Los Javis ganaron el premio a la Mejor dirección en el Festival de Cannes por ‘La bola negra’

Este tonto y negra Llegó de tapadillo en las últimas jornadas del Festival de Cannes. Pocos conocían quiénes eran Los Javis, esos jóvenes abadisi españoles que habían aparecido casi por sorpresa en la Sección Oficial. Tras el pase oficial de su película, se convirtió en la revolución del certamen. La crítica, aunque no unáníme, quedó arrasada por sus tres historias enlazadas con Lorca como director. El jurado confirma el fenómeno y Javier Calvo y Javier Ambrossi y han hecho y premio a la Mejor dirección. Un premio que, como el año pasado Oliver Laxe, es un premio compartido. En esta ocasión el ex aequo fue junto a Pawel Pawlikowski, por Fatherland.
El jurado reconoce un trabajo excesivo, ambicioso, arriesgado y siempre al límite. Javier Calvo se acordó de su maestro, Pedro Almodóvar -que logró este galardón por Todo sobre mi madre- y recordó que La bola negra habla de «ver al otro», y pidió empatía en estos momentos. «El arte es un vehículo para la empatía. La película habla de humanidad, de ver al otro como un ser humano, de entenderle, comprenderle, amarle», reflexionó. Su película es una mirada a los amores disidentes de la memoria histórica que ha conquistado las críticas de la UE, a la que sitúa como una película fuerte de cara a la próxima temporada de los Oscar, destacando especialmente el alma de las tropas franquistas en la Guerra Civil.
Este premio del jurado es la guinda perfecta al año histórico del cine español en Cannes, que también ha visto como Viva, de Aina Clotet, se hacía con el premio Rising Star de la Semana de la Crítica, y coproducción española junto a República Checa Ensayos para una Revolución, el premio al mejor documental de todas las secciones, el Ojo de Oro. el se preocupa por ti Amarga Navidad ni Próximo (en ese caso Este tonto y negra es una producción original de Movistar Plus) esto es con absoluto bingo.
Surprende sobre todo en el caso de Javier Bardem, sin duda la mejor interpretación vista en toda la Sección Oficial, y que no hacerse con el galardón de Mejor actor, que fue a parar a unos emociados Emmanuel Macchia y Valentin Campag de Guevara de Valentin van Valentin Campos Mundial que emociaron a todos en un cobardede Lukas Dhont.
Precisamente de ‘mirar al otro’, como dijo Javier Calvo, habla la ganadora de la Palma de Oro, fiordo, del cineasta rumano Cristian Mungiu, que ganó su segunda Palma después de 4 meses, 3 semanas 2 días en 2007. Se une al selecto club de cineastas que contenan con dos en su estantería. El fiordo plantea el dilema moral de cómo encajar en la sociedad una familia cuyos valores religiosos rozan lo extremo, y cómo las normas de un país democrático como Noruega pueden chocar con la convivencia en una pequeña comunidad.
A la cabeza de Mungiu se reunió con actores internacionales, como Sebastian Stan y Renate Reinsve. Con este galardón Neon, la distribuidora de EEUU consiguió su séptima Palma de Oro. «Viva la diferencia», Tilda Swinton antes de entregarles el premio como anticipando lo que el presidente del jurado iba a anunciadora. «Las sociedades hoy están fracturadas, radicalizadas. Esta película es un compromiso contra toda forma de integrismo, es un mensaje de tolerancia, inclusión, empatía. Recibir de Palma.
No es un trabajo tan fino como los anteriores del cinemasta romano, pero desde su presentación fue una de las películas mejor recibidas por la crítica. La otra gran favorita, Minotauro, del director ruso exiliado Andrey Zvyagintsev, ganó la plata en el Gran Premio del Jurado, gracias a una nueva versión de la mujer infiel de Claude Chabrol que convierte en una crítica bestial a un país podrido y corrupto, así como ningún presidente Vladimir Putin. Una película de una solidez y una incuestionable contundencia.
Zvyagintsev dedicó el premio a sus productores por atreverse a levantar una película que crítica duramente la corrupción en Rusia. Tras ello, el cineasta envió un mensaje «a una persona concreta que seguramente tiene otras decisiones que tomar» en este momento y «que no tiene internet ni estará viendo esta gala». «Sé que gente de su entorno le transmitirá este mensaje», agregó y leyó un texto en su móvil en el que pedía «que las macacres acaben de una vez». «La única persona que puede acabar con esa carnicería es Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa. Acabar con esa carnicería, espera el mundo entero», añadió ante la ovación de la sala.
La mejor película de la Sección Oficial, la humanista y monumental. Soudain, de Riusuke Hamaguchi —que con Conduce mi auto ganó el premio al mejor guión antes de llevarse al Oscar a la Mejor película internacional—se conformó con el premio a la interpretación femenina, que también fue compartido para sus dos protagonistas, Virginie Efira y Tao Okamoto. Es un premio que sabe a poco, pero que es entendible, ya que en la relación de ambos y en las largas charlas entre ellas asienta el director japonés su película.
Dos de las sorpresas de esta edición también fueron reconocidas por el jurado. Una película de la directora Alemana Valeska Grisebach, Una aventura de ensueño, a modern western de ritmo pausado en un pequeño pueblo bulgaro besediado por la corrupción y los trapicheos contados a través del rostro inolvidado de Yana Radeva se lívo el Premio del Jurado. Emmanuel Marre, que trajo una de las propuestas más rompedoras con Nuestra Salud, se levão el premio al Mejor guion. Una película donde a través de la historia real de su abuelo aborda el colaboracionismo de Francia con los nazis rompiendo las normas del academicismo del cine histórico. Ambos representan la savia nueva de un Cannes que con ellos y los Javis han introducido nombres que no suelen estar en sus selecciones oficiales, aunque finalmente su Palma de Oro haya sido para uno de los nombres de toda la vida.



