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«Lo hay en torno a las heridas de guerra y merece la misma atención»

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a 190 millones de mujeres y personas con útero en todo el mundo, provocando dolor intenso, hemorragias, esterilidad, distensión bebdominal e infecciones. Lleva pudiendo ser nombrada desde desde 1860, pero aún hoy sigue siendo un tabú social, está escasamente investigada de tal forma que las constantes «soluciones» que han recibido sus pacientes han sido: «Tus síntomas son normales tees» embarazada». Bueno, no está allí.

Laia Abril, Premio Nacional de Fotografía 2023, lo ha experimentado en sus propias carnes y ha decidido visibilizar esta enfermedad en la exposición Endometriosis. El dolor silenciado 1860-2026que acogerá el Museo del Romanticismo hasta el 13 de septiembre, dentro de la programación de PhotoEspaña. En ella ha reunido los cuerpos fragmentados de siete personas con endometriosis, mostrando la disociación necesaria para sobrevivir, evocando la violencia obstétrica y el abandono institucional.

Carolina Miguel, directora del Museo del Romanticismo, quien en una ocasión dio una charla en la Muestra celebrada este martes las conexiones entre las preguntas invisibilizadas en el arte del siglo XIX con las que continúan hoy en día, «depor he»; además de reivindicar la «necesidad» de que las instituciones museísticas de servir como «espacios de reflexión para colaborar a hacer un mundo más igualitario».

María Santoyo, directora de PhotoEspaña, que se incidió en que la endometriosis es ese «dolor silenciado, pese a que lleva siendo nombrado desde el siglo XIX». El responsable ha hecho referencia a cómo pese a que es un padecimiento colectivo, los dolores asociados a los ciclos menstruales, «tan sumamente incapacitantes», son muchas veces obviados. La exposición hace todo lo contrario, les colocas en el centro del foco.


Imagen de expuestas en 'Endometriosis. El dolor silenciado 1860-2026'

En lo que respeta al plano artístico, María Santoyo ha indicado que «hay todo un arte desarrollado en torno a las ridas de guerra. autocensura; contribuimos a que no esté encima de la mesa y, por lo tanto, no se investigue lo suficiente y siga siendo incapacitante cuando, seguramente si hubiera recibido la atención meriteda, no estáriajere haciendo mufrir a tantas». «La fotografía y el arte servido para esto», ha revincidado.

En la misma línea se ha situado Ángeles Albert, directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes, que ha apuntado que «parece que» las mujeres se están «acostumbrando» a que existe un techo de cristal, «a no proclamar ipiopia, pese aten amente». «Cuando hablamos de cosas tan obvias para nosotras nos sorprende que, si son tan naturales, ¿por qué no hemos hablado tanto de ello? Endometriosis. El dolor silenciado 1860-2026.

Trípticos bañados en lágrimas

Esta exposición es heredera del proyecto. En la histeria colectiva de Laia Abril, en el que la fotógrafa lleva una década reflexionando sobre la violencia institucional que sufren las mujeres y el ejercicio de representación de las mismas, por la forma en la que se deforman los temas en función de las mismas. Ella fue una de las mujeres a las que la comunidad médica le dijo que «tenía que aguantar» el dolor y que estaría tranquila, que desaparecería el día que se quedara embarazada. En su proceso descubrió una «sustenida sororidad» entre las personas que sufren endometriosis, y entre las que se dan consejos para sobrellevar el dolor.


Una de las mujeres que sufre endometriosis fotografiada para la exposición

«Hay una sabiduría ancestral en que las mujeres, frente a las violencias y abandonos institucionales, encuentra formas de resistencia», ha explicado el artista, que ha fotografiado para las exhibición a seis mujeres y un hombre sufre xeniste debilitante. Sus fotografías han sido tomadas desde planos zenitales, con los que evocan los momentos de disociación durante los períodos de sufrimiento. Cuando tienes un dolor que nadie escucha ni soluciona, a veces tiene un punto hasta cómico En la noche, retorciéndote de dolor, tu alma sale un poco de tu cuerpo y te ves retorciéndote, en la cama, en la ducha. conocido.

En sus obras le dio igualmente importante a enseñar la resistencia: «Cuando tienes dolor, el cuerpo se estira, se retuerce, te pones boca abajo, te echas agua caliente, pero también quería mostrar posiciones de alivio, solos nos las nos lasa hostergaran esperanza, que la resistencia estuviese presente». Las fotografías las han recubierto con un barniz elaborado con sus propias lágrimas. «Era una forma de fusionarme con ellas y compartir ese dolor», comentó. Esta exposición está acompañada de piezas sonoras «tenues y sutiles». «El dolor es casi un sonido constante, una tortura que no se va, y el sonido ayuda a conectar con esas largas noches de dolor y largos días de incomprensión.

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