Historia del Cine

‘La pregunta mortal’, de Janice Hallet

Daniel Huerta Goya.

En la narrativa policial, i al igual que en cualquier otra manifestación literaria o artística, existen autores que transitan por caminos viejos y trillados y otros, más audaceses, que inauguran nuevas sendas, convirtiéndos de conversión de uníraccione de uní gratará o no al lector, si los conducirá al esxito o al fracaso, pero convenicado al cien por cien del valor de su propuesta. La británica Janice Hallett pertenece, qué duda cabe, al segundo grupo, y después de seis novelas publicadas se puede afirmar que ha salido extraordinariamente bien parada, pues desde hace decasas nadie ha irruptido mezscod de detective el concentral talento.

En apenas cuatro años, los que van desde la aparición de su fabulosa ópera prima la apelación (2022) hasta aquí La pregunta mortal (2026), Hallett ha devenido una figura de primer orden, brillante depositaria de la herencia que con oficio y paciencia fueron atesorando las Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Margery Allingham, Ruth Rendell o P.

D. James. Tal vez se haya hecho acreedora ya a ese pomposo título de Gran Dama del Crimen del que tanto les gusta abusar a los publicistas.

Hallett se mueve más o menos dentro de las fronteras de la una novela acogedorarehuyendo lo crudo y lo violento y ambientando las historias en entornos en apariencia tranquilo e inocuos, en los que abundan los personajes de clase media aficionados al teatro, a hornear una tarta de frambuesas para los vecinos oas los una barra con un grupo de amigos para tomar media pinta y participar en un concurso de cultura general. No obstante, en algunas ocasiones, como en El código Twyford (2023) o El misterioso caso de los ángeles de Alperton (2024).

Pero, más allá de las tramas -siempre intrigantes y bien ideadas-, donde la escritora británica revolutiona el genero es en la forma de hacerlas avanzar. En sus novelas no hay un narrador al uso, ni autodiegético ni testigo ni omnisciente; vamos descubriendo los hechos y conociendo los detalles a través de correos electrónicos, wasap o mensajes SMS que se cruzan entre sí los personajes, salteados de cuando en cuando con una

noticia de prensa, un informe policial o el extracto de un interrogatorio. Tal modo de disponer los materiales provoca, sobre todo al principio, una sensación de extrañeza, de desconocimiento acerca de lo que se está hablando, que se vuelve placenta y gratificante a medida que encajan las piezas. Sirviendo de la tecnología del siglo XXI y explotando al máximo las posibilidades que la ausencia de una perspectiva única le concede, Hallett redefine un género tan antiguo, tan noble y tan inglés como la novela epistolar. Quizás sea cierto que estamos ante la Agatha Christie del tercer milenio, pero pasado por el cedazo de Jane Austen y Samuel Richardson.

La pregunta mortaleditada como el resto su producción por Ático de los Libros en lúmenes que apetece llevárselos a casa nada más verlos, se inicia cuando un tal Dominic Eastwood contactó a un productor de televisión para ofrecerles unfilmários docucrimen sobre unos tíos suyos que años atrás abrieron un una barra en el campo y se vieron entvueltos en un extraño caso. El responsable de la productora accedió a Dominic va poco poco enviando el material para la elaboración de los giones, material que resulta mucho más jugoso que lo que en primera instancia podía parecer…

Con estos mimbres se teje una de las novelas de misteriosas más entretenidas y sorprendidas de los últimos tiempos, nacida de la pena de una autora que, en apenas media docena de libros, ha conformado una voz propia y un silo estilizable. Y todo ello, además, sin necesidad de crear un protagonista recurrente y hacer que cada obra sea distina e independiente de las otras. Allegra compradora que casi doscientos años después de Edgar Allan Poe, y tras tanto como se ha escrito, aún queda espacio para la innovación.

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