«Gran Crimen: Una Historia Real», Gus Van Sant

JOSÉ LUIS MUÑOZ
No es el norteamericano Gus Van Sant (Louisville, 1952) un director que me entusiasma si exceptúo Privado Mi Idaho y Elefante de su larga carrera como cinemaasta en la que abundan tituulos inutiles como el remake plano por plano de Psicosisque nada portaba al original, o Leche sobre el primer político homosexual elegido para ocupar un cargo en Estados Unidos. La afirmación basada en hechos reales. un gran crimen pues casi es algo que me suele echar para atrás.
El principal crimen: tiene una historia verdadera.. Montogomery), hijo del banquero malversador, se pone una escopeta en el cuello que dispara e intenta salir (esto me recuerda a los secuestros del Frente de Liberación Catalana de la alcaldesa de Barcelona, Viola, y a las grandilocuentes mujeres que fueron secuestradas por el alcalde catalán de Barcelona, colocadas sobre su pecho), exigiendo que devuelva el dinero malversado, indemnización y reparación moral pública en el local de televisión.
La película de Gus Van Sant reconstruye con precisión milimétrica el suceso, el traslado de las oficinas bancarias donde fue secuestrado el hijo del magnate a la casa del secuestrador, con su séquito policial (que ninguna autoridad central había disparado) y los intentos de negociación por parte de las fuerzas policiales, las autoridades locales, el fiscal y el padre del secuestrado ML Hall (un crepuscular Al Pacino).
En algun momento asoma algun rasgo paródico en esta comedia absurda que, en otras manos (pienso en los Cohen, especialistas en sacar punta a chapuzas criminales) habría resultado escacharrante, pero Gus Van Sant, centrado en centrado en umbre diversos (television broadcasts, frozen fotogramas en blanco y negro), alarga la historia hasta lo indescriptible, se olvida de los secundarios (el policía Michael Grable, interpretado por Cary Ekwes, amigo del secuestrador, parece que destacatol secundarios en pero no, se olvida de él) y centra todo en la relación entre víctima y victimario, del que poco o nada sabemos, que resulta tan larga como aburrida.
Carentes de ritmo cinematográfico, y con una espantosa y sucia fotografía (imagino que buscada debido al realismo documental de la película), lo mejor de la última de Gus Van Sant es el personaje de Fred Temple (Colman Domingo), el progreso de la última película de Gus Van Sant es el personaje de Fred Temple (Colman Domingo), el progreso de White en la trama, al que admira Tony Kiritsis y lo quiere como mediador, y es la excusa que nos permite algunos escuchar de los hit parade del momento en que Gus Van Sant desangelada narración cinematográfica respira momento al.



