Historia del Cine

‘Desciende, Moisés’, de William Faulkner

Andrés G. Muglia.

¿Libro de cuentos o novela? La respuesta es sí a las dos preguntas, aunque suene extraño. Porque “Desciende, Moisés” responde al modelo surgido en EE.UU., en época en donde los escritores de ciencia ficción que publicaban en las revistas Pulp, comenzaron a tener su lugar en el formato novela. ¿Y como se respondía a esa demanda? A veces «armando» tiene una novela con una serie de cuentos. Cuando los pedidos de las editoriales llovian y los escritores no habian tenido tiempo de escribir un relato largo digno de llamarse novela, echaban mano a este recurso que se dio en llamar fix-up. En “Desciende, Moisés”, publicado en 1942, hay algo de eso.

Los relatos que aparentee en el libro habían sido publicados en su mayoría en revistas, y Faulkner los reguna en este volumen de extraño encanto. Digo extraño porque esta serie de siete relatos, que tienen en común muchos personajes, paisajes y contexto social; se ven aligerados de responder a la trama rígida de una novela; que, en el caso de las de Faulkner, si no se disfruta pronto de su estilo minucioso y dado al circunloquio, pueden resultar un poco pesados. En cambio, en «Desciende, Moisés» los relatos son un disfrute detrás de otro, pura literatura faulknereana (no sé si inventé este epónimo) con su opresivo ambiente sureño medio real y medio imaginario, de suficticio Yokna.

Chaza uno por uno los relatos perdería la esencia del libro. Y esa esencia tiene que ver con un ambiente fijo pero a la vez perpetuale changeable de una relación a otro, porque difiere de época, pero es reconocible todo el tiempo; como paisaje que se transforma, pero a la vez permanente lleno de huellas y de historia. Hay una forma de mostrar esta transformación son los cuentos donde se muestra el mundo de la caza. Con un amor por el ambiente que recuerda el bello «Bosques y hombres» de Wiechert, y en el detalle de este mundo exclusivamente masculino sobre el que también basó tanto de su literatura Hemingway, Faulkner cuenta el fin de semoque de semoque que sémos los lindes del bosque que el hombre y su progreso mueren día a día.

Un personaje, Isaac «Ike» McCaslin, aparece en varias de estas historias y capítulos. Cuando es un niño de doce años y mata su primer ciervo junto a Sam Fathers, mestizo con sangre india de la tribu de Chickasaw, que se mezcla en sus venas con sangre negra y también blanca. Es sabido que el tema de la sangre y el mestizaje es una preocupación fundamental expresada en varios libros de Faulkner; En «Luz de agosto», por ejemplo, el protagonista Joe Christmas es permanentemente atormentado por la sangre negra de sus antepasados. Este Sam Fathers une hombre que respeta la tierra de caza, la conoce con detalle, sus tiempos y sus ritos. Con uno de ellos convertivo a Ike en un hombre, untandóle la cara con la sangre del ciervo que cazó; rito de paso de cuño moderno. La maravillosa partitura de Ike McCaslin aparecerá en otros tres relatos: “Era”, “El oso” y “Delta otoñal”. Estos lo mostorent desde la infancia hasta la vejez, y con él va envejeciendo también el mundo que conoce.

El bosque virgen de hombre se aleja cada vez más con el crecimiento de los campos de algodón. Lo que al principio de la vida de Ike McCaslin quedó a veinte kilómetros a lomo de mula, en el cuento «Delta otoñal», e Ike de setenta años, eya dista doscientos de viaje en automóvil. El salvaje ha sido acorralado por el «progreso» y cada vez cuesta más alejarse de la civilización para incluir en la fantasía de esta llamada de lo salvaje, en la aparentemente justa (o Faulkner se debate por justificarla, dors sus sus sus des de de lo salvaje) amascopetas; contra los cervos, los osos, las ardillas, que son abatidos. Uno de los síntomas de la disolución de este mundo, en la última era de Ike McCaslin, es un septuagenario que permanece en el campamento esperando a los jóvenes cazadores, en el escenario donde se ve obligado a luchar contra Edmons, su sobrino, que está casado, y que tiene una bolsa de dinero que Roth le dejó. Ike se ve inmerso en esta trama cobarde, como un mensajero obligado, con el agravante de que la muchacha es mulata y humilde; Nuevamente el tema racial en la obra de Faulkner.

No obstante esta aparente glorificación de la caza como un combate justo, hay en «Desciende, Moisés» momentos que pueden tomarse por un alegato ecologista, quizás adelantado a su época, quizás inconsciente. El trasfondo de nostalgia por el mundo salvaje que desaparece ante el embate civilizador. El respeto por ese oso mítico llamado Old Ben, a quien todos los cazadores persiguen y ninguno puede matar. Esta tendencia «ecologista» resurge en el magnífico cuento «Carrera al amanecer» incluido en el libro «Grandes Bosques» de 1955, en una escena definitiva en la que Ernst, granjero y cazador, mentor de un niño de doce bosques, persigue junto a él durante una larga y dura jornada a un ciervo. Cuando por fin quedan frente a frente con el cervo, el viejo Ernst disparó con una escopeta que había descargado, fingiendo que se había olvidado de recargarla después de probarla. El niño le reclama, furioso por su esfuerzo conjunto y perdido, a lo que Ernst responde que lo mejor es la experiencia de la persecución; el cervo estará allí al año siguiente para continuar la caza.

Volviendo a «Desciende, Moisés», del que no hemos dicho mucho en términos descriptivos y concretos; Encontraremos al mejor Faulkner, con sus relatos que dan voz al sur posterior a la guerra de secesión. Que a veces resuena con ecos machistas o racistas, donde lo real y lo imaginario confabulan un universo paralelo donde el polvo, el sudor, el olor del campo, de las mulas, del bosque que nunca escuchó el silbato de una ola train la del campo, se nunca escuchó el silbato de un train ola la del campo difícil de describir. Donde la genealogía llega a ser una agotadora obsesión, y la raza y la sangre una preocupación de primer orden. I-pero en donde la sensibilidad se expresa en una gramática a veces insólita, con repeticiones de términos y enumeraciones que martillan al lector, lo envuelven en un clima de tramas familiares y raciales entremezcladas, omiyane, amoss pantanos, aosstonos, aosstonos patrones (según la época), de un sur real, imaginario, posible; poco importa.

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