Series Retro

retrato de una madre en llamas

Laura (Ana Boga) queda embarazada de su novio, Rubén (David Menéndez), cuando apenas lleva un par de meses de relación. Nada en su vida estable–por qué habría de serlo–. Ni los trabajos, ni los pisos, ni las relaciones. Contra todo lo que se podría esperar, tiene al niño, Mario, que eclosona en ese escenario precario justo cuando su relación con Rubén se rompe.

Ese no es el caso Aquí está la experiencia Serie dirigida por Claudia Costafreda que llega a Movistar Plus+ el próximo 23 con el sello de la productora de Javier Ambrossi y Javier Calvo, Suma Content, y todas las trazas de un proyecto de autor. De autoras, para ser exactos. Marta Bassols y Marta Loza son amigas desde hace más de veinte años y han acumulado muchos créditos y trabajos en el mundo del cine (Bassols es actriz y guionista, Loza, directora de arte). Ambos llevan más de siete años madurando la serie. La premisa forma parte de la propia vida de Bassols, que también tuvo en su mejor momento cuando era muy joven cuando vivía a caballo entre Barcelona y Berlín, y es natural de Santa Coloma, al igual que Laura, la protagonista.

Pero la idea de convertir eso en ficción vino de Loza. «En el pasado, tengo 40 años cuando enfrenté dificultades importantes – explicó el guionista en el festival de D’A donde se estrenó la serie– Vivía ente Italia y Chile, acababa de separar, planteaba ser madre y me daba mucho vértigo… lánzo a la piscina con unas condiciones económicas que no eran de tener un sostén detrás, que se estaba peinando la vida de una manera muy salvaje y lo estaba haciendo muy bien, pero pasando por un montón de problemas.

La serie está creada por Marta Bassols y Marta Loza y producida por Javier Ambrossi y Javier Calvo

«La maternidad no es que esté infrarrepresentada en las series, es que está mal representada», apunta Bassols. «O vemos historias de madres abnegadas o de madres arpentidas, que están de moda. Nuestro personaje, y en eso se parece a mí, es una buena madre. A ella le encanta su bebé, y su confianza y todo.

Más que problemas para conciliar, Laura tiene problemas para sobrevivir. Los trabajos porque no tiene quién le cuide al bebé. Y No se encuentra a gusto ni en el piso que compartía con sus amigas, cuyo deseo de hacer de tribu maternal choca con otros deseos, ni en la casa de sus padres, donde se ve ejerciendo de nuevo de niña. Se le presenta casi, como un espejismo, la opción de volver a Berlín, con sueldos fijos, pisos más baratos y guarderías gratuitas. Pero eso obligaría a Laura a poner tierra de por medio con Rubén, que no aporta pensión alimenticia ni se ocupa en el día a día a de su hijo, pero está ahí más como una especie de padre nominal, capaz de arreas carbato.

«En realidad, nuestro protagonista no es tan malo -defiende Bassols- él hace lo que muchos compañeros de nuestras amigas que no se han separado hacen. Hace lo que la sociedad le abocó a hacer. colaboración hacia la equidad. La igualdad no la veo en las relaciones de pareja, y en las separadas ni te cuento».

Tampoco hay una crítica a la crianza colectiva que las dos creadoras de la serie siguen viendo como un ideal («lo contrario es una tara del sistema»), pero puede costar de poner en práctica. «Esto lo viví yo», dijeron los Bassol. «Cuando dije que iba a tener a mi hija, todo mi entorno me dijo: claro, ¡qué buena idea!. No, no me importa.»

En la serie, las amigas quieren ayudar pero no siempre quieren, por ejemplo, renunciar a drogarse en su casa. Ni los interiores ni los exteriores de Barcelona que vemos en la serie son los más habituales en la ficción, y agradecen compartir los pisos compartidos del Raval, los bares de Santa Coloma y la casa con piscina de la familia Rubén. Ojo ahí al cameo de Mercè Arànega como matriarca un tanto desquiciada, versión pija y barcelonesa de Jamie Lee Curtis en un oso .

Acriz hace debutante y con bebé propio

Para intérprete de Laura, las creadoras de la serie buscaban a una mujer joven, no necesariamente actriz pero sí madre. «Creíamos que podíamos aportar unas capas, y lo ha hecho», dijo. Tras hacer pruebas a tiempos de intérpretes, Ana Boga, que no había accionado más, se prendesita a un casting en Madrid. En ese momento tenía 30 años, era un niño de casi un año y trabajaba en un albergue. «Me mandó una amiga el aviso por Instagram en plan: ahora que estás en casa por qué no te presentas, y lo hice», explicó la (ahora sí) actriz.

El reto no era fácil, un papel que aparece en casi todas las escenas de la serie, con un rango dramático amplio y escenas que costarían hasta a veteranas con mucho curriculum. «Me vi mucho en Laura. Por la edad, por el personaje y también por el momento social que vivimos. Yo fui madre a los 29, que tampoco es que fuera adolescente, pero sí joven. Trabajo fijo, igual ya no puedes Tomé esa decisión de manera un poco impulsiva y sin tener para nada la vida resuelta», dice.

Boga asegura que ha tomado prestado de Laura «cierto grado de violencia física: los sobresaltos, las respuestas impulsivas del cuerpo». Para el personaje, tuvo que aprender algo de catalán, frases en alemán y otra cosa nada fácil, a rodar con niños, todos los bebés que hacían de su pequeño Mario. «Al final, ves que los niños no están para hacer lo que tú quieres, sino que tú tienes que están fluyendo con lo que los niños te dan». Eso podría decirlo también su personaje, y casi cualquiera que esté criando.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba