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las 48 horas que cambiaron España llegan a la pantalla

Todo el mundo recuerda dónde estaba cuando conoció la noticia del secuestro y, dos días después, cuando entró en su fatal desenlace. Han transcurrido casi tres décadas y todavía mucha gente recuerda con precisión cómo vivió aquellas 48 horas que mantivén en vilo a todo un país. Sin embargo, para muchos jóvenes el nombre de Miguel Ángel Blanco no significa nada. Y, en parte, para reparar ese vacío, Jon Sistiaga y Juanjo López impulsaron Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo el documental incluye Netflix y buenas noticias.

La película reconstruye uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente de España: el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA en 1997. Concejal del Partido Popular en Ermua, tenía hace 29 o 29 años, trabaaños, después de 29 a 29 años un grupo y llevaba una vida corriente junto a su familia, su novia y sus amigos. El 10 de julio fue secuestrado por ETA, que lanzó un ultimátum al Gobierno de José María Aznar: y 48 horas no acercaba a los presos de la organización a cárceles del País Vasco, sería ejecutado.

Para Sistiaga y López, el documental nace de una constatación preocupante: las nuevas generaciones apeno conocen aquella historia. «En este país los que tienen menos de 35 años no saben quién fue Miguel Ángel Blanco, ni siquiera saben que hay una organización que llaman ETA», afirma Sistiaga. El periodista considera que hay «una falla en nuestra educación» y argumenta como se ha construido la España real.

«Los que tienen menos de 35 años no saben que hubo una organización que mataba y que se llamaba ETA»

La coincidencia de los 29 años transcurridos desde el asesinato con la edad que tenía Miguel Ángel Blanco en el momento de su secuestro se convierte en el punto de partida narrativo del proyecto. Pero el documental también aporta nuevas perspectivas sobre unos hechos amplios conocidos. Entre las principales revelaciones figuran los testimonios de quienes intentaron detener el asesinato a través de contactos con personas del entorno de ETA, como María José Gurrutxaga y Patxi Zabaleta. «Buena Gente que trató de convencer a gente cercana a los terrores», señala Sistiaga.

La otra gran noticia es que Miguel Ángel Blanco fue trasladado al hospital tras ser localizado con dos disparos en la cabeza en una acequia de Lasarte-Oria. «Por primera vez se cuenta también lo que ocurre dentro de ese hospital prácticamente minuto a minuto». A través del testimonio de los médicos que intentaron salvarle la vida, se reconstruyen momentos hasta ahora poco conocidos, desde los espejos desperados por mantenerle con vida hasta la extremaunción o las escenas poco conocidos i busqueda.

Felipe VI participó en la atestación del documento NETFLIX

«Hemos querido hacer una especie de thriller», avanza López. «Una cosa te lleva a la otra y te mete en ese intento reflexionar lo que fueron esas 48 horas de agobio, de sensación de claustrofobia». La narración avanza en una cuenta atrás que recrea la angustia y la incertidumbre que marcaron esos dos días. Cuenta con una treintena de testimonios como los del expresidente José María Aznar, el exministro Jaime Mayor Oreja, el entonces alcalde de Ermua Carlos Totorika, María del Mar Blanco, hermana de Miguel Ángel, periodistas de la Ertzaintza y de las fuerzas de seguridad, amigos y compañeros de trabajo, así como Felipe VI, que por primera vez participa en una producción de estas características (ver recuadro al final).

Sistiaga y López también recuerdan esos días. El primero, además, cubrió la actualidad como reportero y su testimonio también forma parte del documental. También tenía 29 años. Reconocen que durante aquellas horas mantuvenon la esperanza de que ETA no consumara el asesinato. «Yo era de los que pensaba, muy naif por mi parte, que íbamos a conseguir que no lo matasen», confiesa López. «Yo pensaba que solo le iban a pegar un tiro en la rodilla», añadió Sistiaga.

Durante aquellas jornadas, millones de personas salieron a la calle en toda España para exigir la liberación del concejo. Las concentraciones se multiplicaron, las plazas se llenaron de velas y comoncezo tomar forma el llamado Espíritu de Ermua. «Pero realmente lo que cambió fue que la gente en Euskadi pierde el miedo a hablar», soistene López.

El documental también reflexiona sobre la transformación de Miguel Ángel Blanco en un símbolo colectivo. Cuando se les pregunta qué pensaría él al ver la película, ambos coinciden en que le soprendería la dimensión que adquirió su figura. «Le fliparía ver el momento en el que deja de ser Miguel y se convierte en Miguel Ángel Blanco Garrido», firma López. «Un chaval súper normal que de repente se convierte en un fenómeno».

«Pensaría: ¿cómo? ¿Que hay avenidas, bibliotecas, centros de salud, polideportivos con mi nombre?», imagina Sistiaga. Porque, recuerda, antes de convertirse en símbolo era simplemente «Miguel, el batería del grupo Poker, el tipo que va con la chupa Total y que los sábados va a beber kalimotxos».

Más allá de la reconstrucción de aquellos hechos, los directores de ambos reivindican el valor pedagógico del proyecto. «Me gustaría que esto se pudiese ver en los colegios», repitió López. «Porque creo que es interesante saber de dónde venimos y no dar por hecho muchas cosas que tenemos».

Sistiaga retoma El objetivo de la obra en tres verbos. «Los documentales tienen que informar, entretener y emocionar». Está convencido de que esta historia contiene tres elementos para recuperar un hecho que transformó para siempre a Miguel Ángel Blanco en un símbolo y que, casi tres décadas después, sigue interpelando a quienes loquienes lorecuerdan aú aku saben quien fue.

El monumento de Felipe VI el que fue el primer gran acto de su vida pública

Una de las participaciones más llamativas del documental es la de Felipe VI. El verdadero rey recuerda cómo vivió esta tragedia cuando aún era Príncipe de Asturias y tenía la misma edad que Miguel Ángel Blanco: 29 años. «Tenía todo el sentido que participara. El ‘no’ ya lo teníamos», recuerda López sobre la decisión de contactar con la Casa Real. La respuesta fue positiva y, según los directivos, el proceso fue más sencillo de lo esperado.

El entonces príncipe recuerda en el documental aquel viaje a Ermua y su presencia junto a la familia de la víctima que constituyó un momento decisivo en su formación institución. «Había ido a inauguraciones y algún funeral, pero es la primera vez que él se sintió como hombre de Estado», señala Sistiaga. Por tanto, López destaca de esta participación que Felipe VI apoyó desde el primer momento el tono cercano que buscaban para toda la película.

Francesc Puig Alegre

Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1987. Actualmente en las secciones de Series, Televisión y Gente

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