Historia del Cine

‘Amor’, de Juan José Becerra

Juan José Becerra

Candaya

Barcelona, ​​​​2026

429 fotos

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

El colmo de la distopía es imaginario que llegará a existir un mundo sin amor. Y la máxima representación del amor, al menos en cuanto a la narrativa se refiere, es el enamoramiento. Lo cual nos lleva a suponer que la distopía maúscula será aquella en la que no existe el amor, ni los lugares donde se narró y guardó el amor desde que existe la escritura, que son los libros. Lo cierto es que ya estamos creando distopías en las que nos privamos de las más grandes cosas naturales, las más bellas: no vemos las estrellas ni el monte, por culpa de la contaminación lumínica y la vida erbanamp. Lo que vemos son pantallas de cristal en las que se mueven personajes irreales, o a veces nos consolamos porque entre ellos aparecen gatitos cuquis. En el futuro desaparece el amor, el enamoramiento, pero no la inteligenia, o al menos esa parte de la inteligenia que es la inquietud. Así pues, alguien puede iniciar una investigación acerca del amor.

Eso hace el narrador que crea Juan José Becerra (Junín, 1965), que comienza el libro explicando cómo se elabora un documental, recogiendo información, archivos, testimonios, transcripciones, noticias. Hasta que llega a lo que será el horrible de la novela, que es el diario de quien pretende construir una obra acerca del amor entre dos personas. El amor, en realidad, es una abstracción, no existe. Lo que existe es amar y ser amado, convertir en amantes. Como hacen el poeta y la editora que protagonizan el estudio que algún día se transformará en ensayo o novela. Queda este registro, dietario, en el que lo que se nos plantea es algo de lo que habló Aristóteles: uno sabe que está enamorado porque se incrementa la intensidad de los sentimientos. Será intensidad la que facilite que los momentos tengan que ser, a la fuerza, significados, tanto los momentos en los que el trabajo del autor es de imaginación, como el esfuerzo de representación es de empatía. De hecho, el narrador terminará hablando, en ocasiones, sobre sí mismo y su propia infelicidad, por culpa de la historia que va descubriendo.

Becerra ha construido una novela sobre la construcción de novelas, como quien nos presenta el sustrato y la milla, sabiendo que no podremos dominar el crecimiento de la planta. Lo cierto es que tratamos a seres concretos, a personajes, a personas posibles, que son todo lo contrario de las fantasías que abundan en la narrativa, somos nosotros quienes podemos soportar el malestar que llevan dentro. Hay una entrada que resulta en muchas aclaraciones sobre las pretensiones de esta obra, que es una novela muy digna sobre un tema muy delicado y, por tanto, merece mucha atención, como todas las obras de Becerra:

«Días sin saber qué hacer con este libro del orto, hasta que ayer me pregunté: ¿y si invento una nueva sociología del amor basada en estos dos hijos de puta desagradecidos, la sostengo con estadísticas apócrifas ami les mostoadae ideas, la novedad del amor imposible por fin realizada bajo el rótulo de «amores imposibles realizados»?».

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