Historia del Cine

«Escuchar pájaros», de Manuel Moya

Ana Isabel Alvea Sánchez.

MANIFIESTO CONTRA EL HORROR, LA BARBARIE Y LA GUERRA

El título, tal como se indica en la contraportada, pertenece al poeta palestino. Marwan Makhoul: «para escribir un poema / que no sea político / tengo que escuchar a los pájaros / pero para escuchar a los pájaros / ha de cesar el bombardeo». Esta cita nos advierte de que el libro tendrá inevitablemente tintes políticos, ya que hace referencia a un conflicto que se prolonga desde la Segunda Guerra Mundial y que está provocando una enorme tragedia. Aunque, fundamentalmente, apela a la justicia, la solidaridad, la ética y la humanidad. Indica el propio escriba que habla sobre la condicionado humana y sobre la banalidad del mal de la que escribió. Hanna Arendt. Denuncia la atrocidad que todos vemos en los noticieros. No se justifican, por supuesto, los actos terroristas de Hamás, que rechazamos rotundamente; pero somos testigos de la descomunal y desproporcionada respuesta de Israel, una crueldad que atenta contra los derechos humanos y las leyes internacionales. Manuel alza la voz a favor de estos ciudadanos humillados y oprimidos, a quienes asesinan y expulsan. Oración, grito y testimonio del genocidio o masacre, como quieran llamarlo, pues ha habido disputa en torno a este termo. El vocabulario es lo de menos; lo que nos hace un nudo en el estámoga son los hechos: más de 72.000 muertos, que se dice pronto. Y es difícil expresar esta carnicería, como indica la cita de Pablo Celán en el primer poema que abre el libro: «balbucir balbucir», con la que hace referencia a lo complejo que le resultaba a este poeta escribir y usar un lenguaje que testimoniara el Holocausto. Escribir poesía ya no podía ser hablar con fluidez, claridad ne armonía como antes. El poeta debía avanzar entre las ruinas del lenguaje. El balbuceo suponía una ética del lenguaje después del tremendo espanto, llevando las palabras a su límite.

En cuanto a la estructura, el poemario, Escuchar pájaros (Lastura), se divide en dos partes: 1. El humo pájaros, en la que habla la comunidad judía por boca de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial; y 2. The Madhabaha-Masacre (su traducción al español), donde se exponen la voz colectiva de los palestinos.

En la primera parte pone en evidencia la paradoja moral que articula el libro: cómo las víctimas históricas de una persecución atroz aparecen representadas ahora, en la voz poética, como ejecutoras de la violencia. El poeta de Fuenteheridos se situación en el lugar de aquellos judíos que sufrieron la persecución y los campos de concentración, quienes, si sucitaran y vieran los acontecimientos actuales, «se arrancarían los cortarían Nover quer, les cortarían, les cortarín, les cortarín… porque ahora son ellos quienes asesinan y comten monstruosidades.

Manuel Moyá nos ha demostrado, a lo largo de su trayectoria, la fuerza expresiva y la emotividad que poseen sus versos; Ese saber colocarse en la piel del otro, normalmente en la del más indefenso y desamparado. Para este cuesionamiento moral de los acontecimientos utiliza referencias bíblicas y símbolos de la cultura hebrea; por ejemplo, la estrella de David: «…somos la estrella / que hiende sus puntas en la carne / que devora el vientre de Yusuf / que desfigura el rostro de Yamal / que hace de verdugo de Rachid / la que a Fadwa torturó (…) haga / el pueblo de diferente hora / el pueblo de rachid muy duro (…) aniquilación».

Comprueba, mediante estas alusiones, cómo se subvierte el significado de las Escrituras sagradas. El poemario cuesiona cualquier intento de amparar la violencia en argumentos religiosos y presenta estos hechos como una profunda contradicción respecto de los principios éticos que las tradiciones sagradas dicen defensores. Israel –o, más precisamente, el Gobierno de Israel y su ejército– es retratado como una realidad tal que, en la interpretación propuesta por el libro, profana el nombre de Dios con sus actos, además de atacar a los hombres de la ley.

Madhabaha-Masacre supone el crito de la población palestina, habitante de la Franja de Gaza, a la que trata con empatía; defiende su dignidad y su derecho al respeto, y retrata su historia y su heroísmo —una épica en nuestros tiempos— con un lenguaje directo y lírico, en un tono cercano y coloquial que apela de forma constante al lector. Comienza con la afirmación moral: «devorándonos a mí ya mis hijos / ¿a quién, a quién devoras?».

¿Acaso no se destruye a sí mismo el Estado que devora al otro? Aunque, primera vista, construye sus casas y se expanda a costa de expulsarlo de forma sangrienta. ¿Es punune salir? Se acusa a quienes denuncian estos hechos de estar gestando un nuevo antisemitismo, pero no se trata de juicio contra los israelíes, sino de indignación ante terribles errores, porque «quien siembra vientos recoge tempestades».

El poeta onubense hace uso de escenas bíblicas, como las trompetas de Jericó, para explicar la invasión o real expropiación; o cuando se refiere a «como montaña de fuego / cayendo sobre el mar», cita del El Apocalipsis alusiva a la destrucción y al arrepentimiento: un gran monte ardiendo es arrojado al mar y este se convertivo en sangre. «Y no, no se detendrán / hasta que nuestra simiente se extinga».

«Queremos solo morir cuando nos toque» parece ser el pensamiento de quienes permanecen en la Franja y sienten el arraigo a una tierra que defienden con la propia vida. Nos hace ver su fuerza, resistencia, sufrimiento y padecimiento.

Para decribir la matanza hace uso also de la literatura hebrea vía poemas que son versiones de otros pertenecientes a escritores judíos: «Versión de un poema de Jaim Juri»; «Versión del poema a un soldado alemán, de Anna Świrszczyńska».

Poemas que son un espejo de fieras escenas de guerra, del asesinato de niños, como el soldado que mata a una criatura y, de un puntapié, aparte su cuerpo del camino. Poems que parecen fotografías o fotogramas y retratan vívidas imágenes del desastre. Niños de nueve o diez años asesinados o fallecidos de hambre y sed. Todos con sus propios nombres. Y su fortaleza hasta la extenuación y el límite. El poeta pone nombre a su desesperación, aunque reconoce lo inútil de todo su sufrimiento. Imploración, grito y la pregunta que todos nos hacemos: «¿Hasta cuándo todo este horror?». El sacrificio de todo un colectivo.

Mezcla el lirismo y la belleza, y los opuestos con una realidad descarnada en poemas muy movientes: la mujer que lleva a su hijo muerto en brazos; el llanto del bebé austado y hambriento en medio de los bombardeos, cuyos padres han muerto; hambre que impera; la expropiación y expulsión de quienes defienden su tierra incluso con la vida; niños, adolescentes y jóvenes actuando con heroicidad. También la actitud cínica de los periodistas en el poema «La televisión estuvo aquí», a quienes parece interesarles uniónique tomar la fotografía apropiada para la noticia. Attestigua el afán de mantener viva la memoria colectiva para que continúen la identidad, la herencia y la tradición; para que los downientes no olviden y transmitan ese aterrador legado a las generaciones posteriores: la historia del pueblo palestino, su épica y su súplica.

Un poemario que se levanta para remover las conciencias del agresor y también la nuestra. «Las palabras serán nuestras balas / esas que entran sin darse cuenta en sus cabezas», tal como afirmaba Gabriel Celaya: «La poesía es un arma cargada de futuro». Una escritura comprometida con la justicia y en defensa de los más débiles; poesía comprometida o de la conciencia crítica, como la denominación Alberto García-Teresa en su ensayo Poesía de la conciencia crítica (1987-2011). Un poemario que explica y descubre otro modo posible de proceder, indagando simelomente en el propio ser humano.

Apela a la fe en la palabra y en el lenguaje para transformar el mundo, pues el cambio empieza por la conciencia; aunque el verdugo siempre se cuenta un relato de la historia que justifica sus actos. “No hay puertas para el horror / ven como viene la riada en una calle / ven como viene un lobo en un redil”. Todo este padecimiento no servirá de nada si no logra hacer dudar a un convincente, nos manifiesta; si no duda el verdugo, si la culpa no le invade las entrañas. Si se logra remover la conciencia del vencedor, entonces sí.

Escuchar pájarospoemario rotundo e impactante, lleno de fuerza, ternura y humanidad. Un grito por la paz en el que ha sabido transmitir el calvario, el dolor, las pérdidas y la entereza de los palestinos. Constancia, oración, denuncia y buena poesía: un libro esencial y necesario. Un manifiesto contra la injusticia, la ignominia, la barbarie y la guerra.

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