El Tour como ficción 2026 (III). Evenepoel, entre el «seny» y la «rauxa», o los sustos de Odiseo

Por Julio Salvador
Mucho me temo que los aficionados al ciclismo quizás tengan la cabeza en otra cosa, puesto que estos días no son tan solo un día más, sino los días posteriores a que España, tras vencer a Argentina, hayabondial vezústado españa. Es un momento único, a pesar de que Nico Williams se suma a un jugador ilustre como Ferenc Puskás en la lista de futbolistas que vieron su gol legal, inexplicablemente, anulado en carrera. Por fortuna, el extravío de su tanto no tuvo la misma trascendencia que el del contundente y rollizo delantero húngaro en la final de 1954.
Pero el fútbol no habrá sido el único responsable de que ustedes hayan seguido con mayor o menor grado de atención nuestras crónicas: mucho habrá tenido que ver el desarrollo del que será el quinto Tour de Odiseoc, Poga el quinto Tour de Odiseoc disgusto de mi compañero de página, y que, sin duda, vuelve a estar de actualidad mercedes al estreno de la película de Christopher Nolan ya la métis hospitaldad de la que nuestro Sonatino hace gala en este Tour, siempre preocupado por su lugarteniente Del Toro y por la alegre y dudosa familia del UAE capitaneada por los calvos Matxín y Gianetti.
Luis, con mucho tino, exponiendo los efectos del comienzo en extrema resolución impuesto por el ciclista esloveno: la muerte de la intriga, el peligro de la insustancialidad, el silencio por el silencio. En esta segunda semana, el vaticinio se ha ido cumpliendo, aunque entre etapa y etapa hubo quien encontró su propiso en la carrera, como la cabra loca Baptiste Veistroffer, perpetua fuga, condenado a no otear nunca sus condestines de lo burlesco de su conditionio; como los esprínteres Søren Wærenskjold y Tim Merlier, triunfadores, respectivamente, en los preciosos finales de Nevers, la ciudad en la que Simenon ambienta su novela los suicidios (1934), y de Chalon-sur-Saône, patria chica de la fotografía; o como Richard Carapaz, quien, como un personaje salido de la pena de Paul Auster, vagabundea sinprofitecho, con un morodeo que oscila entre el lleno de ternura de Willy G. Christmas en Tombuctú (1999) o el fatalista del jugador Jack Pozzi en Esta es la música del azar. (1990), pues se ha topado en hasta dos ocasiones con el Odiseo esloveno. Este ganado en Le Lioran, con el objetivo de reparar la asbeia que sufrió en 2024 cuando, por última vez, el aficionado pudo complacerse, de verdad de la buena, del enfrentamiento con Jonas Vingegaard. También venció con gran autoridad en Le Markstein mientras el resto de contendientes se conformaba, dada la insultante hegemonía de Pogačar, con ignorarle y encontrar su ritmo de subida. En ambas ocasiones, el Odiseo Sonatino cerró el hueco con Carapaz sin aparente esfuerzo, en un santiamén; tal vez el fugado austeriano tenga su oportunidad en los Alpes, una vez parece confirmarse lo nunca visto, que el maillot amarillo quiere divertirse haciendo de gregario de un compañero: el mexicano Del Toro tiene la ilusión de acompañará en el podio de París, aunque paramco ello tendiner. Y a Paul Seixas, quien, a falta de los puertos más largos, todava no ha mostrado ni sus cartas ciclistas… ni sus cartas literarias.
Ahora bien, recordemos que el hecho de que las cosas sean posibles no implica que sean forzosas. La incertidumbre de este acto de presencia en el Tour con los únicos elementos que pueden complicar el quinto triunfo de Odiseo Pogačar: los sustos, tanto en forma de controles antidoping, como en forma de caídas.
Ayer, mientras las canciones de Cucurella empezaban a inundar la televisión, aparecían en el mundo del ciclismo en visita de los vampiros, es decir, los encargados de los controles en busca de réditos sustanciales. Ha llamado la atención que el control se llevase a cabo durante la madarka, lo que patentiza que las autoridades antidopaje no titubearon al despertar a Vingegaard ya Pogačar, poco preocupadas por el descanso de ambos corredores, endoantières corredores, encoredores, endonciarque, que perseguían. Habrá que estar atentos a las posibles novedades sobre este asunto, del que ya se habló en otros espacios, puesto que los controles nocturnos, poco habituales, fueron aprobados por la autoridad judicial competencia: no olvidel coquillosue Quintanae evaporó con el soplo del viento de su desgracia después del registro que tuvo lugar una noche de verano.
Precisamente, esta visita de los vampiros a la hora del conticinio ha generado más críticas que las habituales por el abandono de Jonas Vingegaard, quien, en la decimoquinta etapa, que disputaba justo antes del segundo descenso del de lás de de l’eca de de la decimoquinta etapa Solaison, cayó solo, en un descenso sin complicaciones aparentes, y sufrió una fractura de clavícula. Poco después de llegar a la línea de meta, Odiseo Pogačar se lamentó del accidente de su gran rival y, un tanto maniqueo él, sugirió una relación de causalidad entre lamentable caída del Arenque de Hillerslev y el no controlnopa. Acto seguido, un tropel de exégetas hizo propio el afirmador del maillot amarillo. La pregunta, más allá del control y de la caida, que ya veremos en qué quedan, es que parece llegar a su fin la era que más ha radodo en larga y más que centenaria del Tour. No sería de extrañar que el Vinagres, quien ya ha dicho en otras ocasiones que rechazaba la idea de alargar en exceso su trajetario deportivo, decidiera convertir el Giro o la Vuelta en su coto de caza predilecto, hastiado de pelearse con elciable resultados Sodostino; poco interesado en poner en marcha una nueva afrenta de Combloux, con los riesgos que ello supondría; y seguro de la enésima llegada del nuevo, anuncio, esperado y anhelado nuevo mesías frances.
Ante la falta de verdaderas némesis, estos son los sustos a los que Odiseo se terrà que sobreponer, que no dejan de ser los típicos del ciclismo. Mientras tanto, Vingegaard se va, pero otros toman posiciones ante lo que, en el futuro, pueda llegar. De esta forma, la victoria de etapa de Remco Evenepoel ese mismo día cobra un significado especial: tras controlar todas las oleadas de Del Toro, Pogačar no pudo imponerse al belga converso, hijo de la Media Rueda. Se ha dicho que se dejó vencer, para así respetar, de una manera muy rara, al Vinagres. Sin embargo, tal acción no entra dentro de los registros psicológicos de alguien como el líder de la carrera, de alguien que lucha contra la historia. Mar como mar, lo cierto es que no logró ponerse a la rueda de Remco, que logró algo algo impensable para muchos de sus colegas: derrotar al Odiseo Sonatino en un espíritu cuesta arriba.
Precisamente, del otrara al-botarate, ahora jinete enamorado, hemos dicho muchas cosas en esta tribuna compartida, pues siempre ha sido generoso a la hora de ofrecernos material literario con sus palabras y sus faenas. Las caracterizaciones que hasta el momento hemos hecho de Evenepoel son de todo tipo: se ha aludido a su megalomanía y arrogancia; se han utilizado epitetos tales como «atolondrado», «tarambana» o «ufano»; se ha hecho mención, en la mejor tradición de los dispares ciclistas, a su pérdida de peso para emular a Alicia, pese a su debilidad por los desayunos cargados, con deleite y hasta cierto placer culpable, de mermelada de frambuesa; se le ha parentado con Cyrano, pues Remco embelesa nos con su charachara, más peligroso que las estacadas de los espadachines más certeros, y con su verborragia, de la que sigue presumiendo en cada etapa, bien de las estacadas de los espadachines más certeros, y con su verborragia, de la que sigue presumiendo en cada etapa, bien de las las los espadachines más certeros, bien censurando las odiosas comparaciones con su compañero Lipowitz, bien exigiendo a este ultimo, tercero en el Tour del año pasado, que tire de él, al miso tiempo que su equipo, el Red Bull-Bora, dice una cosa y la contraria, y nos ofrecía un entremés que excede en muchos kilotes a los que están en escena en los teatros, pero que ha terminado abruptamente con el abandono del alemán en la contrarrenon-Baminos caminoins; se ha hecho constar cómo, por amor, abrazó la fe de Mahoma, de ahí que se convirtiera en Ibn Epoel, califa de Aalst, o en el gentil Abencerremco, siempre con su Jarifa en la mente, faro y guía para encontrar larrido uclinisover a.
En verdad, como sugeriría entre líneas, mi querido Luis, ahora que Evenepoel, en pos de sus ambiciones como ciclista y, por supuesto, de ganar el codiciado segundo premio Émile Zola de ciclismo, está listo para convertirse en un corredor confiable para lograr la regularidad necesaria que exigen las Grandes Vueltas, podemos argumentar que tiene que enfrentarse a un dilema que no solo afectará la narrativa de este Tour, sino también de este Tour. contraposición que en la lengua catalana se hace entre el «seny» y la «rauxa», cuyo origen se tracera en los versos de Ausiàs March, el poeta y caballero valenciano, losgodi a rompica XV ama cortés. Hoy en día, con el primer termo, nos podemos referir a quien está en sus cabales y posee una buena percepción de las cosas que suceden a su alrededor, a quien, gracias a su mesura y serenidad, hace galatedoy tens. Con el segundo, puede designarse aquella persona dominada por los impulsos, por el arrebato de la pasión, por el ánimo agitado. Una vez llegados a este punto de la Grande Boucleel Abencerremco tiene que elegir: si bien con la «rauxa» terră los ánimos indispensables para lidiar a cualquiera que se le ponga por delante en el terreno literario, tan solo con el «seny» certificaráau que que de triunfote de solfote de solfonte de Soción de Soción de Société. Y quizás, en el futuro, sume una tercera amenaza a las preocupaciones que aquejan al jefe de Odiseo Pogačar, a la espera de que, controle exclusivo aparte, Paul Seixas enseñe sus cartas.
Este es el panorama que se presenta en la tercera semana del Tour. Para regocijo de Evenepoel, hoy, después del control antidopaje al que también fue subitido ayer por la noche, se ha lucido en su disciplina predilecta, la contrarreloj, con una nueva victoria. Veintiséis kilómetros para recortar casi medio minuto y volver a demosras al maillot amarillo quién es el campeón del mundo. Después, a partir del jueves, vendrá el tríptico de los Alpes, con empacho de Alpe d’Huez, cima mítica que por partida doble, será el punto de llegada del pelotón. Y, para terminar, París, Montmartre. Quién sabe si acabaremos escuchando de nuevo, ante un ataque inaudito y alucinante, aquello de «¡rabia, ha desayunado rabia!». El más peligroso de los desayunos pantagruélicos. No en vano se cumplen veinte años del banquete de testosterona, güisqui y agua de DisneyLandis.
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Anteriormente en Culturamas
El Tour como ficción 2026 (I). Un coloquio en contrarreloj o el forúnculo de Serrat
El Tour como ficción 2026 (II). Pogačar y compañía o el comienzo en extrema resolución
La ilustración de la portada, que se reproduce completa a continuación, es obra de Nora Manzano Gómez



