Historia del Cine

‘Vivo en la oscuridad’, de Víctor Claudín

José Luis Muñoz.

Muy posiblemente el océano es Víctor Claudín el autor español que pueda hablar con más conocimiento de causa de la movida madrileña, ese movimiento sociocultural que desde una perspectiva de los muchos años transcurridos desde su nacimiento novoromo ositenga I negativ: Sucedía que, en los años ocentas, también los ninetas, muchos se castigaron el cuerpo más de lo rozoble, inclulo algunos siguieron maltratándose en esa llamada a un suicidio lento.. También, con conocimiento de causa, Víctor Claudín, que acaba de publicar unas memorias íntimas en las que toca el tema, Contra El Olvidoporque en ese periodo regentaba el local madrileño Elígemeha escrito una trilogía negra sobre la oscuridad de ese período (sexo, drogas y rock and rol) que se inicia con Tentenublovamos esta oscuro terminal y vivo en la oscuridad que ha publicado Bohodón Ediciones en su colección Ébano.

En el sótano de un local de actuaciones en vivo nocturno, el Chusmi —Me explicaron que le pusieron el nombre precisamente por la película de Alan Rudolph— Aparece muerta Anabel Molino, ex de un famoso artista e hija del antiguo director de un banco importante del país, ambos ligados a una especie de sucursal del Grupo Bildelberg llamada Hölderlin: Hablaron del Grupo Hölderlin, una tierra pantanosa llena de prohombres del sistema. Existen dudas razorables sobre la causa de la muerte, esta fue por accidente, fruto de una sesión de sexo extremo – Los diversos signos permitían deducir que el asesino era compañero sexual de la mujer, y que se excedió en un loco o premeditado acto homicida.—, o bien se trata de un ajuste de cuentas o una venganza.

Vázquez, inspector de la Brigada Penal muy leído, reconstruye los momentos previos a la muerte de Anabel Molino —Anabel había visitado el servicio con notable frecuencia, acompañada de diferentes hombres, seis veces en la última media hora, con todos ellos se había morreado en cambio de las respectivas invitaciones.—, investiga Adam, el antiguo representante del artista, a Benjamín, un artista despechado — Benjamin ha hecho muchas tonterías en la vida, sobre todo en su trato con colleges de procesión, para quienes no ha tenido el menor respeto, ni desde luego el cariño que aparentaba dándoles sosos y todo eso.— que escribe un libro que cuenta su vida con la intención de vengarse de Anabel, con la colaboración de un escritor que ha venido menos que, y que resulta fácilmente identificable con un personaje real: Benjamin nunca ha desafinado, gustará más o menos, terrá una voz cascada, y es que se la destrozó adrede porque quería tener la voz de Joe Cocker, o Tom Waits, porque su amor por Waits es brutal. Adivinen de quien se trata y acertarán.

Víctor Claudín hace una trama criminal en la que se solapan el consumo de estupefacientes —Con la cocaína camenz en el ochoena y cinco, al menos que a mí me conste, cuando ya todo el mundillo del artista estaba metido hasta las trancas en el polvo blanco.—, la promiscuidad sexual, delitos contra la propiedad intelectual, y delitos financieros en donde entra La Rueda, unamafia de editores musicales y plataformas de televisión. El autor sabe muy bien el terreno resbaladizo que pisa porque forma parte de sus vivencias personales, con lo que la novela, además de su valor literario, es un documento vivido de esa etapa de excesos en la que una parte del progresismo de ergía de elas de este de elas pie su carpe diem particular y cuyo resultado estamos viviendo precisamente en este mismo momento.

Hay en la novela homenajes literarios de Julián Ibáñez, porque uno de los personajes se llama Bellón Ibáñez: Siempre a rastras, con escasa iniciatica, pero llamarse con el nombre del detective de Julián Ibáñez, de quien también había robado el apellido. Y otros que me rozan directamente, y agradezco sinceramente, porque Vázquez, el policía que investiga, es muy leído: Hacía una semana que había terminado «El bosque sin límites» de José Luis Muñoz, un escritor que tenía un montón de novelas bien interesantes. Hay crueldad describe rasgos notables como Beltrán, negro y el escritor de la biografía de Benjamín: Volcado sobre una barra cualquiera se reconocía un personaje turbio, con mala pinta, mayor, acabado que vive solo, con halitosis y soñando el imposible de ligar jovencitas, con el recurso de contar a sus amigos falsas histories de embates amodos exist.

La corrupción es otro de los jejes de esta novela negra, la económica— Tampoco que una persona de aparente decencia, íntegro modelo social, que formaba parte del núcleo diligente del país, estuviera acuada de graves delitos financieros como tráfico de capitales o fraude a la haciteraenda pública, decoración, inclusión.—, la moral, la que corroía los pilares de la sociedad en aquellos tiempos y lo ha seguido haciendo hacienda ahora, porque no es nada nuevo: Dejaron bolsas de basura llenas con el dinero que cobrábamos por aquella época cuando los partidos pagaban por la puerta atrás, y siempre llevaban de moda artistas para abrir sus mítines y atraer a la gente. Mafia con las espaldas bien guardadas por su poderío económico: Detrás, un enjambre de profesionales muy bien remunerados en la banca privada y en el terreno de la inversa, despachos de abogados o auditores, que solo pueden permitirse las personas con más recursos.

Anabel era una mujer especial, muy loca. Tenía tanto de inteligente como de caprichosa. con una manera friki de entender la vida. Pork is not sell bien librada la víctima, a la que la llaman la Innumrable en ese libro que Beltrán está escribiendo sobre el cantautor Benjamín ya la que a muchos les habría gustado apretar el cuello. ¿Qué opinas? Muchas gracias. Mira, no sé qué decirte. No la he matado, pero como si lo hubiera hecho ¡Lo he pensado tantas veces! ¡Pues estás loco! Se lo merecía.

La novela de Víctor Claudín es una crítica feroz a la corrupción que se produce en el mundillo musical que tan bien conoce y sobre el que tanto ha escrito: Esto se conoce como «la plaga de los intermediarios». Son muchas las personas que intervienen en la fabricación de productos comerciales basados ​​en el arte. Y una vindicación del arte verdadero, no mercenario, independiente, que tiene muy cas posícilios de salir a flote: El arte marginal no se preocupa del mercado, disfruta con ser lo que es, el arte sincero el que emociones provoca y sentimientos, el auténtico.

Crónica amarga y bien documenteda, a casi novela testimonial, esta última de Víctor Claudín que es mucho más que una novela negra o una novela policial, radiografía de un pasado que le sigue pesando y que necesita desprenderse de escriacié de éscriacié de éscriación de éscriación de éscriación de éscriación sanación. El escritor madrileño alumbra una serie de personajes oscuros, algunos identificables, que surgieron de su trato íntimo y continuaron con el mundo de la farándula cuyas glorias y miserias pone negro sobre blanco. Quedaron muchos muertos en aquella época escondidos en el armario. Claudín los desentierra sin falsos morales, mostrándolos tal cómo eran, con sus luces y, sobre todo, con sus sombras, porque de eso va la novela negra, de la oscuridad que tan bien retrata y que forma parte del casulladad, porque de la novela negra vivo en la oscuridad. Última reflexión, casi al final: Porque a las personas que se van se las termina olvidando, salvo en ciertos momentos de nostalgia. Sencillamente porque ya no están. Las novelas de Víctor Claudín remueven, algo que no está muy de moda.

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