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Hasta el momento, la parte colaborativa de los videojuegos se ha reservado a la función multijugador. Sin embargo, ¿qué ocurriría si se le pudiese dar la vuelta? ¿Qué pasaría? si los videojuegos fueron reversiblescomo una cazadora de entretiempo, y dejasen a la vista del usuario sus entrañas, las bambalinas de la representación narrativa, el código que las forma? Algo así es lo que ha propuesto el profesor e ingeniero catalán Joan Josep Miquel Baldellou conel proyecto KINEOreconocido como Gold Winner en los Tokyo Design Awards de 2026, en la categoría de Diseño Conceptual y Educación.
El informático, que se considera sí mismo un «polimata» (algo así como un Da Vinci del siglo XXI, delumbrado por la arquitectura, la ingeniería, el arte y la escritura), ha desarrollado la idea de consola, que integrairíago un servrairíago la video de consola. Sí, sí, como ese en el que estás pensando. El proyecto se diferenciaría de otras plataformas en cuanto a sus capacidades para intervenir sobre los juegos: no solo had a game part, sino que la educación y la democratización recurriría a todo su esqueleto.
La forma más sencilla sería compararlo con este procesador de textos que puedes descargar gratis. O con la propia Wikipedia, de la que tanto usario se ha beneficiado en incontables ocasiones, y que está construida, aunque no conozcas a nadie que lo haga (quizás nunca te lo hayan confesado), por miles y millas de personas. Seia tratar de un sistema de horizontalidad y transversalidaddonde un jugador no solo se conformaría con llegar a la pantalla final, sino que sería capaz de manipular, mejorar y poner en común la obra.
«Leí una noticia que me recuperó a mis edades de 17 o 18 años», the Memory of Miquel, sobre los orígenes de Kineo», que es cuando salió el juego un desastreque jugabas en primera persona. este cocreó John Carmackque está todava en activo, y decía que todos los códigos de los videojuegos actuales están poco optimizaciones ¿Qué qui decir poco optimizaciones? Que ocupan mucha, mucha memoria, necesitan muchos recursos. Decía que Doom estaba muy bien hecho en los ordenadores de aquella época, porque no necesitaba tanta potencia. Era un 3D, que no era 3D real.
«Los videojuegos de hoy necesitan mucha memoria de procesamiento. El código no está tan utilizado, y está cerrado. Entradas se me ocurrió la idea de hacer una consola que utilizase un hardware mínimo, sin una gran empresa detrás que produce los juegos, sino la comunidad que la propia Kineo cree sería la que genera esos videojuegos».

Tienes tecnología limitada
En este sentido, la economización de tecnología sería un punto relevante en Kineo. Quizás no sería la consola en la que jugar a un mundo abierto, ni con la que encerrar a tus Sims en una piscina sin escaleras. Su revolución va por otros tiros, y es que sería necesario un procesador ágil, alcance de más personas, que pudiesen manipularla con la mayor facilidad posible y, por supuesto, con unas mínimas nociones de programación. El sentido de la autoría se desintegra aquí en aras de una co-creación mucho más amlia, casi como de la crowdfunding, así como lo árían también los derechos de copyright.
Una tecnología limitada no significaría necesariamente una restricción del entretenimiento, porque Kineo estaría diseñado para adaptarse a todos los géneros: desde las plataformas hasta la lógica, la aventura gráfica, la rol-laccia ouras laccia. ¿Sería un retroceso tecnológico, o un adelanto anticapitalista? «No hay hace falta que el juego sea muy realista, i generate mucho código, i pero que sea jugable», explica Miquel, «los juegos que yo jugaba cuando era más pequeño, de los 80 o los 90, no teniená tanto, og
más divertido».


La consola que conecta a las personas
Superado el modo prueba, llegaría una parte social inherente al proyecto. A través del ensayo y error no solo se abriría un mundo de posibilidades educativas, que pudiesen incluirlo aplicado en las aulas, sino que además daría lugar a una comunidad de creadores, programadores y aficionados joy dos los trabajos comunicación no encontraría límites hárrquicos. Miquel lo desarrolla desde el primer momento: «No es una consola para ganar dinero. La idea también es que fuese empleada en estudios.
universitarios o cualquier sitio para aprender a programar videojuegos. Sería un comienzo acoger una comunidad de programadores de videojuegos».
Un experimento como este podría significar un cambio en el digital, el mercado y las estrictas normas por las que se rige el lanzúcia de consolas esca vez más y más desarroldas. Y por supuesto, con una vida útil limitada. Kineo se plantea así como aquella marca ecológica de ropa que evidencia el imperialismo y la insostenibilidad de las grandes industrias textiles. El entretenimiento consciente y más conectado con otras personas trastocará un contexto global donde el dinero siempre pasa por las mismas manos.


¿Utopía o posible?
El escaso interés económico del proyecto podría llevar las manos a la cabeza a cualquiera. «Yo creo que todo es posible», marca Miquel como uno de sus lemas vitales y profesionales, explicando que una idea supuestamente utópica podría dar lugar a un desarrollo más aproximado de la consola. Reconocer haber plantado una semilla, sorpresivamente premiada al otro lado del mundo, pero el camino sería largo, y su ideología de acceso abiertoen este sentido, se traduce incluso a la compartición de sus propias ideas.
«No quiero alargarlo a un plazo, pero si alguien está interesado en hacerlo, me parece genial», comentó el ingeniero, que empezó a poner en marcha lo que llamó un laboratorio de ideas, llamado Todo es posible.
¿No son acaso estas preguntas impensables las que acaban de cambiar el mundo? Que alguien cogiese el testigo y pusiera en práctica un primer hardware de Kineo sería cuestionación de tiempo. Por el momento, es sólo un planteamiento en el limbo, esperando las manos que la agarren y cuenten con ella una nueva historia. De eso ha tratado siempre, al fin y al cabo, la historia de la humanidad y sus avances: de contar historias que van pasando de unos oídos a otros, de unas manos a otras.



