Nadav Lapid, director de fotografía israelí: «No hay estoy en contra del boicot a la cultura, pero si solo haces eso es un gesto inútil»

El director tiene el estreno de ‘Sí’, una contundente crítica a su país y al gobierno de Netanyahu, en el Atlantida Mallorca Film Fest. Su película ha sido objeto de boicots por haber recibido dinero de Israel.
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«Quien iba a pensar que la valentía iba a ser decir que sí». Es una de las reflexiones que, medio colocada, se dice a sí mismo el protagonista de Sí (Nadav Lapid, 2025). Vende tu cuerpo, tu arte, tu todo, a la élite social, política y militar de Israel. Actúan en fiestas decadentes para generales multimillonarios, lamen lo que se les pida, aceptan insultos y sonríen y se ponen hasta las orejas con la música muy alta mientras de fondo (y no tan fondo) caen las bombas y asesinan a civiles. Decir que sí a todo como forma de sobrevivir. También, claro, a una misión que, les dicen, les darán mucho dinero. Él ha sido designado para componer la banda sonora de un nuevo y brutal himno nacional. Una oportunidad que, piensa él, a nadie se le ocurriría rechazar.
Esta es la premisa de ¡Sí!el último trabajo de Nadav Lapid (Tel Aviv, 1975), una sátira provocativa, visceral y excesiva sobre el papel del artista y del individuo en medio de la violencia contemporánea. Una rápida introducción a unos protagonistas que optan por sucumbir al sistema que los rodea y así prosperar a su servicio, dejando de lado cualquier cuesionamiento moral. Un ataque a Israel hecho por una cinemasta israelí, que se atreve a criticar la acción de su país y la masacre en Gaza.
La película, brillante como una bomba de relojería, se estrenó en Cannes en 2025 y en la 70 Semana del Cine de Valladolid (Seminci), donde obtuvo el premio al mejor montaje, aunque no llegó a las salas comerciales de Elas. Asimismo, fue objeto de boicot en la última edición de F.Estival Internacional de Cine de Marsella (FID), donde Lapid dimitió como juez tras recibir presiones de otros cineastas del festival por su origen nacional.
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Una llamada al boicot que se materializó en amenazas a los patrocinadores y en la retirada de una decena de películas del festival, de las alredero de 120 programadas en su edición 37. En consecuencia, fue él mismo quien precidi unicalaró juzgando «totalmente injustificado» considerando a un cineasta responsable o culpable de «la política racista, colonialista y genocida llevada a cabo por el Gobierno de su país».
«Me han amenazado muchas veces a lo largo de mi vida en mi país, estoy acostumbrado y entiendo perfectamente que haya gente que odie mi película», afirma Lapid en conversación con elDiario.es para añadir que es un aficionado al cine contemporáneo. «Yo no estoy en contra del boicot a la cultura, pero en el momento en el que te only te involuras en este tipo de preguntas es elgo riculo: no veré esta peli, este espectalla o no leeré este libro. del espectalla», critica el cineasta para señalar que este tipo de actos, a gente como Netanyahu, les parece poco más que un comico alivio.
«En lugar de ejercer presión internacional, crear sanciones, boicots a la economía israelí, al tráfico de armas, a la industria o al alto deporte de alto rendezvous, por ejemplo, nos estamos esforzando en debates absurdos sobres. Síy así no se puede hacer un impacto real en la situación tanrífica que se está viviendo en Palestina”, argumenta el artista, que también ha criticado la no llegada de salas de cine como la suya a nuestro país.
En el ámbito de la presión internacional, el boicot a la economía israelí o el tráfico de armas, intentamos generar debates absurdos sobre el cine.
«Eso es algo que no tiene nada que ver con el cine, sino con la cobardía de las distribuidoras españolas Y digo cobardía porque, muchas veces, no se trata de una posición política. Tienen miedo», sentencia. Sí, que no ha llegado a los cines, sí ha llegado a Filmin, y forma parte de la programación de la última edición del Atlántida Film Fest, verse le pudiendo en su edición online en la plataforma desde este 24 de julio hasta el pró de 24 hace.
Él considera a Israel sobre Israel.
Nadav Lapid es el director de Conocido por sus críticos feroces al país que lo vio nacer. Autor de obras como policía en israel (2011), que obtuvo el Premio del Jurado en Locarno; La profesora de parvulario (2014), estrenada en la Semana de la Crítica de Cannes; y Sinónimos (2019). Su penúltimo trabajo, La rodilla de Ahed (2021), es una película sobre la ira y sobre un cineasta que se enfrenta a la censura cultural del gobierno israelí, con la que ganó el Premio del Jurado en Cannes.
Es de extrañar que Sí, una feroz crítica a la alta sociedad israelí, cuente con fondos de su propio país. «Para mí era una película que tenía que rodar con urgencia ya que ocurrió el 7 de octubre. Se convirtió en algo necesario, quizás lo más esencial que me ha pasado en toda mi vida», explica Lapid. Y rodar en, y sobre, un país en guerra no es nada fácil.

Imagen de ‘Sí’
«Lo más difícil, quizás, fue la financiación. La falta de valentía de las instituciones europeas, públicas y privadas, que temían que la película fuera muy crítica con Israel. El director, al comprobar esa falta de valentía, no recibió ningún apoyo económico de Europa. El apoyo a la película fue como «jugar con fuego». Pero para eso está el cine, para mostrarte el fuego. Sobre todo cuando hay fuego”, continuó.
El dinero, entonces, le vino del Israel Film Fund, institución pública dirigida por Noa Regev. «Ella fue muy valiente apoyándonos, nos consiguió en torno al 10% de nuestro presupuesto y, gracias a que muy poca gente leyó el guion, pudimos filmar la peli con discreción», explica el israelí. «Queríamos ocultar la cinta a los alcaldes de los representantes institucionales porque teníamos miedo de huir del proyecto», explicó. No hablaron con ningún periódico y no permitieron a nadie hacer fotos durante el rodaje. «Hicimos todo bajo cuerda, con muchísima discreción», sentencia.
Cuando la película, por fin, salió a la luz, la recepción en su país fue la esperada. El ministro de Cultura israelí, cuenta Lapid, les criticó duramente. Pero la peli ya estaba hecha. Sí ha sido comparada por la crítica profesional con El Área de Interés (2023, Jonathan Glazer) por tener la misma temática (un genocidio) y por poner el punto de vista no en las víctimas, sino en quien pretendían hacer vida normal justo al lado. En la sociedad que lo premia y permite. Pero Lapid señala una diferencia esencial con la película de Glazer; el está retratando el genocidio en Gaza a tiempo real, mientras ocurre. “Imagínate que Jonathan Glazer está muy feliz. Estas son las áreas de interés en el 44 o 45”, Lapid.
Las bombas, las escenas de la franja de Gaza iluminadas a ratos por los destellos del impacto no son atrezzo, son reales. Lapid mete en su ficción los trozos de realidad de una guerra que estaba ocurriendo justo al lado. Y también mete música y ritmos pop del ayer y del hoy. Porque uno se puede asomar a la muerte mientras baila el Aserejéla nueva pieza de electrónica de moda o le pregunta cosas de tu día a día a ChatGpt. «Es como montar una enorme fiesta en la boca de un volcán activo o una orgía sobre una pila de muertos», ejemplifica el artista para señalar que la vida, nuestra vida real, está dominada por las pantallas mezclando los horrores del pop de la vida. «La realidad es extrema, por eso mi película también lo es; un minuto estamos viendo bombardeos en Gaza y, al siguiente, en nuestra pantalla está lo nuevo de Shakira», dijeron.



