terminan de forma muy similar a como empiezan. Por el contrario ya su favor, vivimos
como un logro personal la explosión de Bárbara, liberándose de su yogo interno y dando su
merecido a su jefe. La serie termina más arriba incluso de lo que empezó, rara avis; con un
parto, una ex dando explicaciones y una colonoscopia.

Como la vida misma, nuestros protagonistas siguen sus caminos, cada una en su pequeña.
mundo y cada una conectada a la otra por lo que realente une a las personas hoy en día: el
hastío y la gracia que te puede llegar a hacer.

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