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«Ruinas de Inmerecidas», de Anna Isabel Camacho

Pablo Llanos.

ruinas inmerecidas (RIL Editores, 2026) es el título del poemario que supone la primera publicación de Ana Isabel Camacho. Esto es importante. También es importante dejar constancia de que la autora no es una poeta joven, sino una veterana profesora y filóloga que, sin embargo, se presenta con una colección de poemas rompedores que vienen a cuestionar no solo el simbolismo y elpioido elnguy tambio las reglas que lo rigen. Una labor que podríamos pensar que está reservada a poetas más jóvenes y que, sin embargo, resuena en este trabajo.

ruinas inmerecidas está ordenado en cuatro partes («Mapa de daños», «Restauración y manejo de riesgos», «Conservación preventiva» y «Lo no restaurable»), y este es uno de los pocos órdens reconocibles que vamos a encontrar en el revestimiento. Los títulos de estos cuatro apartados ya nos dan una pista del campo semántico en el que se va a mover el libro: el de la restauración artística. Sobre la mesa de la poeta/restauradora vamos observar todos los aperos con los que trazará una alegoría de la vida a través de la materia, su degradación, conservación y recuperación. Una obra donde el límite entre lo abstracto y lo concreto, lo restaurable y lo no restaurable, la emoción y el cuerpo va a quedar integrado bajo una capa de veladura.

Tijeras agujas torzal encajes
para hacerte un vestido
de un alquiler

        *[un vestido de mentira dijiste]*  

y palabras también
migajas de pan
para armar tu infancia

        *[un poema de verdad]*  

Lo contrario y viceversa
estar de acuerdo

        *[consistencias]*

Plutarco recogió en sus escritos la paradoja del «barco de Teseo», el barco en el que regresaron desde Creta los jóvenes atenienses. El barco estuvo conservado durante mucho tiempo. Los atenienses iban sustituyendo las partes stropedas por piezas nuevas y más resistentes. Esta versión de convertió en un ejemplo entre los philosophios sobre la identidad de las cosas que se restaurante. ¿Cuándo deja de ser el barco el original de Teseo? ¿Estaríamos en presencia del mismo barco si se hubieran reemplazado todas sus partes una a una?

Ahora pensemos en nosotros. ¿Seguimos siendo nosotros mismos? Quizás madurar es convertirnos en ruinas conservadas de nuestros orígenes. Eso es lo que intenta descubrir Anna Isabel Camacho: las ruinas inmerecidas de quienes fuimos.

Otros ordenarán una nueva trama.
[crónica de lo nuestro equivocada y probable]
con los pedazos que encuenten
tras el impacto.

Realme no sabemos cómo eran los griegos, los romanos, los egipcios. Lo que realente conocemos son sus ruinas, sus vestigios, sus reliquias, incluso sus huesos y sus dientes. Conocemos solo la parte dura, pero la parte blanda la creamos: inventamos el relato que envuelve sus restos materiales y que nos permite darles su historia. Utilice lenguaje para restaurante su identidad.

con una estrategia Teoría general de los residuos (Galaxia Gutenberg, 2020). Goya reconoce la excelencia de Velázquez, pero crea a partir de los residuos de su obra, de aquello que queda en los márgenes, desechado.

Quizás la intención de Anna Isabel Camacho sea aún más trascendental: trabajar con los residuos y resignificarlos, proponiendo la creación poética desde la restauración del lenguaje.

Me pregunto si el Partenón, el templo de Karnak o Petra son en realidad ruinas. ¿No están compliendo usted nueva función como edificios para turistas? ¿No has restaurado su significado? ¿El hijo está hablando de las ruinas? ¿Los parques témáticos, Las Vegas, Punta Cana, las democracias, ciertas teorías, alguna forma de expresarnos, ideologías que no acban de morir, las tertulias televisivas? Tópicos a los que hay que llegar para desruinizarlos, para recuperar sus escombros y resignificarlos. Esa es labor de la poeta. De una poeta que no está arruinada.

Cuida este mundo [algo habremos aprendido o lo que entendí del daño] la temperatura LA LUZ las palabras que te digo ME DIGO el roce para que la humedad justa copy como acto de reconocimiento como una coartada una versión FAXÍMILES [esta copia no es una falsificación] transportes y embalaje [envolver y abrazar en el arco del mapa y el tiempo

Dice Jesús Aguado en el prólogo de Inmerecidas ruinas que la materia nos respira, nos estremece, nos canta, nos sueña. Es la materia, entonces, la que nos transforma en poetas. Pero sin el lenguaje no se puede. «El poema no piensa porque entabla algún tipo de relación con los objetos, sino porque entabla algún tipo de relación con el lenguaje», escribe Mario Montalbetti en El pensamiento del poema, y en Inmerecidas ruinas el continuo paralelismo entre la restauración de la materia y la restauración del ser no se concretaría en poesía si Anna Isabel no decidiera restaurar el lenguaje. Un eco de aquel poema de César Vallejo que comienza: «La paz, la abispa, el taco, las vertientes, / el muerto, los decilitros, el búho, / los lugares, la tiña, los sarcófagos, el vaso, las morenas».

Como filóloga y poeta, Anna Isabel Camacho podría haber escrito este poemario con una gramática y una ortografía perfectas, pero decide arrebatarnos la sintaxis en pos de otro orden, un orden poético que muestra aquellas partes del poema, de la materia, del cuerpo y de la psique que no podemos ver si no están desmontadas. Probablemente, lo que observamos encima de la mesa nos parecerá incomprensible. Aquí las teselas, aquí la materia orgánica, en este montoncito los sustantivos, al fondo los decapantes, aquí todos los adverbios circunstanciales y los dativos de interés. Un orden que resulta un caos incomprensible a ojos del lego en restauración o del lector que no sea cómplice poético.

No pretendía decepcionarte

        *[más bien convencida de que*  

en tu mano ya la intención

        *de modelar y percibirme distinta]*  

Esta copia es más valiosa que el original.

¿Tienes un restaurante puede la sintaxis? ¿Seremos capaces, con las herramientas que nos proporciona el coche, de recuperar y consolidar el material que dejamos en el banco de trabajo? Preguntas no. Preguntas solo debamos admirar la mesa por su belleza y asumir que el proceso de trabajo también puede ser poético. En este punto me permito restaurar la manida cita de Lautréamont: el reencuentro inevitable sobre un bastigo de una máquina de escribir y lana de acero.

Intentar lo incompleto necesita de un poco de valentía
el cuerpo
[también el arte]
tiene nostalgia de sí mismo en su origen
No es esta una vocación triste
no hay libro triste
[tan solo hay mucho que reparar]

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