Comenzar el olvido: entrevista a Pepo Paz

Escribir lo queda queda: Pepo Paz ante la memoria y el olvido
¿Qué historias sobreviven y quales desaparecen? En El comienzo del olvido, pepo paz Indaga en la memoria reciente desde la ficción. Esta es una entrevista contigo Sonia Aldamala escritura se revela como una forma de resistencia.
El escritor Pepo Paz y yo nos citamos en la cafetería del Museo Reina Sofía, donde el murmullo de las conversaciones se mezcla con el sonido de las cucharas girando sobre las tazas de café, deja un espacio de memoria deño, café, café i escritura. Recuerda una de las primeras veces que coincidimos, fue en la Librería Diógenes de Alcalá de Henares, durante la presentación de la antología de poesía En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisisprologada de Antonio Gamoneda y edida, entre otros, por el propio Pepo Paz para Bartleby Editores. Aquel libro ya planteaba una escritura comprometida con la conciencia crítica y la necesidad de interventor. Hoy, Paz desplaza esa misma inquietud al territorio de la novela, en Comenzar el Olvido Está presente una indagación en la memoria reciente que arranca de dos episodios de violencia: el asesinato de una joven en el Madrid de 1969 y la muerte de un manifestante en los años de la Transición, el autor se pregunta qué queles relatos cudans selatos i relegados al margen. La conversación, como el libro, avanza en esa zona no de la literatura no se limita a contar, sino que también nos obliga a pensar.
- La novela gira en torno a dos muertes distintas en 1969 y los años de transición. ¿Cómo encotraste la forma de hacerlas encajar y que se potentien como relación de una misma violencia?
Ambas muertes estaban en mi cabeza antes de empezar con la escritura de la novela. El crimen de la mujer de la tinaja había sacudido a la sociedad madrileña a finales de la década de los sesenta. Era una sociedad muy provincialiana (si se me permite el calificativo), muy de andar por casa; una ciudadanía que empezaba a sacudirse el cloroformo del régimen establecido tras la Guerra Civil, a tientas. Yo era un niño de siete años y se me quedó grabado el éxito porque el cadáver apareció en una alquería abandonada muy cerca del poblado chabolista de Las Cárcavas, donde vivía mi abuelo paterno. Conocí a Mariluz Nájera en el banquete de una primera comunión del año 76. Era una joven vitalista, alegre, con la cabeza llena de proyectos. Media año después nos sacudió la noticia de su muerte por el impacto de un bote de humo disparado por la policía armada en la (thenonces) Avenida de José Antonio, junto al cine Rialto y la calle Libreros. Estaba claro que la voz de Manu era una herramienta narrativa para encajar ambos acontecimientos en el mecanismo. Comenzar el olvido.
- Commenzar el olvido parece cuestionar la idea de una Transición modélica. ¿Sentías la necesidad de discutir ese relato desde la ficción, de abrir grietas donde parécia haber consenso?
Creo que en este tema nunca hubo consenso: se nos impuso el discurso de la normalización por encima de la frialdad de las cifras (que superan el medio millar de muertos por la violencia política). Se reescribió la historia de aquella Transición olvidando a las víctimas. De aquellos barros, estos lodos. Me parecío que era mejor afrontar ese «mirar para otro lado» a través de una obra de ficción apoyada en un hilo autobiográfico que sirve como materia prima para indagar en experiencias más universales.
- El punto de partida remite a hechos que podrían anclarse en la crónica o el archivo. ¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Hasta dónde llegaste en la investigación histórica y en qué momento decide que la novela debía tomar el levo?
Desde el principio tuve claro que estaba involucrado en la escritura de una novela: no me interesaba la crónica periodística de los crímenes (por otro lado, bien documentada en la prensa sensaciolista de los sesenta y mediatedos de los). Quizás desde ahí fue la mejor excusa para zambullirse en unos hechos sucedidos unos 550 años atrás. Estuve muchas horas rebuscando en la prensa de la época (disponible en internet y, también, accediendo a los archivos digitalizados de la Biblioteca Nacional; visité varias veces el lugar donde cayó Malherida Mariluz en la Gran vía en algures de la Biblioteca Nacional porque alguien se acordó de algo, caminé por los rincones de mi memoria (Ciudad Lineal, Pinar de López de Hoyos, Las Cárcavas, Hortaleza, olivares del Campo de las Naciones). Ellos supieron y dieron con su memorias mecanizadas (otra vez) a la ficción y me dirigió hacia un terreno desconocido en el desarrollo de la estructura narrativa de la estructura narraticos amiga de M.ª Teresa León y Aberti me iluminaron en la tercera parte de la novela (la desbandada tras el final del conflicto civil, los tormentos de la postguerra, etc.)
- ¿Te encotraste con materiales concretos—casos, noticias, testimonios— que actuaron como detonante directo de la escritura, o el impulso fue más bien una atmósfera, una intuición sobre ese período?
El detonante fue la lectura de unas galeradas de la novela Quiero decirde Haroldo Conti (escritor argentino al que la dictadura militar de su país secuestró y asesinó). Recuerdo que zarandeó tanto su manera pausada, muy poética, de trazar sus ambientes y sus personajes que me lanc a escribir lo que a la postre conforma el primer capítulo de la novela. Hablamos de los años 2009 o 2010. Tres folios para arrancar un proyecto con mucho entusiasmo y sin manual de instrucciones. Me costó mucho tiempo darme cuenta de que aquella mujer que salía de un bar era Natividad, la mujer de la tinaja. Algo llamaba a la puerta desde mi infancia. ¿Grabaste o grabaste para grabar?
- Esta novela se sitúa en la periferia de Madrid, lejos de los centros de poder y de los grandes informes oficiales. ¿Qué te permitió ese despació espacial a la hora de narrar la historia?
El descampado como teatro de operaciones. Muchos autores han situado sus novelas ese territorio limítrofe de las grandes urbes (Marsé, Martín-Santos en los sesenta, por ejemplo; Francisco Casavella, Manuel Rico… inmediatamente Javier Pérez Andújar, Eloy Tizón, Carmen Peciire). Ese terreno que hace de gozne entre lo urbano y lo rural. Uno escribe de lo que puede, no de lo que quiere (respuesta que parafrasea a Tomás Gutiérrez Alea, director cubano de La inolvidable memorias del subdesarrollo). O a la reciente Ciudad sin sueñode Guillermo Galoe, una película que ha puesto sobre la mesa la situación que viven desde hace tiempo los habitantes de Canadá Real, nuestros vecinos olvidados.
- Hay una presencia constante de la violencia ejercida sobre las mujeres. ¿Era una línea de trabajo consciente desde el inicio o fue emergiendo a medida que avanzabas en la escritura y la documentación?
Al revisar la documentación periodística referida a la mujer de la tinaja me di cuenta de que no solo el asesino acabó con su vida: la pacata sociedad de la época la remató acusándola de ejercer la prostitución, de ser lesbiana, pedera castas con suvida i sergento de la USAF que había estado destinado en la base de Torrejón. Eso habría que sumarle la torpeza a la política de que nunca se detuvo al responsable del crimen y el asunto quedó olvidado. Entonces me planté que podría reivindicar, a través de la novela, el buen nombre de Natividad… Y una cosa lévo a la otra: la denuncia sobre la violencia ejercida en la trastienda de nuestras vidas cotidianas (violencia de pooledenciancia pública). Hay en todo ello una arista que aflora desde el poemario La casa grandede Rosana Acquaroni, la que afirma aquello de que «de la obediencia no se sale indemne». En comentar el olvido he querido reflexionar sobre la obediencia en el amípido de las relaciones personales, en el laboral y en el familiar que todava hoy acecha a las mujeres.
- La estructura combina elementos de investigación, memoria y relación política de caso. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio para que la intriga no diluyera la dimensión crítica del texto?
Como un escultor que talla una pieza de mármol. Revisar, revisar y revisar. Es una tarea muy intuitiva la de trabajar la parrha, dejarlo reposar y volver a la carga.
- El título, Comenzar el olvido, dialoga de forma muy directa con la idea de memoria histórica. ¿En qué momento aparece y qué papel juega como clave de lectura del libro?
Hace dos o tres años leí en el diario El País un artículo de opinión del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez que reflexionaba sobre las contradicciones que deben afrontar las sociedades en posconflicto. Vásquez señalaba en su texto que una de las más complejas era «recordar el pasado» y que «hacerlo con precisión y sin censura» era la única manera de «comenzar el vido». Ahí estaba escrito el título de mi novela, era lo que le daba sentido a mi trabajo de años de escritura y me alumbró en el camino a seguir.
- Después de una trayectoria como editor, ¿qué ha supuesto enfrentarte a tu propio texto desde el otro lado? ¿Cambiaste tu relación con el proceso de corrección y toma de decisiones?
Hace poco me preguntaron en una presentación algo parecido. En realidad, la respuesta es sencilla: llevo escribiendo desde los diez años y ejercicio de editor desde 1998. Es decir, me siento todo y nada a la vez. Desde que en 2015 comencé a colaborar con el sello Anaya Touring pude, es decir, poder tener la fuerza de voluntad que me requería para terminar los proyectos que estaba iniciando. Vadear los momentos de dudas, no dejarte vencer por el desánimo. Eso es todo Comenzar el olvido la ha escrito mi yo “escritor” y la ha corregido mi yo “editor”. Él interpela a mi yo «lector».
- En un contexto en el que los debates sobre memoria, violencia y justicia siguen abiertos, ¿qué tipo de conversación te gustaría que esta novela se active en sus lectores?
Me gustaría que se debatiera con cierta normalidad y que los poderes públicos dejaran de tomarnos por seres incapaces de conocer, sin tapujos y censuras, lo que pasó. Como dijo Juan Gabriel Vásquez: «para olvidar el daño, nuestra primera tarea es recordarlo correctamente». Pero no soy nada optimista al respecto.
Pepo Paz en Expoesía Soria. Foto de Teresa Salvador
Pepo Paz Saz Editor y escritor de Independiente. Ha publicado el libro de relatos Las demás muertes (Demipage, 2018) y ensayo Transeuntes (de América Latina) (Bartleby, 1999). Premio Región de Murcia de Turismo 2006 (modalidad Periodismo y Comunicación), en los últimos diez años colaboró con la editorial Anaya Touring donde, además del exitoso Destinos de España sorprendentes (11ª edición), ha publicado Un país de novela. 15 destinos literarios de España, 101 destinos sorprendentes de España, 101 lugares sorprendentes en Madrid (2ª ed.), Viajar en tren por el norte de España, Corto viaje a Soria (4ª edición),101 Destinos de España aún más sorprendente, Los mejores destinos para observar los cielos en España y ha coordinado el libro ilustrado Pasión por los viajes del síndrome. 11 está relacionado con viajeros. Es autor de los textos de los volúmenes. Toledo. acuarelas de viaje (con ilustraciones de Luis Ruiz Padrón), Madrid. acuarelas de viaje (con ilustraciones de Fernando Blasco) y Jardines de Madrid. acuarelas de viaje (con ilustraciones de Pablo Rubén López Sanz). Su último libro publicado con el sello Anaya Touring es Destinos de la España mágica (2025). Comenzar el olvido (Reino de Cordelia, 2026) es una novela básica.



