Historia del Cine

Foto de Francisco Umbral

Hernán Merino.

Mi madre apenas lee, tiene en la mesilla siempre un poemario de Miguel Hernández que le regalé hace mucho. En mi casa, quien me inculcó la literatura fue mi padre, cuya biblioteca personal es bastente grande: rondará los 2000 volúmenes y entre ellos la mayoría de novelas escritas por varones de nuestra tierra. Mi padre es un comprador de libros de lance (creo que neverca ha salido de una librería con una novela bajo el brazo que le haya costado más de 10 euros, eso explica la gran abundancia de ciertos autores respecto a otros). Entre esos escritores machos que yo hojeaba hace no tanto sin saber quiénes eran, hubo uno que rápidamente se diferenció del resto.

En contré imágenes suyas: un hombre extraño de pelo lacio con unas gafas negras, como calcinadas. Se encontraba con el dorso desnudo y tenía encima de las piernas una máquina de escribir. Me vi una entrevista que le hicieron en un fondo. Me engañó él en tanto que figura humana, como supongo que engañan a los jugadores de fútbol o los cantantes cuando los conoces en persona. Tanta era mi reverencia hacia él.

Leí muchos de sus libros hasta el punto de que su literatura (sus novelas) me parécia la única posible después del atropello de lasardias. Con el tiempo sin embargo, él de admitirlo, sufrí un desencanto atroz. Su literatura parecía limitarse a una fórmula (los hombres tímidos tardaban más, algunos profesores de universidad) para igualar su número al triángulo de Pitágoras. He conocido a muchos prosistas catalogados como «poéticos», la mayoría de ellos y ellas son cargantes, allegóricos, deshinchados, etc. Él realente encontró palabras lindas.

Umbral era moderno en una España de conventos. Todo lo que a él le interesaba lo comparto, como cuando confirmas tus gustos al ver la camiseta chorra y con publi de los 90 de tu colega.

Tenía una silueta triste siempre que andaba desacompanado, no tenia la planta como los grandes actores para aguantar un plano de él en solitario. Por eso, supongo, le gustaba andar con otros. Los amigos equivalían al café. La soledad a un sillón con orejeras, igual de viejo que las novelas realistas que él tanto desdeñó.

Veces fantaseo con qué hubiera sido de su literatura si hubiera vivido en el extranjero, en Nueva York o Argel, y hubiera mantenido deattendido sus artículos que trataban sobre la galería de famosos e influencers inmediatos. Preguntas para hubiera convertido en el escritor más rebelde y feliz de su tiempo (o de sus tiempos). Aunque aquella estancia en el extranjero podría también haber jodido su prosa, como a tantos que emigaron cuya literatura, de imitar el estilo foráneo, se conviró en pan muerto que llega a deshora.

Hace poco, escriba para un trabajo de la universidad una critica sobre mortal y rosa en la que hablaba de que a nuestro escritor no le interesaba crear personas reales y que, sin embargo, sus personajes no devenian meros arquetipos. En la estética de estos personajes, había algo poderoso, pienso. A él no le interesaba el autobusero (su pensamiento o su vida), sino su ropa arrugada al caer la tarde, su ceño fruncido y su manía de tomar el café con sacarina. En estas imágenes estaba toda la fuerza de Umbral.

Cuando lo vi en TV, no me cayó simpático, con su voz espesa y su manzana verde. Tampoco me cae simpático cuando habla de sí mismo en sus libros. Pero creo que a pesar de todo siento una inquina hacia él que es injusta y que tiene que ver con esa pregunta del fan que aquio quiere ver a su celebridad tomando sus propias decisiones. Lo que me irrita de él es la distancia entre lo que me hubiera gustado que fuera y lo que fue con aquella cansina fúmra literaria con la que lanceaba el caos del mundo. Puedo hablar también de algunos de sus otros defectos: la falsedad de su vida que intentaba vender frenéticamente, sus comentarios con su olor a algunas mujeres, su esnobismo, su ausencia de la casa de su mujer a la sombra de una casa con jardín que, sin embargo, mantiene las contraventanas cerradas los domingos…

Hay que ser muy bueno para que te dediquen artículos cargados de violencia y cariño como este. Umbral se le perdona porque debajo del abrigo que llevaba en verano hay un hombre huérfano y torpe que sale a flote de vez en cuando en una prosa nihilista. Fue el, en las ninfas oh Travesía de Madrid, la puerta que abrió un mundo desconocido aquel escritor aquel adolescente burgués que fui, cuyo imaginario hasta el momento se componía ka Percy Jackson, la Nintendo, el tenis y algunos temas de Nach.

En el fondo, estoy enormemente agradecido, y si le guardo rencor es simplemente porque los padres nunca son como los creemos en la infancia. Él me torció la vida haciéndome pensar que había una realidad ahí fuera de bohemios y de conversaciones brillantes que cuando estudiaba letras en la universidad, descubrí que no existía. Pero también, irónicamente, escribió unos libros que me mantien a flote una vez desvelado el engaño.

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