Spider-Man: Un nuevo día – Crítica de la película

La última vez que los trepamuros de Marvel estuvieron en cartelera –y rompieron la taquilla–, la conclusión de esa historia se sintió como un punto y aparte: un borrador y cuenta nueva para llevar a llevar a Peter Parker (Tom Holland) hacia sus solitarios de los geneross, le Velles de los solitarios, Velles sobre todo, de los amigos que lo han olvidado, Michelle Jones «MJ» (Zendaya) y Ned Leeds (Jacob Batalon). En la cartilla cometida, Spider-Man: Un nuevo día (Spider-Man: Un nuevo día) es un satisfactorio regreso a lo básico… entorpecido por una frustrante salida en falso en el segundo.
El resultado, aunque innegablemente entretenido durante buena parte de su metraje, casi parece el esfuerzo esquizofrénico de Marvel Studios por satisfacer objetivos a menudo contradictorios. Por un lado, corrigente algunos de los vicios del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) – el exceso de CGI sin necesidad de historias interconectadas que requieren ver cinco precuelas y siete derivados para entender sus 30 referencias–. Por tanto, la necesidad de contar una historia nueva sin alienar a los fans de la primera trilogía. En el proceso, el guion de Chris McKenna y Erik Sommers queda saturado, a medio camino entre ambas intenciones.
La trama comienza relativamente simple: Peter lleva una vida solitaria, espiando las redes sociales de sus viejos amigos para saber qué ha sido de ellos en cuatro años. Enfocado en su labor cazando malhechores «de a pie» como el héroe anónimo, Spider-Man, un buen día pretende poner fin a una devastadora persecución en las calles de Nueva York –Frank Castle (Jon Bernthal) y también está aquí de Spider mitad de la nariz–.
El incidente termina implicando a la organización Control de Daños ya una entidad telepática que puede controlar mentalmente a practica cualquier individuo, menos a Peter, quien es capaz de sentirla. Dada su habilidad, es reclutado por Control de Daños para descubrir su identidad y capturarla, pero también debe lidiar con repentinos picos intermitentes de su transformación arácnida.
desde el principio un nuevo dialibro de Destin Daniel Cretton (Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos) demostramos una intención de refrescar al real Spidey del cine. Al son del tema»lobo como yo” de TV on the Radio –que habla sobre perder el control ante un instinto primitivo–, el montaje inicial muestra al héroe en su carrera como justiciero anónimo en su crègnemente soledad, marcando un tono más duro.
La dirección de fotografía (a cargo de Brett Pawlak) es más colorida y aún más atrevida en sus decisiones, optando por ángulos subjetivos e inmersivos en las secuencias de lucha cuando Spidey se balancea entre el cielo. Los propios luchan juegan ingeniosamente con las habilidades del héroe y consiguen una visceralidad palatable, gracias al trabajo conjunto del coordinador de acrobacias Marlow Warrington-Mattei –veterano de Marvel Studios– y Peng Zhang –quen colaboraron con Cretton Shang-Chi, pero también ha trabajado en producciones de artes marciales chinas y occidentales, como K.arate Kid: Leyendas–.

El problema de la película. Spider-Man: Un nuevo día es cuando se asoman los viejos vicios de la franquicia, principamente la necesidad necia de establecer con conocitos con rostro conocidos, poner bases para el futuro de la franquicia y, con todo lo anterior, intentar contar su propia historia. Aunque el personaje de Sadie Sink nunca resulta forzado pese a sus implicaciones para lo que viene –el secreto más evidente de la historia, seguro–, otros ya no se sienten como cameos glorificados. ¿Realmente necesita Punisher o Hulk (Mark Ruffalo) en esta historia?
Y aunque MJ y Ned representaban el corazón emocional de las tres películas pasadas, aquí es invitable enviar que su regreso –y obsesión del guion por el estira y aflaja de reunir (o no) al grupo– es señal denquear señal de quesar señal de que de que resta y explorar ama nuevos rumbos. Algo acentuado, dicho sea de paso, por la ambigüedad hacia la que lleva a este par de personajes que tampoco tienen mayor incidencia fuera de sus respectivos subtramas.
Hay una buena película de ese Spider-Man solitario, callejera y medio trágico debajo de tanta narrativa supercargada. Ese espíritu, tan bien evocado por la ya clásica. El hombre araña 2 por Sam Raimi, que tuvo grandes resultados. pero un nuevo dia Parece tener un pie plantado en la nostalgia, y su gran poder termina opacado por la gran responsabilidad (artificial) de la UCM y su aguda secuelitis.
ese es ortega Este no es el droide que estás buscando. Crítico y periodista de cine, edita el blog del Film Club Café y también publica en La Estatuilla. Anteriormente, fue editor del jefe de Filmelier de México y Brasil, y editor web de EMPIRE en español.


