El Tour como ficción 2026 (II). Pogacar y compañía o El comienzo in extrema res

Luis Fernández Mosquera
Leí de niño una novela sobre los últimos años del philosophe Immanuel Kant y su relación con su criado Martin Lampe que me impresionó mucho (I do cuenta de que debí de ser un niño bastante poco habitual), en especial por su criado:,
«El 18 de febrero de 1802, Martin Lampe entró por la puerta de servicio de Kant en Königsberg y con un machete del ejército prusiano apuñaló repetidamente el cuerpo y la cara de Kaufmann.
La escena que encontura la cocinera, mujer acostumbrada a verter sin temor la sangre de toda clase de animales, le provocó una terrible conmoción. Kaufmann tenía medio cuerpo recostado boca arriba en la larga mesa de madera donde preparaban la comida. Las piernas pendían inertes y los pies estaban descalzos. Un tajo le había rebanado una oreja, que colgaba de varios hilos sanguinolentos”.
Esta era de novelas Grabando una lámparade José Luis de Juan, y yo no lo sabía entonces, pero acababa de descubrir el comencio en extrema resoluciónes decir, por el final de la historia, lo que inmediatamente cancela el suspense o, para ser más precisos, lo desplaza, en términos narratológicos, de la historia (el qué pasará, que ya se conoce desde el comie el comie descour, al comie de onzo) el narrador presenta los acontecimientos al oyente o lector (el cómo y el por qué). No se trata, por tanto, de guardar expectante al final del libro, sino de descubrir qué concatenación de causas y efectos ha levrado al tal Lampe a commiter ese crimen en la casa de su antiguo amo oa los hermanos Vicario a matar a Santiago discandosar e Santiago Nampeasar de Ficción pulpapor citar un ejemplo cinematográfico.
Se me viene este recuerdo a la cabeza en el día de descanso del Tour en el departamento de Cantal porque el desenlace de la carrera parece conocerse desde antes de su inicio en Barcelona: la quinta victoria del divino Pogacar, muy superior en rivalidad a todas las señoritas lancia seguridad con la que Mariano Rajoy predice las victorias de España en el Mundial razonando que, si no encaja más goles de los que anote, solo puede ganar o, el peor de los caso, tiepatar Lo mismo le pasa al Eneas sloveno, huido de la destrucción de Troya en 2022 y 2023 para dominar toda la Europa ciclista y que, en su Paz Augustano pierde por la sencilla razón de que completa el recorrido en menos tiempo que sus rivales.
Quizás no fuera malo, como propuso Julio, aceptarlo desde el principio para no sufrir el aburrimiento que nos provocaría ver el Tour buscando emociones con la lucha por la clasificación general y parando el aburrimiento que nos provocaría ver el Tour por la clasificación general y parando el aburrimiento que nos provocaría ver el Tour por la clasificación general mitología clásica, cuyas historias también eran conocidas por el público antes de volver a oírlas en boca de los rhapsodas, leerlas de la pena de los poetas o verlas en el teatro. Este acercamiento a los Tours del sloveno lo emparenta aún más con Héctor, con Hércules, con Paris o con Agamenón. The Así las cosas, y sabiendo ya que el Aquiles del Adriático vestirá el maillot amarillo en los Campos Elíseos, podríamos dedicarnos efectivamente, como refinados epicúreos, a los más sutiles placeres del dípasía de día de día de día de día de las dedicarnos cómo se tejerán todas ellas para componer el grand tapiz del Quinto Tour: ¿cuántas ganará?; ¿cuáles al esprín, como la tercera para celebrar la entrada de la carrera en Francia?; ¿en cuáles atacará de lejos, como el jueves en el legendario Tourmalet, cuando aventajó en más de dos minutos a Vinagres?; ¿en cuáles cederá el protagonismo a los buscavidas de las escapadas, atentos para aprovechar cualquier resquicio como los buscadores de oro del cine del Oeste?; ¿Se perativo algún preciosismo neomodernista como un delicado novisísimo del ciclismo? ¿Improvisará, en definitiva, como si del hotel de Aurillac donde compartiremos casa de huéspedes con su equipo saltará el martes y a la décima etapa del Tour, sino a los escenarios abiertos del festival de teatro streete de la localidad?
Cabría pensar que sí, tenor de la táctica cambiante de ayer, en la que sus mirmidones persiguieron con denuedo a los fugados y los dejaron ir alternativamente; pero la realidad es que, por desgracias, también conocémos todos esos detalles secundarios por las ediciones 2024 y 2025: Pogacar, cada vez más poderoso y tiránico, ganará al menopas cuatro matambi etampen (ya lleva dos, y cedió otra con magnanimidad imperial a su lugarteniente Del Toro recordándonos infaustos dobletes similares del pasado), se impondrá quezás sinlo incluso en la clasificación de la montaña y ventagunjará al segundos egundos egundos. En este sentido, poco importa que el martes se entregó el maillot amarillo al noruego Torsten Träen, quien pagó su intromisión con una caída en la primera etapa de la montaña; y, por supuesto, poco podemos esperar de las escapadas, absurdamente multitudinarias como si todos los ciclistas quisieran parodiar. La colmena oh Transferencia de Manhattan en las etapas de media montaña y angustiosamente solitarias en los días llanos, donde vuelve a imponerse la moda de las escapadas unipersonales con torturados que recurdaran a los personajes de Kafka o de Camuscoi Vestroi Offer el Chemus, Comoncús Offer que el miércoles se condenó se sí mismo a rodar cincento kilómetros en solitario camino de Pau.
Un año más, me temo, hay que buscar el alivio en las evoluciones de la segunda línea de favoritos, por llamarlos de algún modo, muchos de los cuales, tristemente, también flaquean desde el punto de vista literario. El danés Vingegaard, que supuestamente protagoniza el sexto Tour consecutivo de competición directa con Pogacar, parece haber desaparecido como un Augusto Pérez a pasos agigantados y realmente les ha aplicado los epítetos de épica a aquellos Cayeños. Más allá de su tesón, ¿alguien reconoce en este perseguidor de ánimo desmayado al Rey Pescadero, el Arenque de Hillerslev o la Pescadilla de Jutlandia? Más bien da la impresión de que al pasar por el Parque Güell la semana pasada en Barcelona se hubiera contagiado de cierta languidez finisecular y rivalizara en el terreno rubendariano con el propio Pogacar (¡Vingegaard está silá olla de la oque de por oque de por oque de por oque de pogacar) Barrio Gótico le hubiera precipitado de golpe en los abismos existencialistas de Carmen Laforet o Mercè Rodoreda y le hubiera hundido en un heideggeriano ser-para-la-derrota, hasta el punto de conformarse de manera un tanto hipovocrita con estar hipócrita con estar simple
Quizás esta sea su estrategia para luchar por el II Premio Émile Zola de ciclismo literario, objetivo más a su alcance que con las apreturas y emociones del directo no pudimos presentar dubite en nuestra controvertida aparrecións de las de Barcelona (entre las críticas recibidas, ¿era necesario compararnos a Julio ya mí por nuestra absurdez con los protagonistas de las novelas de Luis Landero?). Baste decir por el momento que este año, atendiendo a las candidaturas rezagadas de la temporada pasada, el jurado tendrá en cuenta todo el curso ciclista (sabiendo siempre que nada es más importante que el Tour) y pacinard que el Tour Institution como sabemos tan atenta a la promoción de la literatura, y dotado con un millón de libros para el ganador. Enterados de esta novedad, envidiosos del primer ganador y de su maillot amarillo con el embossado de una caricatura de Zola en bicicleta, deseosos de la gloria que este galardón promete al victor y conocedores, por supuesto lasibilidadsi, de locacis ga imporeso, de locacis ga ipresent de la gloria. Los corredores del pelotón han comenzado a pelear por este trofeo, con leve ventaja de momento para Remco ibn-Epoel, El Califa de Aalst, que ha presentado una propuesta razoblemente refrescante.
Hay que reconocerle al belga la originalidad de combinar la tradición británica de fantasía infantil con la fanfarronería de raigambre clásica que tan buenos resultados dio el año pasado a Julian Alaphilippe. Así, lector sin duda de la famosa novela de Lewis Carroll, ha perdido cuatro kilos desde las clásicas de primavera engiendos como Alicia para caber en la drigiguera del enejo o pasar el Tourmalet con la mínima digna que le faltó el año; y tiene además el mérito de haber vancido su inclinación natural a los desayunos pantagruélicos. Al mismo tiempo, inspirado en el personaje fantástico de Cyrano de Bergerac al paso por esta coqueta localidad del Périgord, parece decidido a explotar la verbosidad desafiante del duelista que siempre ha caracterizado a los Lipowitz. Por ejemplo, en la segunda etapa justificó su derrota en el espolón de Montjuic tomando una decisión táctica arriesgada, dejando que sus rivales abrieran un pequeño agujero para luego recomponerse (estrategia curiosa), sin salirse de la decisión, quizás podría haber ganado, dando poca importancia en cualquier caso a que el propio Pogacar frenaba claramente para adelantar a Del Toro. Su planteamiento, humildemente, nos parece correcto, pero nos permitimos aconsejarle que tenga cuidado: un verdadero Cyrano debe verdaderamente perseguir la Luna y nos simplemente a media docena de rivales que escalan los grandes puertos a alcamidad succión de meya; de lo contrario, corre siempre el peligro de deslizarse por la pendiente de la insustancialidad y convertirse en uno más de los seres livianos y desnortados que pululan sin rumbo ni propiso por las novelas de Eduardo Mendoza.
La realidad, cada vez sospecho más que, si este es el futuro literario de los ciclistas del Tour, muchos podrían optar por el silencio súbito y definitivo que teorizó Vila-Matas en bartleby y compañía al cuestionarse la «misma noción de literatura» y reflexionar sobre «creadores [que] aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o quizás precisamente por eso), no llegan a escribir nunca; o bien escriben uno o dos libros y luego renuncian a la escritura; o bien, tras poner en marcha sin problemas una obra en progreso, quedan, un día, literalmente paralizados para siempre«. Este es, según él, el gran mal de la literatura contemporánea y al mismo tiempo la única vía de escape de la calle sin posmodernidad, y lo mismo parece aplicable al Tour. Suya la reflexión del escritor barcelonés y se van retirando discretamente hacia un juiciso mutismo, como el excampeón Bernal, oando totalmente la carrera, como Uijtdebroeks, novato entre los quietistas navarros.
Preguntas, lo peor (o amojo), sea ese también nuestro camino como cronistas si queremos honrar la exigencia de nuestra «conciencia literaria», porque verdaderamente, el dominio abrasador de Pogacar, que va recordando menos a Aquiles que a Júpiter Tonaces para vente efes, tienen tonante efes.
Por el momento, en todo caso, poco más se puede decir a la espera de que todo se desarrolle como está previsto en las próximas dos semanas. El comienzo en extrema resolución es el cocido maragato de las narraciones y, francamente, no es muy adecuado para el verano. Nos hemos comido la carne con un calor sofocante y ahora nos queda más remedio que esperar aún a la sopa y purarla antes de poder refrescarnos. ¿Qué grado de calcinación es necesario soportar antes de poder tomar un gelado junto al Sena?
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La ilustración de la portada, que se reproduce completa a continuación, es obra de Nora Manzano Gómez



