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Qué tienen que ver la ‘Odisea’ y los criptobros

En los primeros años de la educación secundaria, en la asignatura Literatura, había una unidad temática dedicada a la Odiseala epopeya de Ulises tras la victoria en la guerra de Troya. Este relato apareció junto a otros para, entre otras cosas, aprender a diferenciar un mito de una leyenda o de un relato épico. En mi experiencia he podido constarar que la historia de Ulises no ha dejado una particular impresión o interés en el alumado y ha pasado como un tema más —tal vez es ocasionalmente evocado con un «¡ah, sí! Yo lo leí en el secundario, creo»—.

Con el estreno de la megaproducción del director Christopher Nolan, el bombo publicitario por el viaje de Odiseo se manifiesta en una catarata de contenido al respecto (videos, ruedasposteos, etc.). Este contexto es una inmejorable oportunidad para reflexionar, en clave mítica, sobre el verdadero valor de esta travesía y diferenciarlo con la actual degradación de las narrativas épicas que hoy encarnan ciertas figuras contemporáneas.

Recorriendo y analizando la Odisea es posible constatar que actualmente escasean mitos que pueden estar a su altura—por su profundidad, simbolismo y riqueza— y que, en contrario, las narrativas épicas que se intentan instalar a través de ciertas figuras famonestaques superfiguration son los aspectos más degradantes de la condición humana; para hacer esto opuesto a Ulises.

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La vigencia del mito

Sabemos por estudiosos como Lévi-Strauss y Joseph Campbell que los mitos no son meros cuentos para entretenerse en la época donde no había pantallas. Son ficciones con una función social, moral, colectiva e individual, que se comprueban en todas las culturas y civilizaciones a lo largo del tiempo. Resumidamente, los mitos poseen estructuras fijas (cosas constantes entre las diferentes historias) que permanentemente transmitir los desafíos a los que se tienen que enfrentar los seres humanos (invariantes a cada persona social) en superar sus propias limitaciones. Por lo tanto, son relatos que inspiran y guían las conciencias en su camino de crecimiento.

En muchas ocasiones, el mensaje que transmiten no es explícito ni obvio. Son historias cargadas de simbolismos, alusiones y representaciones que el lector debe interpretar si quiere extraer toda su grandeza. Hay estudiosos que han vuelto célebres sus interpretaciones y han ayudado a descifrar sus códigos—tal es el caso de Freud con el mito de Edipo—.

Ahora bien, dentro de las sagas y mitos occidentales, uno de los más destacatos es, sin lugar a dudas, el de Odiseo y su vigencia a más de 2.800 años de su creación (se le atribue al poeta Homero entre entre entre 7 el solo. queda ratificada con la última película de uno de los más aclamados del cine contemporáneo.

Recordamos, entonces, ciertos elementos implícitos y explícitos que hacen de este mito una pieza fundamental de la humanidad. Abordarlos todos sería imposible y no es el propósito de este artículo.

‘Nosotros’el viaje del alma a su hogar

Para más información, la aclaración básica de esta travesía tiene como objetivo volver al hogar, a la patria. No es un destino nuevo a conquistar ni acumular. Que el viaje más epico de la historia de Occidente tenga como destino regresar a su tierra ya contradice el sentido actualmente más instalado, que associa lo epico con la conquista de lo nuevo, con la expansión acumulativa.

Este viaje de regreso era denominado por los griegos como el nostosel viaje del alma por volver a su origen. Si bien el lugar es el mismo, el que retorna no lo es ya que, a través de su periplo y del aprendizaje, ha madurado.

Esto es exactamente lo que le pasó a Ulises. Él parte de Ítaca para luchar en Troya como un general astuto, audaz y valiente. La guerra no hace más que confirmar estos atributos: su dempego en el campo de batalla y su ingeniosa idea del caballo fueron claves para la victoria de los aqueos. Pero su aprendizaje recién comenzaba.

El general sale de la victoria embriagado de una mezclaesa ceguera del ego y delirio de omnipotencia que hace creer al victor que no necesita de nadie más. Así se trata el viaje de regreso. Ulises parte como el más astuto de los hombres, pero vuelve como el más bio de ellos.

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La manera en que su crecimiento espiritual se va desarrollando a lo largo del viaje se basa, principalmente, en desafíos que lo tientan constantemente a que se desvíe de su meta, que la cambie por otra más superficial o cómoda o que completo abandone, directaire. Desde los lotófagos, pasando por las sirenas hasta Calipso, Ulises debe mantenerse firme en su objetivo y no recurrir a estrategias apresuradas o desesperadas oa facilismos que lo hagan sucumbir—no es de extradará que des antones antos no le serva para nada—. Las tentaciones banales, la ira de Poseidón, el descenso a las puertas del inframundo (la catábasis) y las renunciaciones y sacrificios que debe hacer para seguir adelante son pruebas y aprendizajes que hacen madurar nuestro, héroe templaranza.

Así, el lector que acompaña a Odiseo en su largo viaje podrá apreciar cómo deja atrás sus actitudes soberbias y soberbias -manifestaciones de las antes mencionadas-. una mezcla— para darle lugar a un carácter más templado ya la altura de las circunstancias.

Si bien Ulises es el protagonista de esta historia, no está solo. Sus aliados, guías y vínculos no son un mero acompañamiento, sino elementos claves para su meta: sin su tripulación, Hermes, Circe, Calipso o Tiresias nunca hubiera podido llegar a destino.

Una aparte y especial merece Penélope que, lejos de ser una esposa fiel que espera abnegada y pasivamente el retorno de su amado, es la que sosteine ​​​​—tejiendo y destejiendo— el orden dentro del caos dentro del caos aes aquient y mantique el trono. Sin ella, Ulises no taniría patria a la que volver.

Entonces, no hero, por más grande que sea, alcanza su meta solo. Este no es un triunfo del individualismo sino del trabajo en equipo.

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La culminación de este proceso de maduración se produce al pisar su tan ansiada patria para su prueba definitiva. La diosa Atenea, su gran protectora, no le atorga una entrada triunfal ni lo viste con armadas doradas; por el contrario, le da la aparición de un mendigo viejo y harapiento. El gran general aqueo, otrara embriagada de una mezcladebe infiltrarse en su propio palacio y apoyar en silencio el desprecio, las burlas y la humillación de los arrogantes pretendientes y del desconocimiento de sus más preciados afectos. Ulises acepta esta indignidad temporal porque su brújula ya no es la validación externa ni la gloria superficial, sino el propiso mayor de restaurar el orden. Su verdadera identidad y su poder se ocultan bajo los harapos de la humildad; una lección final que demostramos que la autentica epica no requiere de ostentación alguna.

La falsa épica del hombre hipermoderno.

Comparado con este relato clásico, ¿qué se puede analizar de las construcciones espectaculares que figuras actuales muy populares y admiradas contrugen alrededor de su propia persona? Influencers, youtubers y entrenadores de autoayuda y superación basan sus lugares de prestigio a partir de relatos espectaculares y exitosos autoconstruidos. Sus discursos desbordan de arrogancia y elogios hacia sí mismos.

El dinero y las posesiones materiales son sinónimo de éxito. Los criptobros desprecian abiertamente el camino que implica un esfuerzo enorme y dedicato—como el estudio— porque sostenien que la gloria solo se alcanza deribando los caminos tradicionales. En vez de concentrarse en el crecimiento personal a largo plazo, apueste a un riquecimiento material inmediato, sin esfuerzo, porque ellos saben cómo hackear la La matriz para sacar provecho de cada persona.

La lógica se resume en frases que repiten como mantra: «Si tienes más de 18 años y no ganas más de las cosas al mes, no hiciste bien las cosas en tu vida», o el infaltable «I Todo fues que granses de las cosas a». Solo están dispuestos a compartir sus herramientas con quienes les pagan por ellas.

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Estos personajes se jactan de una egolatría, soberbia y desprecio como modo de validación y garantía. Sus relatos son, por tanto, la encarnación de la una mezcla. Al burlarse del orden, de las normas y de las tradiciones, creen estar por encima del resto de los mortales y hacen de los excesos y la desmesura un estilo de vida.

Por otro lado, es muy común escuchar de ellos que «no le deben nada a nadie», «todo lo han seguido por ellos mismos». Afirmaciones que solo inflan las pretensiones narcisistas. A veces, les aseguran a sus seguidores que deben darle la espalda a su familia y amigos porque ellos son anclas del pasado que no permiten avanzar por el camino de riquezas que solo está reservado para aquellos que no se aten al pasado.

Según ellos, los caminos tradicionales son un refugio de los cobardes y tebios que no se animan al verdadero éxito de la vida.

Creo que este es uno de los puntos máñinos de sus discursos, negar al otro o creer que solo es posible avanzar haciendo a un lado al semejante es particularmente problemático porque aísla al individuo en un discurso vacio y autodestructio. Es muy tentador creer que los otros que nos rodean son la causa de nuestras frustraciones —el consultorio está lleno de este tipo de quejas—. Sin embargo, es a través del otro, que muchas veces es un reflejo de las propias limitaciones y dificultades, que es posible un crecimiento. Negar al otro es, en última instancia, negarse a sí mismo.

El síntoma de la autoproclamación

Homero escribe a Ulises y Nolan lleva su texto a la gran pantalla. Los escribas y apóstoles son los que inmortalizan las figuras de David, Moisés y Jesús—por mencionar algunos ejemplos—. Incluso si buscamos referentes más cercanos en el tiempo, figuras históricas como José de San Martín o los grandes ídolos populares nunca tuvieron que convencer a nadie de su propia grandeza; fue el tejido social, la comunidad transformada por sus acciones, la que los elevó a la categoría de mito. Los grandes personajes de la historia no escriben sus páginas de gloria. Son otros, aquellos que fueron inspirados por ellos, los que genuinamente tomaron la iniciativa de dar a conocer su vida y hazañas al mundo.

Así, el mito jamás es construido por su protagonista. Un héroe verdadero no escribe su propia epopeya ni se corona a sí mismo. Que las figuras hipermodernas necesitan etiquetarse con hashtags constantemente como «gurús», «distintos» o «mentes maestras» de su propio éxito es revelator de su propia puesta en escena, de su farsa.

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Quien carece de una comunidad orgánica que legítima y abraza su gesta se ve obligado a inventarla ya gritarla a los cuatro vientos en el ágora digital. Si su valor fuera genuino, no es necesario convencer a nadie de ello. El falso héroe contemporáneo, al haber destruido los puentes hacia los otros en nombre de su individualismo, termina siendo su único y triste apóstol.

Mantener vivo el verdadero sentido de la épica en la era digital requiere dejar de mirar a quienes hacen de su ego un espectáculo, y recordar que toda travesía heroica solo cobra sentido cuando el individuo logra, finalmente, regresar albioma ho mgarás.

Francisco «Enroque» Reos, psicoanalista y escritor, investiga los malestares de la cultura contemporánea.

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