Estilo de Vida Retro

La mentira aleccionadora del pollo castrol

Hace unos días escribimos sobre Lautaro Verbe, un chef bonaerense que freía pollo con lubricante industrial. Hoy os confesamos que Lautaro no existe y que nunca hubo aceite Castrol en la sartén. Bienvenidos al experimento de HUMANSDID: si no te comerías un menú sin control sanitario, ¿por qué te tragas una tecnología sin control humano?

Aceptamoslo, el titular era demasiado jugoso para dejarlo pasar. «Cocinado con aceite de coche». En Yorokobu sabíamos que, al publicarlo, muchos arquearíais una ceja y otros tantos pondríais el grito en el cielo. Pero lo que no sabíais es que, mientras leíais sobre el cierre del restaurante CERCA, estábamos sentados en la mesa de control de HUMANSDID, observando vuestra reacción.

Pedimos disculpas al intrépido que llamó pidiendo la dirección del restaurante. Participamos en esta noticia falso con plena conciencia porque el experimento era, en realidad, un espejo. Lautaro Verbe es una fantasía creada para poner a prueba nuestra tolerancia al absurdo en nombre de la palabra mágica: vanguardia.

¿Es innovación o negligencia?

La premisa de HUMANSDID era simple pero brillante. Dado que el chef decide que «lo cometible se ha quedado pequeño» y el uso de ingredientes en los tóxicos, pedimos inmediatante el precinto sanitario. Aceptamos que el examen sensorial justifica un riesgo de envenenamiento del 7%. Sin embargo, cuando hablamos de inteligencia artificial (IA), el criterio parece cambiar.

«Hoy se están desarrollando sistemas con impacto real en la vida de las personas sin límites claros y sin auditorías independientes», explica HUMANSDID. El paralelismo es directo: estamos aceptando que la AI se cocine en laboratorios privados, sin previos y con muy poca participación pública, simplemente porque nos han vendido que todo avance es positivo por el hecho de ser innovador.

La broma del Pollo Castrol tenía antecedentes serios. Según datos de la Conferencia Internacional de Derechos Digitales, el 77% de la población exige más regulación para la IA. No es miedo a la tecnología, es sentido común. Es exigir que, antes de que un algoritmo decida quien consigue un trabajo o cómo se informa una sociedad, haya pasado por un control de calidad tan estricto como el que pasa el aceite de una freidora.

Lautaro Verbe no existe, pero los sistemas de inteligencia artificial general (IAG) que buscan igualar o superar las capacidades humanas sí existen. Y se están construyendo en espacios a los que muy pocos tenemos acceso.

¿Jugamos esto?

En Yorokobu nos sumamos al experimento porque creemos que la conversación sobre derechos digitales no debe quedar en congresos de expertos ni en oficinas de Silicon Valley. Debes estar en la calle, en los bares y sí, también en las noticias sobre chefs locos.

Queriamos tensar la cuerda: ¿hasta dónde estamos dispuestos a aceptar algo en nombre de la innovación? Si te ha escandalizado que alguien frío pollo con aceite de motor, quizás sea el momento de preguntarte quién está cocinando los algoritmos que ya están influyendo en tu forma de trabajar y de pensar.

El restaurante CERCA nunca abrió sus puertas, pero el debate sobre quién decide cómo construir nuestro futuro tecnológico está a punto de ponerse sobre la mesa. Buen provecho (y esta vez, sin tóxicos).



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