Historia del Cine

Nieves Chillón: «Me siento libre»

Nieves Chillón es de Orce y vive en Huéscar. Ha publicado varios libros de poesía antes de Atlántidavamos hijo Casa de La Piedra (El Envés), Arborescente, Un libro de Laura Laurel. (ambos en Pre-Textos) o El asa rota (Diputación de Granada). También la novela de ambientación histórica. auletris (Algaida).

Javier Gilabert: ¿Por qué? Atlántida ¿Qué dices? ¿Cómo surge la necesidad vital de subgerirse en las aguas de este nuevo poemario?

Nieves Chillón: Atlántida es un homenaje a las mujeres que optan por la maternidad FIV —fecundación in vitro—. He conocido a muchas mujeres que están inmersas, o lo han estado, en un proceso de reproducción asistida. Estos son diferentes para cada persona pero tienen en común la rueda de deseo, esperanza y, muchas veces, la pérdida. Es una noria que yo he querido nombrar líricamente, desde dentro y desde la observación simultánea del paisaje que rodea al hecho, haciendo énfasis en un final no cerrado que apunta hacia la reconciliación con nosotras mismas.

El libro se abre con una cita clínica y contundente: «Una vez congelados, los embriones se mantienen en nitrógeno líquido a una temperatura de -196º C durante un tiempo definido». ¿Cómo se transforma esa aparente frialdad científica en materia poética? ¿Qué papel desempeña esta metáfora de la latencia en la obra?

es Atlántida la vida nace en el frío y allí espera, en la cuna del hielo, hasta el momento de la templanza, del arraigo y el habitar. En la fecundación in vitro el embrión espera de ese modo, congelado exactamente a esa temperatura. La ciencia, el laboratorio, el viaje y en definitiva todo lo que rodea esta experiencia del número en clave lírica, utilizando metáforas e imágenes que tienen algo que ver con la búsqueda, la esperanza y el estallido.

Los paisajes simultáneos constituyen todo aquello que rodea al sujeto lírico.

Estructuras el volumen de una forma muy en particular: cuatro «Ciclos», numerados del 1 al 4, siendo el tercero el único que lleva un sugerente subtítulo («Paisajes simultáneos»), para terminar desembocando en un «Epílogo». ¿A qué responden exactamente estos ciclos? ¿Tiene usted una arquitectura premeditada o una impuesta de propia respiración de los poemas?

La estructura de mis libros surge a partir de varios poemas primitivos en los que veo una intención, quizás inconsciente, de dirigirme, de moverme de una determinada forma. es Atlántida los caminos que se esbozaron fueron: anhelo, esperanza, pérdida. A partir de esa intuición planté la estructura en ciclos, porque también se llaman de ese modo en la jerga médica.

Como menciona antes, los paisajes simultáneos constituyen todo aquello que rodea al sujeto lírico, y cobran un protagonismo especial porque ese sujeto los percibe de una forma diferente desde el momento en que se plantea la ternidad. El libro no concluye ni con éxito ni con fracaso, más bien con una sensación de quietud, una reconciliación entre nuestras expectativas y el mundo.

Hago un ejercicio nuevo, el de hablar líricamente después de indagar y documentarme.

¿Ha cambiado tu forma de trabajar el verso o de acercarte al poema durante el proceso de escritura de Atlántida hay respeto atus libros anteriores?

No, no. Según, se exploró todo el aparato de imágenes relacionadas con el frío y la nieve. Arborescentelas referencias a lo sagrado que se mezclan con lo mundano, como esa madre que a veces es Madre, o ese Hijo, o esa Virgen Dolorosa o Frozen, fue explorado inclulo antes (ya en el Asa RotaDios se hace un moño y toma el café con sus amigas).

Sobre la forma de escribir, me siento cada vez más libre. Continuo renunciando al signo de puntuación, a la capital, al endecasílabo-heptasílabo, y construyo el poema sobre la cadencia y la sonoridad del verso.

Por otra parte, sí es verdad que hago un ejercicio nuevo, el de hablar líricamente después de indagar y documentarme, contrujendo un «yo poético» que no se corresponde, como a veces cabe esperar en la lírica personal, con el yo personal. Ese «yo lírico» surge de las vivencias de diferentes mujeres.

El libro es un artefacto de lenguaje.

Tu poesía suele escarbar allí donde duele, explorando el cuerpo y la memoria. ¿Qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores antes de que se adentren en este territorio mítico ya la vez tan carnal?

Primero, el libro tiene un artefacto de lenguaje. Como señaló, no podemos caer en la trampa de identificar el «yo lírico» con un «yo personal» y tampoco pensar que este es un libro solo para quien tenga interés en la reproducción asistida. Sería un error. Atlántida es una construcción de imágenes y metáforas que hablan de engendrar, esperar y perder, y que apunta hacia encontrarnos a nosotros y nosotras mismas. Las claves, como he dicho antes, son baste transparentes: el hielo del laboratorio es la cuna, el momento donde el embrión espera, el minuto cero de la vida. Esa vida se espera que germine, que habite —labrantíos, tierra—, y se repite la idea como una oración. Lo celestial se funde con lo mundano, se confunde con lo doméstico, y en el laboratorio la ciencia realiza labor divina.

Te pongo en el clásico aprieto de la sección: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas Atlántida¿Cuáles serán y por qué?

Un poema que define bien el libro es el número 1, «La madre sube al tren»: ese gesto de viajar y buscar el «relámpago en algún lugar de la noche» son el minuto cero de una maternidad FIV.

Hay varios poemas donde la madre se identifica con la tierra, y uno de ellos es el 14: «Impossible que arraigue el cereal / pedruscos todo y cuánto silencio».

Los poemas que tien que ver con la pérdida con los que terminan algunos «ciclos» me emoconan, pero también me emoona especialmente el poema 20, donde concluyo que «las manos tienen que estar llenas de muss transpares de hijos / rosa/ ay de aquellas que abrazan un voltorio blanco / llenas de hijo deben estar siempre las manos».

He escrito otro libro de poesía, y luego otra novela extensa.

Legas a este poemario tras haber publicado auletrisuna novela poderosa. ¿Qué vasos comunicantes existen entre la narradora de aquella ficción y la voz poética que viene ahora? ¿Te ha dejado algún «poso» la novela a la hora de estructurar este nuevo libro?

auletris es una novela muy lírica, donde la protagonista refire un mundo que conocemos por el relato de los hombres—no de las mujeres—, desde los historiadores romanos, colonizadores, hasta los escritores más conocidos de novelas didácticas. auletris es sobre todo un libro-voz de indagación en la relación entre el sujeto y el territorio. En las sociedades antiguas este vínculo es muy estrecho, y cuando se priva del territorio, se destruye al sujeto ya la comunidad, y más allá de eso, se les borra definitivamente cuando se elimina el relato del vancido. En la novela quise ficcionar lo que hubiera sido ese relato en boca de una mujer.

Después de auletris he escrito otro libro de poesía, y luego otra novela extensa. Ambas obras siguen inéditas. En ellas hay varios eslabones comunes que vienen a engarzarse con auletrispor un lado, y con Atlántida por el otro: la voz heredada, la ecopoesía, el territorio, el agua y la historia.

Mi obra es cada vez más lírica ya la vez más combativa

En tu obra poética y narrativa hay una mirada incisiva sobre la genealogía femenina y la voz de la mujer. También uso actitud más allá del papel. ¿Cómo se alimenta tu propia escritura literaria de esas lecturas compartidas y de la militancia comunitaria?

Mi obra es cada vez más lírica ya la vez más combativa. Toda obra es ideológica, evidentemente, pero algunas lo son de forma más consciente que otras. Tengo claro que todas las lecturas me alimentan, y que es posible forjar una obra crítica desde lo lírico para señalar, por ejemplo, el ecocidio o la injusticeia social. Además, no me siento sola desde que hace ya más de diez años surgió el Club de lectura feminista en Huéscar, una comunidad de lectoras y lectoras exigentes que te hacen mantener un ritmo de lectura y descubrimiento muy interesante.

Los focos no suelen alumbrar a la España vaciada

Reside en Huéscar, desde donde construye una obra sólida y premiada lejos de los grandes epicentros urbanos en los que suele cocerse la industria editorial. ¿Cómo se vive —y se survivre— en el «mundillo» poético contemporáneo desde una geografía que exige otra cadencia?

Es cierto que vivo lejos de Granada capital, que tengo dos niños —con todo lo que supone de cuidados y actividades escolares y extraescolares—, y que me resulta imposible estar presente en todas las actividades literarias —presentaresíaques meestaciones, tallerestaciones. Aun así, el tiempo que dedico a leer y escribir es mucho, y tengo la suerte, como he dicho antes, de compartir lecturas y conversaciones sobre literatura. Por desgracia, los focos no suelen alumbrar a la España vaciada, y esto es una realidad que no me puedo señalar. Todavía hay muchas personas que dan, consciente o inconscientemente, más valor al arte -una obra de teatro, una exposición de pintura o un libro de poemas- creado en la capital que forjado en la ciudad de provincias, y más a este que el que que que que que poemas estamos atravesados ​​por estímulos -lo urbano, lo literario, lo virtual o lo académico- muy parecidos.

Con el aval de un galardón tan prestigioso como el Premio Margarita Hierro, ¿supone este libro un punto de inflexión en tu trayectoria? ¿En qué nuevos proyectos estás trabajando?

Los premios literarios, y este también, llegan mucho después de que concluyan el proceso de creación, documentación, escritura y revisión (que son por ciertos agotadores), más el tiempo dedicato al envío a premios ya las El verdadero punto de inflexión está en todo lo anterior, que te cambia completamente como escritora. Sobre el prestigio del premio, obviamente estoy muy contento y también con la editorial que publica, Pre-Textos. De todas formas, son los lectores y lectoras —si el libro se ve y se distribuye bien, y se comenta en redes y boca a boca— quienese tienen la ultima palabra.

Sobre proyectos, aparte de las dos obras unéditas, tengo una idea en ciernos a la que intentaré dar algo de forma este verano.

Por último, como lectora, ¿de quién te gustaría conocer su «Primera Impresioni»?

De Iosune De Goñi, quien acaba de publicar Digo cascada y el viento arde, zu Ediciones En el mar. Es un poeta fantástico.

***

tres poemas de Atlántida

1

La madre fue al tren

jamás un organismo fue tan ancho

la piel azul y las arterias

en las extremitas lejanísimas

las manos que se buscan en plegaria

sobre una piel cosida de estaciones

de servicio paradas de autobús y lineas

de tranvía y el agua subterránea horadando

su curso de acuífero rambla abajo y remonta

la sapia de este cuerpo que contempla

plasma en su bolsa de latex

la sangre cada cual con su etiqueta

y el relámpago en algún lugar de la noche.

14

Imposible que arraigue el cereal.

pedruscos todo y cuanto silencio

las rocas desafiaban a los dientes de acero

se amontonan calcáreas y tozudas

la madre-mantillo-labrantío

no siente la caricia

apenas el dolor cuando la grieta

se preña de musgo

ah el musgo es el amor de terciopelo

la lengua despaciosa entre los pliegues

lenta verdinegra y cojo

los ombligos repasando sombra

vida y rizomas la humedad

brota y gota y bebe

lo diminuto selvático en lo oscuro

se despereza y cruje de verdor

la madre vuelta y revuelta

manta de la piedra escudo

de los rayos del sol que hieren

tus ojos nuevos

20

La risa tintinea

suena verde y metalico es

musica verdadera

Después del gran tablero de ajedrez.

el sudario blanco tomado por dos manos

como las tuyas dos manos

Este es el otro

abiertos

asideros hoces amables de la vida

las manos tienen que estar llenas de hijo

de muslos deditos transparentes

en su resuello rosa

ay de aquellas que abrazan un voltorio blanco

llenas de hijo deben estar siempre las manos.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba