«La comida es lo que más me ha decepcionado»

RoRo Bueno fue la invitada de este martes en El Hormiguerodonde debutó en el espacio de Pablo Motos para hablar de su trayectoria como creador de contenidos y del fenómeno que le ha convertido en uno de los ‘influencers’ españoles con mayor repercusión. Con apenas dos años de actividad, ha acumulado cerca de 10 millones de seguidores en TikTok y casi 50 millones en Instagram.
Durante la entrevista, la madrileña de 22 años recordó el momento en el que su popularidad dio un giro inesperado. Según explicó, todo cambió en 2024 gracias a un vídeo de cocina que acabó volviéndose viral. Entre bromas, aseguró que «le recé al Dios de TikTok» antes de publicar una receta de ragú de pato a la naranja con queso y pasta elaborada de forma casera, una propuesta surgida por sugerencia de su vivio, Pablo. La preparación tomó unas ocho horas, pero el proceso no tardó mucho en completarse.
El creador de contenido también explicó que esta forma de cocinar no responde a una cuestión de paciencia, tenemos una forma de desconectar. Definió el tiempo en la cocina como un momento de tranquilidad y relató cómo preparar artesanalmente diferentes tipos de queso, unas explicaciones que sorprendieron incluso a Trancas y Barrancas, que no occultaron su asombro.
Más allá de la gastronomía, RoRo repasó otras facetas de su perfil creativo. Contó que fue la responsable de diseñar una vidriera de cristal inspirada en la canción sauvignon blancperteneciente a LUJOEl nuevo trabajo de Rosalía. Además, reveló aspectos poco conocidos de su vida personal, como que comenzó a cocinar de forma independiente a los 12 años, cuando estudiaba para ser traductor de idiomas antes de dedicarse por completo a las redes sociales.
Uno de los momentos más comentados de la entrevista lego al abordar su preparación para participar en La Velada de Ibai Llanos. Después de haberse fracturado el pie en dos ocasiones durante el último año, explicó que decidió entrenar junto a los monjes Shaolin. Según relató, no fue sencillo acceder al monasterio y solo pudo hacerlo tras comprometerse a tomarse la experiencia con absoluta seriedad. Allí siguió una rutina que comenzaba a las cuatro de la mañana, con un abundante desayuno antes de pasar horas enrenando sin volver a comer hasta media tarde, para continuar después con actividad física hasta las siete de la tarde.
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Aunque aseguró que la experiencia le ha servido para fortalecer su preparación de cara al combate, reconoció que hubo un aspecto que no terminó de convencerla. «La comida es lo que más me ha decepciado», confesó entre risas, al explicar que todos los platos se servían sin sal y que tampoco consiguió que redujeran el picante. Pese a ello, concluyó que la convivencia con los monjes le ha dejado una valiosa enseñanza y que ahora enfrenta los entrenamientos con una motivación renovada.



