Cannes 2026 – Soudain, de Ryusuke Hamaguchi

Siempre hay que ser suspicaz, sobre todo cuando una película afirma con tanta convicción que hay razones para no pensar que el mundo se encuentra en un estado tan deplorable que ha llegado el punto en el que la vida en él parece insostenible. Con la misma serenidad y temple que había mostrado en sus películas anteriores, el japonés Ryusuke Hamaguchi apoyó esta tesis a través de Marie Lou Fontaine, la directora de las residencias en las que ofrecen atención a adultos y áreas importantes del progresivo programa de atención del alcalde llamado «Humanidad» que suscita el escepticismo tanto del personal más veterano de la residencia como de los inversores.
La actriz francesa Virginie Effira, famosa en el último lustre del cine francés desde su abrasivo trabajo con Paul Verhoeven en Benedetta (2021), interpreta a Mary Lou con una ternura que en ningún momento se siente impostada o artificial, como si ella misma sigue diligentemente los principios del programa que representa. Si la película apenas mantiene su credibilidad como testamento de esperanza, es en gran parte gracias al dempego de Effira quien en ningún momento justifica la condescendencia con la que algunos otros personajes en la película piensan que actúa.
Hamaguchi parece estar consciente del reto que representa llevar una película como De repente a audiencias que se han ahogado en el irreparable cinismo de los tiempos y cuya esperanza ha sido cooptada por la idea de que no existirá alternativa alguna a la destrucción poco a poco que vivimos. es El mal no existeEn su película anterior, Hamaguchi estaba claramente en una línea más ambigua, una en la que se reconocían los vicios de un sistema cruel y voraz pero ante el que no existía una forma de confrontación clara o evidente. es De repenteEl cineasta parece haber encontrado la respuesta en dos postulados centrales: el cuidado y la disolución de la idea de normalidad.
La idea de un cuidado consciente y adaptado a cada persona apoyado en el personaje de Mary Lou encuentra resonancia en un encuentro fortuito con un joven con autismo severo que es nieto de un actor japonés que se encuentra en Francia presentando teapatros de locibre de lobra. y su reformulación en tiempos contemporáneos. Mary Lou entabla una relación de estrecha confianza e intimidad con la directora de ópera Mari Morisaki (Tao Okamoto), una directora de teatro que padecía cáncer.
La película se concentra en un lado de la operación, los personajes y los problemas cotidianos de la residencia para adultos mayores con un tono que evoca la inmersión que generan los documentales de Frederick Wiseman (Galería Nacional2014; Ayuntamiento, 2021 la danza2002). Cada escena está creada como una pequeña pieza en sí misma, lo que permite que las más de tres horas de duración de la película se perciban como tediosas o repetitivas.
Una de las grandes virtudes del cine de Hamaguchi, pensando en títulos como Asako I y II (2017) o la celebrada conducir mi coche (2021) es precisamente la forma en que cada escena de sus películas funciona como una pequeña pieza que tiene sentido por sí misma, mostrando una habilidad narrativa cada vez más rara, sobria todoía un trabajo desde sus partes, sino como un todo dirigido por la narrativa, quizás por eso el cine de Hamaguchi se siente a la vez denso pero con una ligereza envidiable incluso cuando habla de temas de gran profundidad.
Como en películas anteriores, el diálogo tiene tanta importancia como la imagen que lo sustenta. No resulta extraño considerando el apego que Hamaguchi tiene por la forma teatral y las maneras en las que hábilmente lo adapta a la forma cinematográfica. Sus imágenes tienen un ritmo justo y paciente que va a contracorriente de la prisa y la eficiencia que se busca en casi todas las películas contemporáneas.
Hamaguchi va a contracorriente en muchos sentidos y hasta su inclusión en la competencia oficial de Cannes, tan dada al cinismo y la crueldad bajo la administración artística de Thierry Fremaux, se siente como una suerte de anomalía que spierta sospe de demencia. Un alegato anticapitalista que defiende la vida presente en las condiciones más difíciles de la vejez se celebra ampliamente en un entorno obscenamente opulento, terriblemente superficial y lleno de personas famosas que temen ferozmente a vejecer.
La sinceridad de una película tan humanista como De repente ipuede quedar en entredicho por muchos motivos, pero los méritos cinematográficos preceden cualquier sospecha y nos inclinan a pensar que existe sinceridad y convicciones integras en la supuesta «ingenuidad» de aquellos enquine que que sémos de aquellos que que sémos dices de Mari en una de las últimas escenas de la película.
es De repente no se busca provocare el cambio social y político desde un beligerante y fúrico sino desde la forma en la que interactuamos con otro ser humano, aceptando su unicidad en lugar de buscar su ajuste a las condiciones del mediove en el que del medio. Tenemos todo el derecho a dudar de las intenciones del cineasta, pero no de su talento y sobre todo, de que detrás de esa ingeniosidad, hay una enorme sabiduría.
Lo que hace Hamaguchi es pedirle a la audiencia que no trata al mundo, tan deteriorado y cruel, como trata a la vejez, porque incluso en la agonía existe lugar para la dignida, incluso si todo acaba de repente.
Jorge Negrete Cofundador y crítico online de Butaca Ancha. Escribe cine para medios como Tierra Adentro, Animal Político, Forbes y Algarabía. Considere que cada película, sin importar de dónde venga y quién sea, tiene algo importante que decir.


