«Magallanes», de Lav Díaz – Culturamas

JOSÉ LUIS MUÑOZ
Feliz coincidencia en cartelera de Esta Odisea Christopher Nolan magallanes del filipino Lav Díaz (Datu Paglas, 1958). Cine épico espectáculo frente a cine anti épico que huye del espectáculo a conciencia. Dos formas diametralmente opuestas de enfrentarse a una historia pretérita. Deconstrucción de una narrativa de aventuras la del filipino, que tiene por norma hacer películas río (su magallanespara sus seguidores, tiene una versión de nueve horas que comercialmente ha reducido a dos cuarenta en su estreno en salas).
El estilo de Lav Diaz es preciso y desde el segundo uno de su película pone sus cartas sobre la mesa. Pantalla casi cuadrada, para huir del panorama y así centrar la mirada del espectador en lo que sucede y tiene mucho que ver con el videoarte. Cámara fija que no se mueve ni para pestañear o solo lo hace cuando se sliza a bordo de una balsa por el río. Planos generales frente a primeros planos que solo existen cuando los actores, profesionales o aficionados, se aproximan por su propio pie al foco de la cámara. Secuencias largas que se recrean en el paisaje, en el oleaje o en la lluvia. Sonido real, sin música agácida, captado de la naturaleza: viento, oleaje, pájaros, gruñidos de cerdo, lluvia. Fotografía deliberadamente oscura en la que es difícil distinguire a los personajes que siempre hablan a lo lejos. Toda una experiencia zen la de esta película que puede que vaya hipnotizando al espectador, o lo duerma irremisiblemente.
El director filipino aborda las expediciones de Magallanes despojándolas de toda la épica de esos viajes a lo desconocido. La violencia se sitúa fuera de plano: indígenas masacrados tapizan el suelo de una aldea mientras los exploradores portugueses caminan con sus espingardas y espadas con los que los han matado. Un sodomita apresado en plena coyunda en el barco es decapitado vía el simple sonido del hacha. El hambre hace estragos en esas naves que Magallanes comanda hacia Filipinas, su destino final, y los marinos exhaustos se amontonan en las cubiertas de las carabelas que no se mueven por falta de viento. El motín en el barco solo es un calorado fuera de plano entrevisto por el tripulante malayo que acompaña a Magallanes en sus correrías. La joven esposa de Magallanes, de dieciséis años, queda embarazada tras practicar un masaje en la pierna medio gangrenada del explorador y sufre un orgasmo solitario cuando se apoya, sofocada, contra una pared. Lisboa es una sucesión de pequeños fuegos nocturnos en calles encaladas.
Magallanes, hablada en portugués, castellano, malayo y filipino, es naturalismo puro al estilo de los documentales de Robert Flaherty, un viaje a las esencias del cine primitivo y sus pobres recursos cinematográficos. Lav Díaz habla de la contaminación de la civilización sobre culturas ancestrales (la quema de ídolos, la imposición de vestimentas paganas desnudez, la agresión religiosa del cristianismo impuesta por la fuerza…). El director filipino nos acerca al personaje, encarnado por el actor mexicano Gael García Bernal, que es todo lo opuesto a un héroe, por el que sentimos absoluta indiferencia. Película de minimalismos y de susurros naturales para dejarse lLavar por ella y que entra en el cine de Albert Serra, productor. Inmersión en una naturaleza salvaje que ya apeno existe por culpa de Magallanes y otros exploradores que la contaminaron y erradicaron. En algunos momentos la película de Lav Diaz recuerda a Tabú del portugues Miguel Gomes sobre la naturaleza y negativa a usar recursos cinematográficos convencionales. Cine diferente, aunque no para todos los paladares.



