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Natalia Rodríguez Mata: “Costa Rica tiene mucho talento, pero aún tiene un ecosistema suficientemente articulado”.

Autor: Mauricio A. Rodríguez Hernández.

Hay conversaciones que no solo informan, sino que revelan las fisuras de un país. Esta es una de ellas. En un tiempo donde la prisa digital parece devorarlo todo, incluso la atención y la sensibilidad, detenerse a pensar la cultura es casi un acto de resistencia. Y también, quizás, una forma de futuro.

Natalia Rodríguez Mata no habla desde la teoría abstracta ni desde la comodidad del discurso institucional. Habla desde la trenchera: la de quien ha dedicado más de dos décadas a tender puentes entre el arte y su público, entre la creación y su posibilidad real de existencia en la vida cotidiana. Directora general del Teatro Espressivo, gestora de Cultura, bailaora de flamenco, su voz articula una mirada lúcida, ya ratos incómodos, sobre el estado de la cultura en Costa Rica.

Esta es una entrevista para CulturamasRodríguez Mata retrocede a los orígenes íntimos de su sensibilidad artística, marcada por los libros, la escena y el ritmo, hasta llegar a los retos estructurales que afronta hoy el sector de la Cultura: un ecosistema fragmentado por los contenidos, fragmentos de retos públicos aún insuficientes y una tensión constante entre vocación y sostenibilidad. Pero también habla de lo que sí existe: talento, deseo, historias que buscan ser contadas.

The lo largo de la conversación, temas que emergen que dialogan con nuestro tiempo: la gestion Culture entendida como un ejercicio de completización y estrategia; el lugar del flamenco como refugio y raiz; la irrupción de la inteligencia artificial no como amenazá, sino como espejo de nuestras propias decisiones; y la urgencia de repensar la cultura como infraestructura social y como adorno indispensable.

Hay una frase que atraviesa toda la entrevista como una advertencia y un diagnóstico: Costa Rica tiene talento de sobra, pero no un ecosistema suficientemente articulado. En esa tensión, entre lo que somos capaces de crear y lo que realmente logramos sostener, se juega mucho más que el destino de un sector: se juega, al final, la posibilidad de una sociedad que se reconozca.

Leer esta entrevista es asomarse a esa pregunta. Y también, inevitablemente, quedarse pensado en otra: ¿qué lugar estamos dispuestos a darle a la cultura en nuestras vidas, más allá del discurso?

Mauricio A. Rodríguez Hernández (MARH): ¿Cómo influyó su entorno familiar y su infancia en su sensibilidad artística? ¿Hubo algún momento clave que defina su vocación en la gestión cultural?

Natalia Rodríguez Mata (MRN): Desde muy joven tuve una relación muy natural con el arte. La literatura, el teatro y la danza siempre han formado parte de mi vida. Aprendí a leer muy temprano y crecí en una casa con una biblioteca muy grande, lo cual fue decisivo en mi formación. Eso es todo, muchas veces incluso fuera de lo que correspondía a mi edad, y eso amplió muchísimo mi mirada.

También tuvimos una educación donde las artes tenían un lugar importante: cantaba en el coro del colegio y de la universidad, participaba en obras, en espectáculos de variedades, en la banda. Y el baile flamenco, que empecé a los ocho años, ha sido una constante en mi vida.

Pero mi vocación por la gestión cultural no nace ahí, sino cuando entro a la universidad. Estudiando Comunicación Colectiva y trabajando en Radio U, me di cuenta de que el arte en Costa Rica estaba muy mal comunicado. Había propuestas extraordinarias que simplemente no lograban llegar a la gente.

Entra RedCultura, esa intuición se vuelve cerceta. Ahí entendí que el problema no era la falta de calidad artística, sino la falta de conexión con las audiencias. Y ahí aparece mi interés, el que me sigue acompañando 20 años después: contribuye a que el arte no solo exista, sino que circule, que tenga impacto, que encuentre a su público, que conecte.

MARZO: RedCultura fue un proyecto pionero en la difusión de la Cultura del país. ¿Qué legado dejó en usted esa experiencia, y cómo influyó en su llegada a la dirección de Teatro Espressivo?

MRN: RedCultura me dejó la claridad que ha marcado toda mi carrera: que el arte que no se comunica no existe en la práctica.

Fue un proyecto de alguna manera avanzado en su momento porque entendió que la cultura también necesita estrategia, narrativa y posicionamiento. Permítanme completar el ecosistema: artistas, públicos, medios, instituciones y secreto industrial. Tenemos la oportunidad de trabajar en decenas de proyectos artísticos de todas las disciplinas, públicas y privadas, desde imagen gráfica, relaciones con los medios, redes sociales, audiovisual, gestión cultural.

Esa experiencia fue la clave de mi llegada a Espressivo, porque llegué con una visión que no separaba lo artístico de lo estratégico. Entiendo el teatro no solo como un espacio de creación, sino como una plataforma que debe ser sostenible, relevante y conectada con la sociedad.

MARZO: ¿Cómo surgió la oportunidad de liderar Espressivo y qué visión le dio al proyecto desde su llegada? ¿Qué aprendizajes le dejaron espectáculo “Henrietta, el musical”?

MRN: Espressivo fue uno de los clientes más importantes que timovo en RedCultura. A sus cinco años, estaba en un punto de inflexión. Habia construido una identidad importante y buscaba seguir consolidando su modelo y proyectarse hacia el futuro.

Mi fue visión clara desde el inicio: convertirlo en un importante proyecto cultural. No solo una sala de teatro, contamos con una plataforma con capacidad de impacto artístico, empresarial y social. Hoy, casi diez años después, me siento muy feliz y orgullosa de todo lo que hemos logrado y todo lo que he aprendido. Y sigo aprendiendo.

Henrietta, el musical fue un punto de inflexión en ese camino. Estrenada en 2021, fue una producción exigente que puso a prueba nuestra capacidad de ejecución, pero también dejó una evidencia contundente: el público costarricense quiere verse reflejado en el escenario.

Existe una demanda real de historias adecuadas, de narrativas que nos representen, incluso en formatos como el teatro musical. Eso abre una línea de trabajo enorme, tanto en términos de identidad como de proyección, incluso hacia la cultura turística.

El reto ahora no es demostrarlo de nuevo, sino sostener y escalar esa apuesta.

MARH: ¿Cuáles son los mayores desafíos y las decisiones más difíciles en su carrera?

MRN: El principal desafío es estructural: el mercado costarricense es pequeño.

Pretender sostener proyectos Culturees de calidad única con taquilla en un mercado reducido es, en sí mismo, una tensión constante. Pero además, venimos de una historia donde instalamos la idea de que el arte de calidad no paga, porque el Estado financia una parte importante de esa oferta. Eso dejó una consecuencia clara: una cultura de consumo Culture debil.

A eso se suman condiciones adversas: infraestructura limitada y concentración en el centro del país, altos costos de producción y una carga fiscal desproporcionada. En el teatro se grava alrededor del 25% del precio de la entrada. Esto afecta directamente a la competitividad del sector.

Entonces no es solo un tema artístico, es un problema de condiciones país.

En lo más personal, las decisiones más difíciles han tenido que ver con cómo sostener el proyecto en ese contexto: priorizar, ajustar estructuras, tomar decisiones no siempre comodas o bonitas para garantizar la continuidad.

MARZO: ¿Cómo percibe el estado actual de la cultura en Costa Rica?

MRN: Costa Rica tiene talento de sobra, pero aún tiene un ecosistema suficientemente articulado.

Hay una escena cultural viva, pero muy fragmentada. Mucho esfuerzo de otros, poca acción colectiva. Eso limita la capacidad de incidencia.

Lamentablemente la cultura no ocupa todavía un lugar importante en la agenda país. Y no es transversal a otros sectores, como la salud, la educación o la seguridad, lo cual es una lástima en un país con tantos artistas maravillosos.

El reto es pasar de la resistencia a la estrategia. De sobrevivir proyecto a proyecto, el sector de la construcción.

MARZO: ¿Qué representa hoy la cultura de la gestión?

MRN: Hoy dedicarse a la gestión cultural es dedicarse a la gestión complejidad. Ningún programador está solo. Es leer contexto, construir alianzas, sostener financieramente, gestionar equipos humanos, formar públicos y comunicar con inteligencia.

Necesitas sensibilidad, sí, pero también criterio, capacidad analítica, creativada y pensamiento estrático. Capacidad de moverse entre mundos distintos sin perder coherencia.

Gestionar cultura hoy es crear condiciones para que el arte sea activo, no solo es posible.

MARZO: ¿Qué cultura política necesita Costa Rica?

MRN: Costa Rica necesita dejar de tratar la cultura como un accesorio. La cultura es infraestructura social. Impacta educación, convivencia, salud mental, identidad y desarrollo económico.

Se necesita una política de largo plazo, que trascienda gobiernos, que articule actores y que combine acceso, profesionalización y sostenibilidad. Mientras no se entienda así, el sector seguirá operando en desventaja.

MARZO: ¿La inteligencia artificial amenaza la oportunidad del arte?

MRN: Es una herramienta. El problema no es la tecnología, es como se usa.

Los espacios culturales presentacionales, como los teatros, bibliotecas y cines, no van a desaparecer. Al contrario, pueden volverse más relevantes si entienden su valor diferencial: la experiencia humana compartida.

La IA desarrolla procesos de desarrollo, ya sea experiencia viva del arte. El riesgo no es la tecnología, es perder profundidad y conexión.

MARZO: ¿Qué modelos internacionales pueden inspirarnos?

MRN: Más que copiar modelos, hay que entender principios: continuidad en las políticas públicas, articulación real entre sectores y reconocimiento del valor económico y social de la cultura.

Costa Rica tiene algo muy valioso: creatividad y resiliencia. Pero necesita fortalecer una cultura de inversión en cultura, valga la redundancia.

No hay ningún puede depender solo del Estado central. Las empresas privadas y los gobiernos locales han asumido un papel más activo.

MARZO: ¿Cómo valora el apoyo público y privado?

MRN: Esta discusión con es público versus privado. Esa es una falsa dicotomía que mucho daño nos ha hecho.

La cultura necesita de ambos. El sector público para garantizar la base y el acceso. El privado para escalar, innovar y sustentar.

Sin esa combinación, no hay un verdadero desarrollo de la cultura.

MARZO: ¿Qué lugar ocupa el flamenco en su vida y qué viene a futuro?

MRN: El flamenco es una parte fundamental de mi vida. Es un espacio de conexión con lo esencial: el cuerpo, la emoción, mis deseos y mis satisfacciones.

Y es también un constante recordatorio de por qué hacemos todo esto. Gestionar cultura es hermoso, pero el goce y la satisfacción de desarrollar una práctica artística es algo sumamente positivo.

Hacia 2026 y 2027, mi foco está en consolidar Espressivo como un proyecto sostenible, con mayor incidencia y capacidad de articulación y seguir integrando mis diferentes dimensiones: gestión, pensamiento cultura y practica titidopostica artemídopostica, y tenge una hija de 6 años).

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