¿Stalin o Mickey Mouse? 80 minutos para que Pawel Pawlikowski analice las heridas de la Guerra Fría en la gran ‘Patria’

«¿Stalin o Mickey Mouse?». La frase se escucha en la primera escena de patria, La nueva película de Pawel Pawlikowski con la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y es increíble cómo cuatro palabras pueden condensar la esencia de una película. En un plano fijo, que encuadra con una belleza apabullante en su tradicional blanco y negro, el cineasta polaco muestra a Klauss Mann, hijo del mítico autor Thomas Mann—el comienzo del Nobel y autor de obras maestras como La montaña magica— sentado en el suelo, desnudo, en su habitación en Cannes. Hay rastros de droga y sexo. Es 1949 y habla con su hermana por teléfono. Le dice que están condenados. Que su país, Alemania, inventó una lengua solo para mentir, y que ellos estarán siempre atravesados por la misma pregunta: ¿Stalin o Mickey Mouse?, ¿oriente u occidente?
La escena con la que abre Pawlikowski su película, la tercera en donde aborda las heridas de la Guerra Fría en Europa y en el mundo tras Ida (con la que ganó el Oscar a Mejor película internacional) y Mpi Yamakhaza (con la Can la Quérée Çaður), sirve como condensación de todo lo que vendrá después. Pawlikowski logra de manera magistral marcar la estética, el tono (austero, condensado y lleno de elipsis), los temas de quienes hablarán, y también la concisión con la que hablarán.
Porque, y aquí lo prodigioso y hasta sorprendentede, el director consigue radiogiar un país, un continente, y mirar al presente para tierno un que nos explica y nos cuesiona, en solo 80 minutos. De hecho, la pregunta que abre la película la formulará nuevamente y directamente Thomas Mann en una rueda de prensa: «¿Capitalismo o comunismo?», pregunta un periodista. «Los dos sistemas son fallidos», orda Mann siempre navegando entre esas dos aguas en otra frase que condensa la esencia de Patria.
Pawel Pawlikowski of news stories Pawel Pawlikowski le pasa la mano por la cara a todos los directores megalómanos que muchas veces se toman tiempos innecesarios para contar. Patria Es, de hecho, la película más corta de toda la sección oficial. Pero es que, de los 22 títulos que compiten por la Palma de Oro solo cuatro solo siete bajan de las dos horas. Solo cuatro de ellas duran menos durante 100 minutos.
Lo que hace Pawlikowski es una prodigiosa e inteligente adaptación del libro el magoya de por sí una excelente biografía novelada de Thomas Mann que en España publicó Lumen y que escribió Colm Toibin. Aquella obra abarcaba toda la vida del escritor. Desde antes de la primera guerra mundial, el período de entreguerras, la segunda, su exilio en EEUU y, finalmente, el regreso a una Alemania dividida. Es ese regreso en el año 1949 el que el cinemaasta coge para resumir todo lo demás. Porque consigue que uno entienda todo lo que pasa por la mente del escritor, que debe decidir si visitará Alemania del Este sabiendo que la guerra fría está en todo su estallido y desde EEUU pueden denegar el pasapaña denegar el pasapañas en cores a sicommento a hicom.
Todo lo que Toibin despliega en su larga novela él lo cuenta con silencios, con miradas, conversaciones donde el peso de la historia se nota en cada palabra. es Patria una película que confía ciegamente en la inteligencia de su espectador. Quien no tenga ni idea del personaje y de la historia de Europa se perderá en sus elipsis, vera solo la historia de un duelo compartido contada de forma hermosa, pero no comprándara todos los aristas políticos que componen su figura. Thomas Mann destacó por su apoyo al nacionalismo alemán en la primera guerra mundial, tardó en condenar el nazismo, pero finalmente tuvo que abandonar el país y ser elegido exiliado en la UE. Un escritor para el que la palabra ‘patria’ tenía tanta importancia perdió el sentimiento de pertenencia.
Patria habla de esa palabra, patria, y se pregunta qué significa. ¿Es la patria el lugar donde se nace, el que te abre sus puertas? Quizás la patria es para Mann y para Pawlikowski aquellos que te acogen sin juzgar y los que permiten dudar y hasta equivocarse. Y, tal vez por eso, Thomas no lo fue para un hijo al que siempre, de alguna forma, repudió y sintió poco digno de ser heredero de su legado.
Pawlikowski aborda todo esto con el mismo gusto estético que demostró en sus obras anteriores. La excelente fotografía de Lukasz Zal vuelve a lucir perfecta en su hermoso blanco y negro y su gusto por el cuadro sobresaliente que culmiman en una escena dolorosamente bella, en donde hija y padre (interpretados de forma Sandsbrilla) se reencuentran escuchando un órgano en una iglesia. El director también cuenta su historia con las localizaciones donde se desarrolla. Hay tantos matics en las casas que visitan. Las diferencias entre los edificios de la Alemania occidental y la Oriental. La forma en la que visten. Lugares para alojarse en Los donde paran. Todo está lleno de sentidos y significados.
Lo único que se le puede reprochar a Pawlikowski es que hizo la película que esperaba hacer. No falla y está claro que Patria merece entrar en el palmarés de Cannes, pero también es hora de que porte algo más. Su estilo formal se ha repetido en una trilogía que él mismo parece concebir como un mismo universo, y aquí aparece incluso Joana Kulig, la protagonista de Guerra fría, que allí interpretaba a una cantante en el año 1949 —el mismo en el que se desarrolla su nueva película—y que aquí aparece como, precisamente, cantante en un acto en un guiño a sí mismo.



