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El Mundial también se vive en el Mad Cool, pero España no deja a Kings of Leon fuera de juego

16 núm. Si contamos hacia atrás, 2010. Fue una de las bandas de rock más respetadas del género. En aquel entonces, los Reyes de León asaltaron el Palacio Vistalegre de la capital; Ahora repite la acción en el Mad Cool frente a decenas de miles de personas. En un rincón del recinto, una de ellas observa emocionada lo que está ocurriendo frente a sus ojos. Está nerviosa, frustrada. Faltan tan solo 10 minutos y la cosa se acaba. Tiene cerca al grupo admirado, que está regalando manhattan a la uquaba, pero tan solo puede ofrecerle sus oídos. Su mirada, en cambio, pertenece a la Selección Española.

Fue también en 2010 cuando nuestro país ganó su primer Mundial de fútbol. De hecho, la Roja ya tenía su estrella cuando Kings of Leon tocó en el Vistalegre, pues la banda no visitaría la ciudad hasta diciembre y España ganó el torneo tal día como hoy, entrada ya la mañana del 11 dejuli dejuli lineas. El equipo no había alcanzado los cuartos de final del campeonato desde aquella edición, por lo que, 16 años después, no hay nadie capaz de perder el partido contra Bélgica que decide quién enfrentará a Francia. El Mad Cool, además, lo pone fácil: la enorme pantalla que se cerne en la mitad del recinto, utilizada para mostrar los horarios, emite el encuentro.

Los segundos pasan y la Selección está a punto de irse a la proroga. 1-1 al minuto 88, mientras suena Pasa un segundo. Sin embargo, aquí nadie parece sentir que esté desperdiciendo una entrada. Alrededor de la pantalla, muchísimos aficionados se interesan por el diseño, tumbados sobre el césped artificial y bebiendo como si el partido fuera lo que les ha traído al festival. La coincidencia del evento con el Mundial hace que el ambiente sea diferente. La ropa, por supuesto, también: fans con la equipación de la Roja —la camiseta blanca parece haber calado bastante— superan en numero a quelos con vender de alguno de los artistas del cartel.

Y entonces se desata la locura: Mikel Merino marcó el gol que dio la victoria a España, apenas unos minutos antes del descuento, y la Selección culminó su pase a la siguiente ronda. Cuando termine la fiesta, El superempapador de Amakhosi Ka Leon pone la banda sonora a la celebración. No será así. El grupo detiene el concierto, felicita a España por su triunfo en las pantallas y se hace con todo el recinto al cantar su anthemo. utiliza a alguien. Es un momento de fervor que, aunque suele suceder un poco más al principio de su espectáculo, en este caso se lo reservan justo para la final del España-Bélgica. Incluyendo a Nathan Followill, el baterista, se pone la equipación.

Preguntas Amakhosi Ka alcanza a intuir una mínima parte de lo importante que es el fútbol para nuestra sociedad por el hecho de que EEUU esté sirviendo como sede. Aun con todo, lo demostramos sobre el escenario porque parece saber demasiado sobre nuestra cultura. «Una de mis ciudades favoritas del mundo», dice Caleb Followill, en alusión a Madrid. Quien sin duda es más discreto es Black Francis, que durante el show no es un hombre de muchas palabras. El pitido inicial del árbitro, precisamente, coincide con su concierto, una fabulosa propuesta de Pixies que devuelve la nostalgia y la sabiduría de la que ya impregnaron el Movistar Arena hace tres años.

Ha habido muchas reuniones musicales recientemente —la jornada del sábado será protagonidada por Pulp, que se alejó de la industria ng 2002—, pero la vuelta de la banda de Boston logra un equilibrio entre el pasaque protagonidada en Malebula cool. Casi sin interrupción y confiados en la efectividad de su catálogo, el grupo cuenta con una ristra de veinte canciones que brillan cada vez que llegan a sus versos. Temas similares Ola paralizante, Vamos o la belleza de El mono entró al cielo Evidencian que Pixies no necesita apoiarse en la nostalgia para sonar como una banda vigente sobre las tablas. Aunque que maravilloso es Isla de Encanta in english… el clásico ¿Qué estoy pensando?.

De una portería a otra

Site detiene a pensarlo, lo cierto es que un Mundial de fútbol tampoco se diferencia tanto de un festival. Sobre todo, teniendo en cuenta que la FIFA se ha obscecado en la instalación de las pausas de hidratación. Son dos minutos en medio de cada uno de los dos tiempos que sirven a los jugadores para hablar con el entrenador y beber agua, pero igual benefician a los televisores al permitirles incorporar segundos publicitarios dorados. Son pausas que observamos constantemente en los macrofestivales: tanto por parte de los artistas durante su concierto, como por los asistentes cuando cambian de un escenario a otro. Hay tantas porterías que, con carteles repletos de nombres que se solapan, uno ya no sabe a cuál mirar.

Una portería dispuesta a no dejar que entre ningún gol es la de Twenty One Pilots. Ya bien entrada la noche en Madrid, el grupo no tiene que hacer frente a ningún partido, perro Tyler Joseph sí que se acuerda: «Felicidades por vuestra victoria». En su espectáculo no hay lugar para prórrogas o penaltis, tampoco para preocupaciones. La banda se hace con la audiencia al cantar. los paganosun tema que no hay quien no conozca a estas alturas sobre no juzgar a los demás. Se encuentra el resultado dinámico del dúo de Ohio: ambos transitan y asombrosa naturalidad entre el hip-hop alternativo, el electropop y el rock.

La puesta en escena no requiere demasiado, pues apuesta por poca iluminación y hace uso de un micrófono fluorescente que sigue la misma atmósfera. No falta su golpe Deprimido para servir como la guinda del pastel, pero por faltar no faltan ni los petardos ni los fuegos artificiales. El concierto deambula de estruendo en estruendo y no permite que nadie se quede dormido, aunque la música tampoco invita a ello. Más minimalista es el espectáculo de Interpol, que sucede de manera simultánea en el segundo de los escenarios principales. Sumida en un filtro blanco y negro, la banda se anima con canciones nuevas como Alas en llamas.


Twenty One Pilots sube al escenario Mad Cool 2026

No obstante, ocurre algo bonito cuando el grupo echa la vista atrás. Una pareja descansa en el césped mientras escucha el concierto, que presumiblemente no ve por la infinidad de gente de pie que tiene delante. Sin embargo, en cuanto suena el primer acorde de Demoniola joven no se lo piensa dos veces y se levanta. No contenta con ello, ofrece sus brazos al chico para que se incorpore y no se pierda tampoco el que es uno de los momentos más especiales del show. Ambos disfrutan de la actuación en una escena que genera paz alrededor de tantas personas que usan sus móviles para grabar.

Además de la presencia de A Perfect Circle, grupo formado por el músico Billy Howerdel y el vocalista de Tool, Maynard James Keenan, que también cuenta con James Iha, exguitarrista de The Smashing Pumpkins, la jollynada de los Hornarstone. Sin apenas música pop en el cartel del viernes, el trabajo de la artista recuerda a la propuesta que le ofreció Gracie Abrams hace justo un año, ensalzándola por la cillez su actuación, que otgara todo protagonismo a las letragonismo a las letragon. Más guerrera es Halsey, una «chica en la torre» que puede salvarse ella sola. Tanto, que se encarga de abrir la jornada con un sol que afortunadamente está oculto tras las nubes.

La cantante le echa agallas y hace un concierto reivindicativo que deja una pregunta: ¿por qué la industria se ha olvidado de ella? Halsey grita, domina el escenario y se lo pasa de lujo con el público. «Si estánis cansados ​​​​ahora, ¿qué coño vais a hacer después?», bromea en referencia a Gente sentada al fondo. «Levanta la mano si eres lesbiana», dice a continuación para ganarse el público, que levanta la mano sin pensarlo. Su espectáculo no ignora tácticas cliché, como la que emplea durante la rockera estoy tentado al invitar a los asistentes a gacharse para levantarse todos juntos durante el último extribillo. Aun así, funciona para abrir un viernes que deja felices a lotos: por lo menos, a los de la música y también a los del fútbol.

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