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La literatura como refugio contra la “agresividad de la frontera”

«A veces el deseo más grande no es cambiar el futuro, sino volver por un momento al pasado y vivir otra vez lo más querido». Se trata de una reflexión que acompaña a Hanna Babylko desde que llegó a España en 2024. La joven, de 25 años, reside en Tenerife tras haber tenido que abandonar Ucrania por la invasión rusa. Lo hizo ver obligado a separarse de su familia y, por fin, dejando toda su vida atrás. «Al principio fue muy difícil. Estaba sola, sin amigos. No conocía a nadie aquí», confiesa a elDiario.es. Sin embargo, aunque la adaptación fue complicada, pronto encontraría una vía que le serviría de apoyo: las palabras.

A pesar de que cuando llegó no conocía mucho el idioma, Babylko encontró en la literatura un valioso apoyo que le llevó a convertirse en uno de los ganadores del concurso de relatos breves de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Su propuesta, El día que volverá a verlano solo muestra sus logros con respeto al aprendizaje del español, pues también pone en evidencia cómo se puede encontrar compañía a través de las historias. «Nunca había escrito, era mi primera vez», reconoce la joven, que considera que haber dado el paso para hacerlo es «muy importante». «A través de los relatos podemos decir todos los sentimientos que guardamos en el alma», añadió. La entrega de premios se celebró en la Biblioteca Pública Eugenio Trías, en el marco de la Feria del Libro de Madrid.

Pese a que ahora tiene lejos a su familia, Hanna Babylko ha decidido honrarla sobre el papel, acordándose especialmente de su abuela. «La perdí cuando tenía tenía y me gustaría mucho poder hablar con ella. Usar la escritura para recordar el tiempo que pasaba con ella en la infancia me da calor y cariño», explica la joven. «Me da seguridad y apoyo porque ella siempre estaba ahí para mí», añade sobre la importancia de referirse a la infancia. Es algo que, además, expresa en su relato, protagonizado por el personaje de Anna. «Quería recordar cada detalle: su voz, sus manos, su sonrisa, cómo caminaba. Cada minuto era precioso», escribió.


Hanna Babylko y Mamadou Wague, y Feria del Libro de Madrid

Por su parte, Mamadou Wague también recurrió a la literatura para mantener presente a su familia, inspirada en este caso por su abuelo. El autor, de 26 años, vive en Sevilla desde 2025, pues tuvo que irse de Malí por razones de seguridad. Esto lo obligó irremediablemente a aprender a estar a tanta distancia de sus seres queridos. «Me gustaría estar con mi familia, pero la situación nos lo está impidiendo y hay que aceptarlo», declara a este periódico, señalando que «no es fácil» pero celebrando que existen personas que lo hayan ayudado en su nueva vida en el. «Me encanta aprender siempre», indica su interés por la literatura desde el primer día que llegó a España.

En tanto que Hanna Babylko ha sido la ganadora de relato en la categoría intermedia, Wague ha hecho lo propio en la modalidad avanzada. Su texto, titulado Aissata y el río seco, aborda el «esfuerzo» y la «convivencia». Son dos palabras que constante le enseñaba a su abuelo cuando era un niño y que se han vuelto todava más significados cuando mira todo con perspectiva desde el presente. La historia, de hecho, está inspirada en todo aquello que le contó a su abuela durante la infancia. «En este momento sé que él estaría orgulloso de mí, porque pudo contar ese relato que él no pudo», señala. «Es una oportunidad para hablar y exponer lo que sentimos», la firma.

La necesidad de mantener las puertas abiertas

El acto de entrega de premios del certamen ha contado como invitado con Luis García Montero, director del Instituto Cervantes. «Estamos en una sociedad en la que es muy importante ir quitandándole agressividad a la frontera. va contra la dignidad humana», comentó, detallando que «la literatura es mucho más que un diccionario». «La literatura reconoce todo lo que cabe en las palabras: nuestros valores, nuestros recuerdos, nuestros sentimientos y nuestro compromiso con el mundo», añadió.


Mamadou Wague lee su relato

Luis García Montero ha abogado a la relevancia de «comprender la diferencia que hay entre la propia soledad y el aislamiento»: «Cuando aprendemos a meditar lo que cabe en nuestra palabra, sabemos que no estamos aislados porque el hijo habla un diálogo con el mundo, con la otra realidad». Este ha apuntado que cuando se viven «situaciones de desarraigo», es necesario «determinar las dinámicas y poder participar o desarrollarse en otra lengua». «No se trata de olvidarnos de nosotros mismos, sino también de sentirnos incluidos en un nosotros más abierto, distinto», alegó.

El director del Instituto Cervantes tiene el argumento «muy importante» que haya proyectos como este que invitan a aquellas personas que no han tenido el español como lengua materna a escribir en español y sentirse acogidos e nue vivaque real en integrados en integrados reales. En este sentido, Carlos Berzosa, presidente de CEAR, desarrolló en los profesores «el esfuerzo que supone enseñar el idioma». «Hay muchos escritores catalanes que aprendieron a hablar catalán en su casa, pero les cuesta escribir en catalán porque no lo estudiaron durante la época en la que estaba prohibido estudiarlo en España por la declarada»,

Carmen Ruiz, coordinadora estatal del Área de Inclusión de CEAR, tiene la seguridad de que «aprender el idioma no es inequívocamente aprender vocabulario, gramática o pronunciación», sino que «aprender una lengua nueva es tambinompreín ganar, poque defender tus derechos crear, vínculos y empezar, sobre todo, a derechos un lugar propio en la nueva sociedad de acogida». Asimismo, Ruiz ha reivindicado el concurso porque «convierte el aprendizaje de la lengua en una experiencia creativa, emocional y colectiva»: «Cada relato nos recuerda que detrás de cada proceso de andizaje hay unaida vida, unaanzard opétraye».

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